jueves, 7 de febrero de 2013

CARONTE


Entregué a aquel barquero la soldada
y crucé la laguna negra y fría;
no sentía en mi pecho la agonía,
ni veía mi alma descarnada.

La luz del firmamento fue apagada,
y la sombra en la noche parecía
cubrir con una espesa celosía
 aquello que mi vida rodeaba.

Y al llegar navegando hasta la orilla,
fue a mirarme Caronte con desprecio,
señalando el camino hacia la nada.

Comprendí que tras esa pesadilla,
el valor de soñar no tiene precio
si renaces de nuevo a la alborada…

Luis Narbona Niza. Enero 2013

3 comentarios:

  1. Magnífica alegoría de la vuelta tras la pesadilla!

    Mark de Zabaleta

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  2. Luis, a ver si nos conocemos personalmente.

    Este poema, parece una fábula,

    gracias.

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    Respuestas
    1. Cuando quieras Lourdes. El sábado pasado por ejemplo tuvimos una muy agradable reunión en la sede de ALAS en Alanís y tomamos un desayuno entre amigos que resultó de lo más ameno. Allí estuvimos, Leo, Federico, Antonio Parrón, Margarita, Sonia, Celia y yo. Charlando, charlando nos dieron las tantas...
      Gracias por tus comentarios.

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