jueves, 20 de marzo de 2014

Esperan a Godot

—La gente como tú y como yo no deberíamos tener hijos—, le dijo ella mientras dejaba caer sobre sus labios las últimas gotas del cartón de vino blanco que había recogido esa misma tarde de entre la colección de productos descartados por el supermercado que visitaba habitualmente a la hora de su cierre. Él se incorporó, no dijo nada pero se acordó de su madre y de su abuela, y de cuando recorría con fuerza los pasillos de la casa de sus padres para sentirse el corazón, y de las tardes de verano, y del olor a colonia, y de los baños con espuma, y de las horas infinitas en las que pensaba que de mayor sería astronauta. Después la miró con indiferencia mientras observaba las luces de la ciudad reflejadas en el río junto al que habían tendido sus cartones para pasar aquella noche de verano. Por un momento pensó en sus colores y en sus formas cambiantes. Cerró los ojos y amagó con mirarla de nuevo, sólo fue un amago... su mirada se suspendía en la nada. Se dejó caer lentamente cuando al fin murmuró su respuesta, — imagino que no — dijo sin apenas fuerzas ni ganas de ser escuchado. Ya tumbado miró al cielo y se lamentó de que las luces de la ciudad apenas le dejasen ver un par de estrellas en aquella noche limpia, cálida y suave de inicio de un verano cualquiera. Después se durmió sin más.

Rafa Espínola

3 comentarios:

  1. Bienvenido al club Rafa. Buen relato. Estaremos atentos a tus colaboraciones. Saludos

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  2. Tiene " pellizco". Me gusta este relato.

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  3. Realmente bueno,e ha gustado mucho. Saludos.

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