martes, 17 de diciembre de 2013

Sor Pilar



Sor Pilar, se llama en realidad María Dolores. Cosas del convento. Pasó ya con creces la frontera de los ochenta y anda postrada en una silla de ruedas. Sus manos tiemblan nerviosas por el Parkinson y su cuerpo se va venciendo como un árbol que se secara lentamente. No obstante, hay algo en ella que trasmite serenidad y fortaleza; confianza y afecto. Puedo ver en su cara el reflejo de la felicidad. Sus ojos se mantienen vivos y expectantes y brilla en ellos una chispa que denota profundidad e inteligencia. De su boca, se dibuja una sonrisa permanente y amable y todo su cuerpo desprende alegría. A veces habla atropelladamente y las palabras se acumulan en sus labios pugnando por salir de un surtidor profundo e inagotable. ¡Tiene tantas cosas que decir! Contar toda una vida dedicada a Dios y a los demás. No conozco mucho de ella. Solo es mi paciente; uno más. Pero desde el primer día pude ver que tiene algo de especial. Como un aura que le envolviera en un halo mágico y sutil. No se bien como entablamos conversación sobre nuestros gustos literarios. Yo le hablé de mi última publicación y ella me dijo que también escribía. Me interesé cortésmente por ello y Sor Pilar fue pródiga en explicaciones. En su siguiente visita se presentó como siempre, con su sonrisa en la boca y con un cuadernillo entre sus manos metido en una bolsa de plástico. Cuando terminé mi labor, lo sacó y me lo enseñó. Las pastas forradas de plástico y una foto de Constantina en la portada. El título: Poesías I. Lo abrí al azar y las hojas, ajadas y amarillentas, cobraron vida propia con una letra preciosa de caligrafía y unos dibujos infantiles que adornaban las páginas. Me lo había traído para que lo leyera y yo se lo agradecí. Aquella misma noche, me lo llevé a la cama con la intención de hojearlo y me atrapó de tal manera, que lo leí de un tirón. Me cautivaron su inocencia y su buen hacer literario; su rima fácil y encendida; su frescura y su sinceridad y como no, sus profundas convicciones marianas y cristianas. Su amor a su pueblo y a sus gentes; a sus calles y paisajes; a su virgen del Robledo. A sus recuerdos y sus empeños. Una poesía fresca al alcance de todos y para todos. En cierto sentido, escrito “como los ángeles”. Musicalidad, sentimiento, devoción, amor…
He descubierto en Sor Pilar una persona maravillosa que, en estos días que corren, me devuelve parte de la esperanza en el género humano. Gracias Sor Pilar, por estar ahí.


Luis Narbona Niza


Anochecer en el pueblo,
atardecer en las almas…
Por los campos soñolientos
va tañendo una campana,
esparciendo su sonido 
como esquila enamorada.
Sobre la campiña verde,
sobre las viñas doradas,
sobre las casas que esperan
que caiga la luna blanca…
El eco lo trae el viento
a la sierra y a las casas:
Una voz que dice: ¡Salve!
¡Salve la llena de gracia…!
Airosa suena en la altura
con voz que serena el alma…
Solo el ruido en la calle
quiere ahogar a la campana…
¡Toca más fuerte, más lenta,
despierta, ayuda, derrama…!
¡Como bálsamo caliente
que penetre en las entrañas…!
Y el tráfago no te espante,
que el ruido pronto calla
si se acepta tu sonido:
¡Salve la llena de gracia…!
¡Anochecer en el pueblo,
amanecer en las almas…!

Maria Dolores Trancoso. (Sor Pilar)
Publicado en el libro “La voz del silencio”. Poesía monástica femenina del siglo XX.


4 comentarios:

  1. Todo un lujo Sor Pilar... un placer leer sus cosas. No esperes a sacarle otra muela para publicar otro poema... Dale un abrazo de mi parte cuando la veas y mis felicitaciones por lo bien que le da al verso.

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  2. Pues todavía tengo el cuaderno Leo. Mañana si tomamos café te lo enseño. Todo un lujo.

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  3. Maravillosa poesía, una verdadera aportación desde la humildad....

    Mark de Zabaleta
    Feliz Navidad

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  4. Es un orgullo como hermano leer el texto que Luis Narbona dedica a Sor Pilar, a mi hermana Dolorcita. Sabido es que las monjas no buscan la fama, pero es de humano agradecer la glosa que Narbona hace de la forma en que lo ha hecho. Ella es una más de esa Comunidad contemplativa que dedica su vida a la oración y al trabajo (Ora et Labora). Posiblemente la inspiración poética le llega desde las alturas,pero también mientras liaba alfajores y mantecados cuando podía. Muchas gracias por esas palabras tan hermosas.
    Manolo Troncoso.

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