viernes, 11 de marzo de 2016

Enemigo de dios

Hashem Shaabani
(Hashem Shaabani, poeta iraní, ejecutado 
por ser “enemigo de Dios”, en enero de 2014)


Paréntesis sobre los versos
la palabra acallada:
enemigo de Dios.

Y dios callado.
Condenan quienes hablan en su nombre
cínicos mensajeros del infierno
que no callan ni ocultan bajo el templo
su mísero desprecio
hacia el mortal esmero
de vivir en verso o vivir sin velo.

Eduardo Merino
(del libro Edad propia (o libro de las incertidumbres) )

Amanece

Amanece, en la ciudad.

Y mil ríos
de pequeños corazones van
del hogar a la tarea.
Los lechos aún calientes
guardan la huella de los sueños.

Amanece, y mil ríos
acuden hacia el centro,
inundan las aceras, los andenes, las autovías.
Adormilados, perezosos, se agitan
con sus pequeñas esperanzas y miedos,
envueltos en la cálida rutina

Amanece en la ciudad.
Es Madrid.
La primavera se acerca.

Un río de pequeñas vidas se desplaza,
con el recuerdo pegado a la piel,
los planes de la tarde, la preocupación por el mañana.
Los ojos despreocupados
miran otros rostros anónimos

Amanece,
es Madrid, es día once,
es marzo, la primavera
se acerca...


Ellos,
los que viven de la muerte,
los vampiros de sangre humana,
malditos sean
los que matan en nombre de Dios,
de las patrias y del pueblo
Maltidos mil veces
malditos

que la paz
nunca anide en sus corazones,
que sus almas
sean cada instante una pesadilla,
que jamás
alcancen el descanso

José Rodríguez Escobar                                                                                  

miércoles, 9 de marzo de 2016

Salutación

Yo soy el camino por el que mis pasos transcurren
Soy el aliento que sale de tu boca
Soy el árbol desnudo que abre sus brazos
en la mañana helada.

sábado, 5 de marzo de 2016

La amistad

El que en tus horas tristes
te consuela;
el que te da la mano
en tu caída;
el que te ayuda generoso
en las miserias de la vida
y solo pide a cambio
tu amistad sincera...

¡Ese es tu amigo,
el verdadero hermano!

Nada le niegues que te pida:
si complacerlo no pudieras,
dale, al menos, el calor
amistoso de un abrazo
y la alegre paz de tu sonrisa.

José Carranco Romero
Las Navas de la Concepción (1990)