martes, 23 de diciembre de 2014

Premios de Poesía Navideña, Villancicos, Ketelbey y la caridad.


Como siempre los imprevistos tienen la última palabra. Se había roto el micrófono inalámbrico de la Iglesia. Con la patrona en un rincón, La Banda de Música local ocupaba todo al pie del Altar Mayor hasta el emboque del pasillo central: un laberinto de sillas blancas, focos por el suelo, bosque de atriles negros para pentagramas blancos, cables como raíces en un humedal, trombones, tambores, xilófono, clarinetes, flautas, hasta una batería... Uniformes oscuros para una noche fría, helada, aunque hay personas a las que el frío les es ajeno. Pero los cables de los micrófonos no llegaban hasta el punto en el que debiera colocarse el atril desde el que se leerían los dos poemas, primero y segundo clasificados, de esta IV edición del Certamen de Poesía de Navidad Leopoldo Guzmán de Alanís. Recordando pregones de otro tiempo más cálido y aún por llegar, se ubica por fin el estrado sobre la escalinata, en el ábside, al pie del retablo que sería objetivo de todas las miradas en un momento concreto de la velada que estaba a punto de comenzar.


Entrada bastante completita y Juan José Rodríguez Sierra, elegante y serio, con la autoridad que le confiere esa batuta en su mano derecha, mientras afinaban los vientos y las notas que habrían de poblar las bóvedas del templo instantes después, nos hacía esperar arriba. Por fin su mano ordenó a Luis Narbona el sitio del atril, ante el micrófono de metal, viejo conocido del que fue pregonero unas pocas Semanas Santas antes en ese mismo lugar. Y, sin papeles, el poeta de Alanís, con retraso sobre el horario fijado, dio comienzo a la noche.

Primero la Mención Especial del Jurado, la guapa poeta Flora Jordán, que llegó desde Ronda para hablarnos de trincheras con su potente y experta voz de profesora. Nos desplazó a la Europa de 1914 en guerra, un día de Navidad. Soldados que abandonan las armas para cantar, tal vez para jugar al fútbol, para abrazar ese espíritu humano que siempre debiera reinar donde quiera que haya hombres. Flora nos mostró una reflexión llamada Tregua y fue ganadora de corazones en ese momento.
Flora Jordán y Andrés Gotor
Y por fin el triunfador, que hubiera entregado su honor al poema de la rondeña, Andrés Gotor de Astorza, de Bormujos, y lo primero que hizo fue recordarnos que hace unos días murió defendiendo de las llamas su colección de libros su vecino, el poeta Rafael de Cózar. A su espalda el motivo de su inspiración: Natividad. Retablo de Nuestra Señora de las Nieves de Alanís. ¡Habrá algo más importante en la vida que el momento del nacimiento de un ser humano! Un poema para la historia de un pueblo.

El cura don Juan Escaño, muy contento, nos ayudó, como siempre con su sentido del humor, a que todo transcurriera dentro de la cordialidad, de la amistad, del respeto y de la confianza.

Y acabada la Literatura, el director de Cope Sierra Norte, Rafael Diéguez Carranco presentó al Coro de Nuestra Señora de las Nieves y a la Banda de Música de Alanís. Luces apagadas. Focos de colores desde el suelo manejados por DJ. Ulloa. Niebla de nitrógeno. Batuta. Silencio. Espectáculo. Villancicos bien llevados a dos voces a pesar del escaso número de almas que componen el coro, y un ángel entre ellas, Eli Lora, que pone la piel de gallina cuando se queda sola. Popurrí de bandas sonoras de John Williams, recuerdo ahora magistrales Jurassic Park, The Schindler List por afinidad personal; hubo también momentos para la memoria de un genio con la guitarra, Carlos Santana… Pero si hubo una partitura que logró conquistarme especialmente y que hizo vibrar a los que allí estábamos, más callados que en misa, es En un mercado persa de Ketelbey. Perfecta. Mis felicitaciones a esta grandísima Banda y a su director, ambicioso y valiente donde los haya. ¡Qué estará tramando montar próximamente para sorprendernos!

Luces encendidas, fotos y todo recogido en cuestión de minutos. Unos a cenar y otros de fiesta. Allí quedó algo más que el recuerdo de una bonita y espectacular noche, preámbulo de Navidades ya habitual en Alanís por suerte y por trabajo, la caridad de los vecinos que dejaron en la parroquia y para que las gestione Cáritas, varias y enormes cajas llenas de alimentos no perecederos. Sin duda lo mejor de la noche.

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