martes, 18 de febrero de 2014

Alma dormida



Tal vez llegue una noche y no despierte
y pase del descanso al sueño eterno;
tal vez sueñe contigo y el averno
sea no poder soñarte nuevamente.
Mi único poema fue quererte;
el resto de mi vida, solo invierno;
si me asusta el martirio del infierno
es tan solo por miedo de perderte.
No contemplo más muerte que tu ausencia,
ni imagino mi vida sin tu vida,
ni mi ser sin tu ser. Sin tu presencia
penó mi corazón y mi alma herida
no encontró más consuelo ni clemencia
que restar para siempre así dormida.

Luis Narbona Niza    Febrero 2014

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