jueves, 30 de enero de 2014

Ha muerto Félix Grande

Félix Grande
El mundo, nuestro 
mundo, es 
hoy más pequeño y triste. 

Tan grande como era. 
Tan Grande.



Eduardo Merino

lunes, 27 de enero de 2014

CAMISAS



La azul fue quizá la primera vez, en la cocina, entre el humo y el olor pobre a lentejas quemadas. Ahora, ya planchada, su tela posee un tacto tibio, doméstico, infinitamente dulce mientras tus manos pliegan las mangas, el entalle, la abotonan. Así, ordenada, entre las otras prendas, parece inofensiva, pero fue la primera vez, esa camisa.
La segunda es de franela, gruesa, a cuadros oscuros, grises y ocres. Tal vez sus arrugas guarden todavía alguna huella de felicidad, de cuando el campo, y el sol, la risa de los niños jugando y él todavía alegre y sus caricias, y su amor sobre todas las cosas. El tiempo ya pasado desde entonces se manifiesta en los colores desvaídos, en algún botón suelto, los puños desgastados. Manejar la plancha sobre ella es intentar así aniquilar el tiempo, eliminarlo, que surjan entre el vapor aquellos otros días, ya tan lejos, tan abandonados.
La tercera, la blanca, fue dos veces. O tres, o cuatro, o cinco. Fue y es la peor, la camisa blanca. Mientras repasas a fondo las arrugas, mientras extiendes el tejido, adviertes una estrellita rosa y minúscula poco más abajo del cuello. Una salpicadura que el detergente no venció, no pudo, un rastro mínimo de tu mejilla estallada, de la nariz rota exhibiendo la sangre, el ojo cárdeno, y tu boca doliente y sumisa, silenciada.
Sigues planchando. Las camisas. El vapor en tu rostro, entre las lágrimas. La plancha, familiar y caliente, entre tus manos. Por primera vez sabes que también puede ser un arma.


Manuel Sánchez Chamorro
(del libro en preparación Crímenes y otros poemas)

miércoles, 22 de enero de 2014

TERNURA



Amanecí secando el rocío de su mirada,
me dijo con ella  un  hola tierno.
Amanecí sintiendo la alegría,
junto a mi estaba.
Paso un tiempo sin tiempo,
amanecimos ambos, el rocío ya no estaba,
y nos dijimos una vez más: "te quiero".

            Mariano Rodríguez Avila.

domingo, 12 de enero de 2014

Noche de ripios



Se sentó la noche en la silla blanca que la luna hacia,
se sentó pensando, esperaba el día.
Se sentó mi noche, llena de sus días,
estaba cansada sosteniendo vidas.
Se sentó  la noche, se quedo dormida,
y soñó historias llenas de alegrías.
Paso un largo tiempo, ya silla no había,
se quedo desnuda con su pena viva.
De  repente algo me llevo a oírla,
y no se quejaba, pobrecilla mía.
Se sentó la noche en la silla blanca que la luna hacia.

                      Mariano Rodríguez Ávila.

lunes, 6 de enero de 2014

Manual de instrucciones


Pasada con creces la frontera de los cincuenta y harto de pequeños achaques físicos y algún que otro psíquico y moral, se me ocurrió escribir una carta a los Reyes Magos pidiéndoles, si era posible, un cuerpo nuevo. El mío se había quedado antiguo y desfasado y suspiraba por poder volver a aquel de los veintitantos; año arriba, año abajo. Así, de forma cortés y educada, le expuse a sus majestades mi deseo y con una sonrisa de oreja a oreja entregué mi misiva al cartero real. Al menos por intentarlo no quedaría.
Pasaron los días y llegó por fin la esperada noche de reyes; noche de ilusión y fantasía; noche mágica por excelencia. Me fui a ver la cabalgata y el cortejo pasó repartiendo golosinas por doquier y dosis a raudales de alegría e ilusión. Me fijaba en las caras de niños y mayores y una chispa fugaz brillaba en sus pupilas. Sus rostros lucían amables y satisfechos; esperanzados. Pensé: ¡Qué noche tan bonita! ¡Qué necesaria para las almas! Me acordaba de los años pasados e imaginaba los años por venir. Mas tarde volví a casa con mi espíritu repleto de paz y tras el ritual de mirar bajo el árbol de la Navidad y compartir risas y alegría con los más pequeños de la familia, encontré una cajita con mi nombre escrito en el exterior. La abrí cuidadosamente y en su interior, un librito delgado y manoseado lucía con una portada donde se podía leer:

