martes, 13 de enero de 2015

Soliloquio sobre la conciencia (Leyendo a Eduard Punset)

Para que ocurran actos tan inexplicables que atentan contra la vida o los intereses del prójimo, parece ser, según algunos científicos en la materia, que el inconsciente está dominando en ese momento al consciente, o lo que es igual a la conciencia. Quizás la
explicación puede estar en que el ser humano no puede elegir sus genes ni sus experiencias durante la infancia, que tanto influye en la formación de su cerebro. ¿Es el autor de una acción irresponsable, realmente culpable? No dudo que sí y que la Justicia Constitucional ha de caer sobre el ejecutor del daño, pero, ¿hasta cuando habrá de esperarse para que la Ciencia resuelva este gravísimo problema? Este modesto pensante cree que si para que se manifiesten cambios fundamentales en los seres humanos han debido de pasar miles de años, ¿llegará alguna generación futura a conocer el dominio de la conciencia sobre el subconsciente? Creo que ni el más optimista será capaz de señalar fecha para ese venturoso acontecimiento.

Tras leer a científicos sobre la materia, ahora, en plena vejez, estoy convencido que cuando causé algún dolor, era producido por el inconsciente mientras yo solo condenaba a mi conciencia, teniendo en cuenta que sobre esta sí tengo libre albedrío.
Cuán inmenso agradecimiento he de tener a mis genes y a cuanto me rodeó en mi infancia por haberme librado de haber cometido algún hecho grave contra mis congéneres. No obstante, para el breve plazo que me queda de andar por esta instantánea vida, pondré el mayor celo en vigilar a mi subconsciente, si ello fuese posible, para actuar con la más limpia y razonada conciencia.
Estos razonamientos solo me sirven para los actos imprevistos pues para los que se cometen tras prepararlos concienzudamente, está claro que, sean delitos de sangre o sean delitos económicos, no hay duda que se han cometido por mandato de una conciencia mala, en cuyo caso no vale el comentario; “sobre su conciencia caerá este delito”. No, porque quien actúa así está claro que no la tiene y sigue viviendo “su vida” tan tranquilamente. He conocido a persona tan malvada que a costa de arruinar a otra y hacerla sufrir intensamente, ha vivido hasta llegar a una vejez avanzada con toda clase de abundancias y disfrutes y, aparentemente murió de forma tranquila y natural, o sea, lo que se llama plácidamente. Y lo creo así porque nunca observé en este sujeto un gesto que manifestara sufrimiento por los actos que canallescamente cometió. Si estos energúmenos escapan al imperio de las leyes establecidas, hasta puede que sus espíritus anden paseando cómodamente por el inmenso espacio sideral.

Federico Serradilla Spínola
Enero 2015

3 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Amigo Mark: Muchas gracias por estar ahí. Saludos.F.Serradillas

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  2. Buena reflexión maestro pero, como te dije, hay hoy en día una tendencia entre los científicos que se dedican a las "Neurociencias", a pensar que el subconsciente tiene en nuestras vidas un papel más destacado del que conscientemente pensamos.
    Un abrazo

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