sábado, 23 de marzo de 2013

El cojín


          
Dignificó  tu  sillón  desvencijado
y  cobijó tu  cuerpo  cansado
cuando  el  sopor  domina  la  mente
y   las  moscas  aparecen.

Mientras, tus  nietos  inquietos
entre  risas, bromas  y  juegos
entran  y  salen,
aparecen  y  desaparecen
disfrutando  de aquel  paraíso
que  eterno  les  parece.

Pasaron  los  años.
Hoy  el  cojín   embellece  mi  estancia
sin  saber  el  valor  que  entraña:
el  valor  de  lo  que  eterno  vuelve
imponiéndose  al  tiempo, modas  y  dueños.

Mi  mente  cansada  en  él  busca  asilo.
Lo  mira, lo  acaricia
y  recupera  la  compañía  que  me  robó  tu  ausencia
convirtiéndose  en  puente  que  enlaza.

        
   Mª Isabel García Nisa (Febrero-2.013)

domingo, 17 de marzo de 2013

Crónica del Pregón de la Semana Santa de Alanís 2013



Pasan veinte minutos de las ocho de la tarde. El pregonero se levanta, nervioso y se dirige a las escalinatas del altar mayor. El retablo, como siempre, imponente, flanqueado por los estandartes de las hermandades. Lleva en sus manos unas pastas color burdeos con letras doradas donde se lee: ” Pregón de la Semana Santa de Alanís”. Se coloca ante el atril y su figura, alta y míncea, destaca sobremanera en el escenario. Bebe un sorbo de agua y mira la nave principal de la Seo. Pleno. La Iglesia se ha llenado. Al fondo la banda de música que, tras afinar, ya ha comenzado su actuación. Han sonado las notas de Amargura y tras la escueta presentación, Esperanza Coronada. Espléndido. Segundos interminables y de pronto una voz joven, rotunda, acompañada de una gran sonrisa, rompe el denso silencio de la nave y loa a su pueblo. Versos sentidos que se derraman e inundan la estancia y que al terminar, arrancan la primera ovación de la noche. Vuelve a beber. Se ha quitado un peso de encima y parece levitar sobre el atril. Sus manos aún tiemblan. Es la emoción. Ahora sus palabras fluyen más calmadas. Nos relata el momento de aceptar el reto que ahora afronta. Saluda con corrección a los presentes, párroco, autoridades, hermandades, familia, amigos y vecinos. Turno para adentrarse en sus recuerdos de infancia, para tocar la fibra sensible de los que oímos y nos ponemos en su piel. Y luego sus experiencias, su caminar tras los pasos, sus vivencias con sus amigos de esa banda de música que le acompaña, sus sentimientos íntimos que se desbordan en los siete días que se esperan todo un año. Su autocrítica a las dudas de la fe en forma de costal y trabajadera. “ Ser costalero no es solo cosa de jóvenes”. El tiempo pasa raudo. Un recuerdo y mención para sus amigos que han venido a acompañarlo. Sus palabras que se ensalzan y se pausan, intentando dominar los tiempos, intentando mantener la expectación. Conseguido.  El pregón no es largo, pero si intenso. Llega el final. Una profunda respiración, casi un suspiro. El público aplaude de pie. Trabajo finalizado. Relajación. Sonrisa. Profunda satisfacción. Deber cumplido. Ya nada puede estropear tu noche. Felicitaciones y recuerdos. Un ramo de frescas flores. Una placa que guardarás para siempre. Un pergamino para tu mesa de despacho que nunca olvidarás. Regalas las tapas del pregón al consejo de hermandades para próximos pregoneros. Tradición que crece y se perfecciona.¡ Tanto por hacer ¡ El tiempo ha pasado volando. Buena señal. La banda toca los himnos. Son las nueve. ¡Cuántas cosas se pueden hacer en una hora!

Luis Narbona Niza. Marzo de 2013.

