jueves, 10 de abril de 2014

Sueños de sangre


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La luna, protagonista del acto,
del toro quieto y erguido
la sombra fija en el pasto
como espejo de plata bruñido.
Cruje la hierba al pisar en silencio
 se palpa el vientecillo norteño,
huele a jara y tomillo, puro incienso,
él solo piensa en el ruedo sevillano o madrileño.
Débiles nubecillas empañan los espejos
se pierde la sombra y el toro,
el joven soñador viendo a lo lejos
entre sonidos de palmas, ¡su traje de oro!
Triste realidad. La nube pasa,
 enfrente, ¡el animal y su fiereza!
El chaval a su muleta se abraza
y al instante, surge toda su destreza.
Un muletazo, otro, otro y otro
mientras la luna hace un guiño,
con la velocidad de un potro
el eral embiste al niño.
Clava sus astas mortales
en el pecho del zagal,
la luna, rota, hecha cristales,
llora su pena en el chaparral.
¡Adiós gloria, adiós fortuna, adiós hambre!
El torerillo no tuvo suerte,
al amanecer, sobre un charco de sangre,
un niño sin nombre, ¡bautizado por la muerte!

Federico Serradilla Spínola
Sevilla, agosto 1982
                                     

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