“Manual de Instrucciones”


Extrañado miré a mi alrededor intentando descubrir a la persona que me había hecho el regalo; pero nadie parecía saber nada de aquel pequeño obsequio. Volví mis ojos hacia él y lo abrí con mimo, con sumo cuidado, como temiendo que se deshiciera entre mis manos. Eran pocas páginas, así que me senté y me dispuse a leer:

“22 de febrero de 1.959. Manual de uso de la persona que se adjunta:

1- Todas la mañanas cuando te despiertes y sientas que la luz de un nuevo día baña tu rostro, da gracias a Dios por seguir vivo y pon en marcha los músculos de tu cara para que dibujen una amplia sonrisa. Esto te ayudará a mantenerte joven y a que las arrugas de tu cara tarden muchísimo en aparecer.

2- Cuando te cruces con la primera persona que veas ese día y así con todas las demás, mantén esa sonrisa y regalalé unos amables buenos días. Da igual que sea tu mujer, tu madre, tu hijo, tu vecino o tu jefe. Te ayudará a afrontar tu jornada con el espíritu dispuesto a la colaboración y lo verás todo un poco más luminoso y agradable.

3- Cumple con tus tareas, las que sean, con la misma ilusión que las emprendiste el primer día. La ilusión es el motor de tu vida. Nunca la pierdas o estarás perdido.

4- Es posible que tu alma sea inmortal, pero tu cuerpo no. Cuídalo a diario, camina, sonríe, haz ejercicio, aliméntalo correctamente, no lo fuerces en exceso y piensa que tu envoltorio es tan bonito como tú sientas que lo es.

5- Tenemos fecha de caducidad, no luches contra eso. Acepta los cambios que te vayan ocurriendo y aprende a convivir con ellos. Cada época, cada etapa de la vida tiene su propio afán y su propia luz. Toda la vida es bella, sea cual sea la edad que tengas. Una cosa son los años biológicos y otra los años que viven en tu corazón. Cumple estos últimos y serás feliz.

6- Sé positivo, pero también realista. Somos lo que somos y eso no podemos cambiarlo. Los seres vivos nacen y mueren, es lo natural. Lo importante es que tu vida tenga sentido y que no desaproveches el don que se te concedió. Si aun no lo has encontrado, búscalo. Hay personas que pasan su vida haciéndolo. No desesperes, todos tenemos el nuestro. Es cuestión de paciencia.

7- No intentes cambiar quien eres. No puedes. Pero si que puedes adaptarte a las circunstancias y luchar para mejorar tu vida y las de los que te rodean. No tires nunca la toalla y encuentra tu camino.

8- Si eres relativamente feliz con lo que haces, no lo cambies; si no, intenta no desperdiciar toda tu vida con algo que no te satisface. Nadie se lleva nada; pero intenta no dejar nada sin hacer. Solo así encontrarás la paz interior que necesitas.

9- Puede que haya recambio para muchas cosas; pero no lo hay para tus sentimientos ni para la profundidad de tu corazón. Si éste está limpio, todo tu ser lo estará.

10- No desperdicies tu tiempo en causas perdidas e inútiles. No quieras cambiar el mundo; solo cambia TU MUNDO. Con eso habrás cumplido la misión que te trajo aquí. Así es como encontrarás tu nuevo cuerpo.”

FIN

Y eso era todo. Un decálogo de principios con la fecha en que nací y un título sugestivo:
“Manual de Instrucciones”.
No me pidáis una explicación porque no la tengo. Aun no he tenido tiempo de reflexionar sobre ello. A lo peor solo ha sido un sueño en una noche de Reyes...