sábado, 26 de septiembre de 2015

V Edición del Certamen de Poesía Navideña Leopoldo Guzmán Álvarez


“Y el propio Dios que quiso regalarse
el mejor de todos los regalos,
y diose así una madre,
para sí mismo”

Andrés Gótor de Astorza 

“Me conformo con pensar que no es posible la idea
de la muerte la noche de Nochebuena”

Flora Jordán Ortiz

Recién estrenado el otoño 2015 es el momento de ir orientando nuestro vuelo hacia el broche festivo que ponen las navidades al año 2015, y que, más pronto que tarde, comenzarán a poblar las calles y comercios de todos los pueblos y ciudades,  a la vez que a inundar los corazones de la gente con sentimientos de paz, amor, respeto,  solidaridad… En ALAS, el timón que dirige nuestra travesía nos coloca a las puertas de la V Edición del Certamen de Poesía Navideña Leopoldo Guzmán Álvarez de Alanís, cuyas bases son:


BASES

viernes, 11 de septiembre de 2015

Un poema de Federico Serradilla, que cumple 84 años. Felicidades Maestro.

Vejez reflexiva.
(84 aniversario)

I

Era casi un niño
desde su Alanís querido
cargó con su vieja maleta,
ya de fondo carcomido,
que llenó de libros, sueños e ilusiones
y empezó a caminar por la vida
repletos de nuevo aire sus pulmones.
Dejaba atrás, sin saberlo,
los mejores años de su vida.
Avanzaba hacia la gran ciudad
iluminados los ojos
de donde leves gotas cristalinas
dejaba caer sin enojo
por su piel pecosa y fina.
Sentía tan hondo
el fraternal cariño de su familia...
y esos años vividos
soñando con ofrecer a ellos
su trabajo y sus logros conseguidos.
Despertó de su letargo apasionado
al anunciar su entrada a Sevilla
un frenético zumbar de locomotora
por aquella estación de maravilla.

II

Hoy, hora seis de madrugada,
he cumplido ochenta y cuatro
en una nueva alborada.
¡Qué historia tan larga ya!
Mas aún sigo soñando,
dormido muy de verdad,
como en los primeros años
de mi lucha en la ciudad:
Trabajar en algún empleo,
mis anhelos por estudiar
para no volver al pueblo
y mis sueños reclinar,
cual payaso de sueños rotos,
fracasado, sin estudios y sin ajuar.

III

Ahora, en este remanso de paz,
conseguido casi todo,
cuando llega el despertar
¡que alegría tan infinita!
solo han sido pesadillas
de aquellos primeros años
en esta difícil Sevilla
de tan duro caminar.
El circunloquio termino
recordando la gran verdad:
que creyendo cuanto se
es miseria lo que valgo
pues sigo sin nada saber .


Federico Serradilla


Sevilla 4 septiembre 2015

domingo, 6 de septiembre de 2015

Dos poemas de Eduardo Merino





Poema con hortalizas
(Antonio Parrón y Mari vienen a Madrid con
la huerta a cuestas, para oírme en la
presentación de mi libro Reunión. Para ellos dos)

Llegó la huerta hasta mi casa.
Llegaron los pimientos y tomates
y los primeros membrillos otoñales.
Y se llenó mi casa de amistad
y del humano abrazo que traía
la raíz inmejorable de la vida.

Llegaron mis amigos
con el sabor primitivo de las cosas
y los cestos repletos con los surcos
de su labor escrita con la tierra
y con la hondura de su rama
asida a la palabra humilde.

Vino su compañía hasta mis versos
para que yo supiera
del aire de su sierra.

Vino Antonio y vino Mari.
Llegaron con la palabra sencilla-
mente profunda de mi pueblo
a emocionar con el verbo de la fruta
mi corazón que ensancha
como la edad del hombre
que amanece arropado en la alegría.


Poema con gorriones
(Tras pasar un fin de semana en Piedrabuena
con Paco Caro y Mari Carmen; y tras volver a
leer el poema Pájaros y sacos, de J. Margarit)


Me acogen en su casa dos amigos
y en su patio lleno de luz y verde
se refugian juntas la voz
sincera y amable del poeta
que allí esgrime su quehacer certero
y las voces revoltosas y secas
de una alocada bandada de pájaros
que hacen nido en el alto
ciprés del tiempo.

Juntas se hacen compañía
y juntas son la azada
que empuja a las palabras
a repoblar con riesgo
el mundo de significados.

Hay horas en la vida
en que un hospitalario patio
y una casa de pueblo con amigos
y un puñado de versos
y la densa niebla de los gorriones
llenan al amparo de la amistad
el forjado para el refugio
de una breve felicidad
generosa y profunda.

Eduardo Merino