viernes, 25 de noviembre de 2016

una mujer apaleada

una mujer apaleada
levanta la boca
que se desprende a trocitos de su cuerpo
negra es su mirada
y también el tono de su sangre

ella dijo: soy mujer
y una furia de titanes cayó sobre su frente
como si Pandora hiciera topless en la arena

los hombres quemaron su latido
arrojaron manzanas a su cuerpo
escupiendo blasfemias heredadas
sobre una boca rota
tatuada de serpientes
cuando se fue la noche
se marcharon
cansados de luchar contra sí mismos
recogieron los platos y el trofeo
que era su vientre incendiado de verdades

bajo la huella del combate
algo se arrastraba por el fango
algo que juntaba sonidos como escamas
como un lagarto
una boca que gatea
reptando la periferia de la historia
amordazado el sexo y la palabra
la boca se desliza
tartamuda
se le escapan las vocales y las eses
son grandes las grietas de sus labios
y su pelo
 
ahogada por la tierra de los siglos
la boca se arrodilla
rezumando la cadencia del poema
aprende a sorber la fuerza de la eme
el ulular severo de fantasmas
los sonidos grasientos de las jotas
que limpian las grietas de sus labios
elegantes
rabiosos

como mujer
la boca se levanta
no rodea su lengua la soga del suicidio
ajena a balbuceos
mastica las palabras que construye
con la elocuencia que emerge de la tierra
con las frases aprendidas de Calíope
la boca carraspea
la espera es tan valiente
que se llena de versos
de verdades como puños
esta boca que boxea tempestades
que aúlla libertades
que habla

Nieves Pérez Cejas
De “El invierno más largo”

Premio Internacional de Poesía Luis Feria 2015