martes, 14 de octubre de 2014

A la soledad de un bosque....

A la soledad de un bosque
aparta un hombre la suya y
deja allí que guíe la hojarasca
sus pasos hacia el rumor de
donde brota, oscura, la lejanía.

Un mismo soñar a ambos
confunde, y con una voz sola
canta el bosque el sueño del
hombre y del bosque el
sueño el hombre canta.

Hojas escritas penden de las
ramas que el Sol alumbra. Nadie.


Práxedes Ortiz

Castañas


La deseaba:
Imaginaba en ella mi niñez
ausente y lejana,
mi juventud turbia y estéril;
su color brillante y cobrizo
la hacía palpitar entre mis dedos;
mis ojos desprendían 
lujuria y pasión:
Deseo.
La acaricié suavemente
y soñé despierto;
el agua derramada en mi boca,
el pecho acelerado y galopante.
 Se acercaron mis labios
y unos dientes de marfil
mordieron su cuerpo 
áspero, sutil.
Lástima:
De aquella bella castaña
solo paladeé un gusano blanco…


Luis Narbona Niza 2014®

viernes, 10 de octubre de 2014

A ras de cielo


Golpean el mármol,
indiferente a tu donaire,
que exhala su brillo
 en el reflejo de tus piernas.
Le oigo suspirar, aliviado
en su tintineo sordo y seco.
Al respirar te imagina,
como yo, te ve
desde su atalaya inversa
y te desea.
Quisiera ser mármol y escalón,
para verte bajar las escaleras 
con el seco golpear de tus tacones,
el sutil contoneo de caderas,
 el vuelo rasante de tu falda
a ras de cielo y sueño,
a ras de íntimo deseo.



©Luis Narbona Niza 2014

viernes, 3 de octubre de 2014

Querido Otoño

Entre la Giralda y la Torre del Oro amanece un sol radiante de luz otoñal. El agua de este milenario Guadalquivir ha cambiado de color, ahora es de un azulado gris que invita a soñar. Las palomas que pueblan esta vieja calle Betis, cruzan sus vuelos haciendo piruetas como felicitándose por la llegada del Otoño. El cielo es de un suave celeste incomparable. ¡Cuánto daría cualquier “guiri” del mundo por estar ahora mismo, en este privilegiado balcón en el que me encuentro! Mas yo, sempiterno Alanisense, recuerdo con superior entusiasmo el amanecer de mi pueblo siendo niño, con aquél sol que rebasando el Cerro Gallego inundaba de una luz especial ese rincón peculiar y entrañable que llamamos La Plazoleta y aquél espacio (hoy tan cambiado) de El Parral, con aquellos enormes árboles que, llegado el otoño, tintaban sus hojas con ese subyugante amarillo-oro que de forma tan genial utilizaron los inolvidables Murillo y Velázquez.
Es verdad que tú, Otoño, eres muy provocador de nostalgias y melancolías para el alma, mas el corazón poeta se inunda de sentimientos tan profundos, que necesita buscar las palabras más bellas para cantarte.
Los dos llevamos ochenta y tres años juntos, mas tú, entrañable amigo, parte imprescindible de La Naturaleza, seguirás siendo un eterno joven inspirador de musas, yo, humilde poeta, me iré en breve pero con el alma y el corazón henchidos de gozo por haber vivido tantos periodos juntos mi querido Otoño.

Federico Serradilla Spínola
Septiembre 2014