martes, 2 de diciembre de 2014

Mi lápiz




Tengo un lápiz entre mis dedos.
Lo elevo a la altura de mi vista
y le mantengo firme la mirada;
me desafía,
el malnacido se sabe importante.
Sus ojos se fijan en los míos
arañando incesantes mis pupilas.
Hay un desprecio sordo, atávico,
impregnado en el negror de su grafito.
Le obligo a bajar, a arrodillarse
y besar el albo cristal de mi papel,
limpio, brillante, inmaculado, vacío…
Traza nervioso caracteres mágicos,
grafías indescifrables, letras
que no sé de donde vienen,
palabras que se forman
y, presuntuosas, pretenden ser 
parte de un verso.
Al final, cansado y aburrido,
desganado y triste,
derrotado,
lo dejo caer a un lado
y vuelvo a mirarlo con melancolía.
Es entonces cuando,
 desde la humillación,
 le escucho decir:
“¿Y tú te crees que eres poeta?” 

©Luis Narbona Niza 2014

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