domingo, 10 de marzo de 2013

Un sábado especial


Ayer fue un sábado especial. Como en días anteriores, el sol brillaba por su ausencia y la lluvia nos regaba en abundancia desde un cielo gris e invernal. Por la mañana, nuestro grupo Alas tenía previsto celebrar el II café tertulia en la sede de nuestra asociación, sita en el centro cívico Juan de Castellanos y por la tarde, la presentación de un libro en nuestro ayuntamiento a cargo de la escritora Alicia López Tarrida, aprovechando las celebraciones del día de la mujer. La tertulia mañanera fue, como en la anterior edición, animada y productiva. Los allí presentes, Sonia, Leo, Federico, Antonio y yo mismo, nos vimos acompañados gratamente por Alicia, Carmen, Estrella, Jose Antonio, Vicente y los dos simpáticos hijos de Carmen. Y como siempre, hablamos de lo divino y de lo humano, cada uno con su particular punto de vista e intentando aprovechar al máximo las experiencias ajenas que, como no puede ser de otra manera, es la única forma de enriquecerse y crecer intelectualmente hablando. Todo ello aderezado por un buen cafe, unos churros y un bizcocho exquisito que Sonia nos había preparado. La mejor forma de definir la mañana es que el tiempo se pasó volando, cosa que suele ocurrir cuando la compañía es grata. Y por la tarde, a pesar de que la asistencia fue algo pírrica, (¿donde estaban las asociaciones de nuestra localidad y esas mujeres que el día anterior celebraban su día con tanto ímpetu y afán?) Alicia nos deleitó con una magnífica presentación de su libro "¿Cómo empezar? Hay un camino interior..." El libro, que trata de una historia de maltrato y liberación, era un vehículo ideal para reivindicar ese lado especial y femenino de las cosas. Pero.... somos como somos y lo que somos. No hay más. Un pena, porque los que allí nos congregamos, estuvimos durante unos minutos sumergidos en el mundo mágico y espiritual de la autora. ¿O fueron horas? También aquello se pasó volando. ¿Que más os puedo decir? Una experiencia enriquecedora de verdad vengas de donde vengas y vayas donde vayas. Claro está que todo lo negativo tiene su lado positivo y en este caso, lo positivo fue el tiempo que pudimos departir con Alicia y su séquito y el ambiente familiar y de amistad que allí existió. En alguna ocasión me he atrevido a hablar de almas gemelas que sin saber por qué conectan. Solo puedo daos desde aquí las gracias por compartir con nosotros vuestros sueños. Hasta siempre.

Luis Narbona, marzo 2013

miércoles, 6 de marzo de 2013

Lluvia del ayer



Llueve en el ayer de la memoria.
Golpean las gotas un pretil
lejano y ausente.
El largo pasillo, frío y desangelado,
condensa la brisa del olvido.
Tarde gris, lenta e infinita,
suspendida de unas horas que no pasan.
Un libro y yo
y un cuaderno garabateado y sucio.
Unos dedos que juegan
solos con el lápiz
y un sueño de volar
que crece y crece…
Pero el alma está anclada
a ese reloj que no marca las horas,
a esa tierra hecha solo de raíces.
Llueve en mi memoria
y la tarde se hace larga,
como entonces,
cuando sentado en mi pupitre,
transido de melancolía,
jugaba a ser un sueño
donde no existía el despertar.


Luis Narbona Niza.  Marzo 2013

viernes, 1 de marzo de 2013

El Manantial de San Nicolás



Hace unos días visité el bonito pueblo de San Nicolás del Puerto, asentado en un punto hermoso y estratégico de los muchos eslabones de Sierra Morena. Hacía muchos años que venía pasando por él pero sin adentrarme por sus pequeñas y preciosas calles formadas por casas de una arquitectura muy propia de la zona y, eso sí, respetando sus propietarios el mantenimiento de su blancor, hasta el punto que al mirar una fachada donde daba de lleno el sol, en una bocanada entre nubes, hube de apartar la mirada, no podía soportar tan refulgente luz, tan blanca y pura como "Sierra Nevada"
Además del placer de gozar de su clima, de su arboleda,  sus aguas y su ruralidad asentada en ese puerto serrano y maravilloso, nos llevaba la idea de comprar carnes y chacinas, acción que mi hijo si suele ejecutar con cierta frecuencia. A espalda de su bonita torre-iglesia esta ubicada la fábrica de embutidos "El manantial", donde compramos  variados y exquisitos productos. En cuanto a la atención personal que nos prestó la señora Carolina, que regenta el negocio, dio lugar a que fijara en mi mente el sencillo poema que al final transcribo, dando cumplimiento a mi promesa de remitírselo por email y que, además, lo publicaría en la ya prestigiosa Asociación Literaria ALAS de Alanís y Sierra Norte.                                                                               

La señora Carolina
en San Nicolás del Puerto,
atiende de forma fina
cuando llegamos dispuestos
a comprar unas chacinas.
Un singular matadero
en un pueblo pequeñito
donde todo es placentero
y te lo venden bonito.
Unas chuletas muy ricas
más un hermoso jamón,
chorizo dulce y de pica
morcilla y buen morcón.
Carne fresca y jugosa
de la matanza reciente
de un sustancioso cerdo
que casi estaba presente.
Esta compra fue tan fiel
y tan contento me puse,
que me borró "toa la hiel"
que la gran ciudad produce.
Prometo que volveré
por esas bellas colinas
y chacinas compraré
a la simpar Carolina.

               Federico Serradilla Spínola
                              Enero, 2013