viernes, 12 de septiembre de 2014

Epitafio



    Quisiera existir, 
siempre para ti 
y estallar fresca, como una carcajada,
reparar los pedazos del mundo maltrecho
 y mantener la ilusión
para escribir en la noche
ingenios delirantes 
de niña enamorada...

  Quisiera una promesa
sagrada y solemne, 
en papiro lacrado  
y firmado por la Tierra, 
un pacto de amor 
que alimente mi vida 
hasta ganar libertad,
como un preso de Alcatraz
que sana al fin sus heridas.
    
        Pero,
si tengo que morirme,
que me caigan sobre el pecho
derretido y caliente
como un barril de chocolate,
los bosques, las flores,
los libros de texto, 
mis clases de danza y todas las cosas,
que salten las alertas, 
las alarmas de invasión,  
que me sobrevuelen los buitres
vestidos de princesa...
y allá desde lo lejos,
subido en un piano,
aparezca un corazón con todo lo que amo,
que me tatúen sus ojos azules en las manos
para salir volando como una mariposa...
   Y ya en silencio, 
sin culpa ni rencor, 
dejarme llevar
abierta a los enigmas.
  Y con un beso apasionado,
de suaves nubes vestida,
con un poco de nostalgia,
despedirme de la vida
llena de paz...  sin dolor.

...que el viento lea en mi tumba, con cada puesta de Sol:

"Amó todo lo que tuvo
y de tanto buscar, 
encontró."

Lydia González Miret

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