lunes, 25 de febrero de 2013

Alanís de la Sierra

Aquel día de mediados de diciembre  habíamos estado recitando poemas de Vital-Aza en un centro cultural y ante un escaso público. El poema que yo había recitado se prestaba a la navidad ya que el protagonista era un pavo; un pavo de esos que hace unos cuantos años, sobrevivían malamente hasta ser vendidos, en los numerosos puestos navideños de la Plaza Mayor. Sobrevivían hasta el día de Nochebuena, en que se convertían en plato único de la buena noche.
Regresábamos a casa ya bien metida la noche. Hacía frío y las ruidosas fiestas navideñas habían llenado de gentes variopintas, las calles grandes y pequeñas de Madrid.
Yo soy madrileña y ejerzo de ello. Siempre lo digo. Me gustan las calles de mi pueblo llenas de gente y el” montón” de tiendas que vierten su calor a la calle.
Con toda la carga de estos ruidosos días, se me había olvidado que una de mis poesías, estaba en Sevilla, en un pueblo de la sierra llamado ALANIS. Tratando de ganar un certamen dedicado a la Navidad.
Al llegar  a casa, mi hija me dijo que me habían llamado del certamen y que a lo mejor, habían premiado mi poesía.
Bueno, el corazón se me aceleró y lamenté no haber estado en casa, para recibir la noticia.
Con una sonrisa falsa, le comenté a mi familia:”No se habrá presentado nadie y por eso…” Tuve que escuchar: “Tú siempre tan positiva”. Me fui contenta a preparar la cena, deseando que sonara el teléfono y fuera Alanís.
Y sonó; y Leo me dio la noticia  y aquella noche comencé a pensar en el viaje a Alanís de la Sierra.


Y el día 22 de diciembre, cuando los niños del colegio de San Ildefonso, como todos los años, cantaban los premios de la lotería, yo, con mi “premio poético”, salí camino de ese bonito y entrañable pueblo.
He dicho bonito pueblo y es así. Está dentro del parque natural de la Sierra Norte de Sevilla. Lo bañan, según me he informado, las fuentes de Santa Maria, La Salud y el Pilarejo y el arroyo del Parral. Su patrona es la Virgen de las Nieves y su estandarte, un castillo medieval con leyenda.
Leo nos proporcionó un cómodo alojamiento en donde esperé  nerviosa la llegada de la hora de recoger el premio.
Y llegó el ansiado momento.  Fue entonces cuando conocí lo mejor de Alanís: su gente. Cuando comenzó el acontecimiento y los escuché recitar aquellos poemas, a pesar del frio en mi corazón había un calor especial. ¡Es un pueblo de poetas!.
Cierto es, que el paisaje facilita la poesía pero yo, me sentí, una torpe aprendiz de vate.
Fue una noche feliz, rodeada de “gente especialmente guapa”, con la cual compartimos unas horas lindas.
Gracias Alanís por haberme dado la oportunidad, no solamente de recibir un premio muy querido para mí, sino porque ahí encontré  amistad y cariño. Quiero volver… voy a volver.

Isabel Bueno Aparicio, febrero 2013, Madrid.

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