lunes, 10 de febrero de 2014

POR EJEMPLO




Por ejemplo la niebla en el jardín, que se extiende en el principio de la noche como una nube densa de melancolía. Acogerse a ella, envolverse en ella, tras el cristal de la ventana desde donde la miro, es como buscar un refugio que quizá pueda ser definitivo. Por ejemplo los niños que ya duermen arriba, ignorantes e intactos, arropados también ellos en la dulce niebla de su sueño, todavía más densa, más definitiva. Por ejemplo el ya restablecido orden de las cosas, el silencio roto por el canto insistente y monótono de los grillos, la íntima armonía de las horas tranquilas ya recuperadas después del amago del grito y los golpes y la carne sajada y abierta por el filo metálico, rápido, eficaz. El aroma húmedo y grato de la tierra cavada. Y la paz que vuelve a reinar en la casa y las cosas (los muebles, los cuadros, las lámparas, los libros), y yo, por ejemplo, mirando por la ventana con los ojos otra vez inocentes y limpios, con las manos ya libres, redimidas del barro, de la culpa y la sangre. Por ejemplo. La rutina del día prolongada en la noche, la hora de la cena. La cabeza de Laura. El frigorífico.

Manuel Sánchez Chamorro

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