domingo, 21 de abril de 2013

D. Jose María Osuna.


En este afán que nos hemos dado, intentando recuperar figuras relevantes por su valor humano o literario, quiero traer hasta aquí a un ilustre colega de profesión, que durante muchos años ejerció su magisterio en la vecina localidad de Cazalla. Está D. Jose Maria anclado a mi recuerdo infantil, ya que en aquellos años 60, no me permitían los baños en la piscina sin el previo reconocimiento del afamado doctor. Hoy, revisando legajos del año 1.963, encuentro publicado un poema de su autoría dedicado a uno de nuestros autores más universales, Juan Ramón Jimenez. Sirva su poema como homenaje a su persona y admiración por su trayectoria.

Llegaste, presentido,
como un alba segura;
las manos florecidas de estrellas impecables
y de ángeles,
de rosas intocadas.
Atrás,
los ríos tumultuosos de fanfarrias,
las voces amaestradas de las sombras
que estrangulan el rayo,
los pobres saltimbanquis,
la broza de los sabios.
Ahora, en tu vigencia,
las aguas corren ya puras, intactas
y las flores despiertan
sin ardides ajenos.
Y tú,
bien ceñido de lunas y de mares,
en la luz y nosotros;
con ella -tuya, nuestra-
desnuda para siempre.

José María Osuna.

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