miércoles, 12 de marzo de 2014

ESCRITURA



Bolígrafos, plumas, lápices. A veces, armas letales. Los llevo en mi bolsillo. Aparentemente no son nada, salvo discretos retazos de cotidianidad. Escribo con ellos. Escriben de muerte, sobre muerte, y pueden matar. ¿Por qué no el mundo como un limpio escenario de fábricas desperdigadas e incesantes, fábricas de cartuchos de plumas y barras de bolígrafos rellenos de sangre, y de grafitos de lápices impuros, afilados, punzantes?
Estoy en el jardín, bajo el sol y el otoño triste de los jubilados. Una niña se acerca, juega, ríe sin conocerme. Sin conocerse. Ella también está sola, ahora a menos de tres metros, descuidada y feliz. Preparo mis bolígrafos, mis estilográficas, mis lápices. Hay en su cuello grácil y rosado como un deseo del acero de plumillas hirientes, marcadas por esa misma tinta roja que habita en sus arterias, exactamente dirigidas hacia allí. 


Manuel Sánchez Chamorro
(del libro en preparación Crímenes y otros poemas)
 

1 comentario:

  1. Una brillante reflexión sobre el preámbulo de la inspiración...

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