lunes, 24 de diciembre de 2012

BUEY Y MULA




Es invierno y hace frío. Ambos ya son mayores. Se puede decir, sin temor a equivocarse, que rondan la edad de la jubilación. Aún así, se encuentran fuertes y lozanos. Vistosos y con empaque. No obstante, hay en sus miradas un poso de tristeza. El color de la amargura parece brillar en sus pupilas. 

- ¿Tú crees que ahora que nos han despedido tendremos alguna oportunidad?-, dijo él, suspirando.
- No lo sé -. Contestó ella.
- ¡Tantos años en el mismo trabajo y de repente, sin más explicación, nos ponen de patitas en la calle! -
- Es verdad, no hay derecho y si al menos hubiéramos estado dados de alta…-
- Eso. Si nos hubieran dado de alta, ahora tendríamos nuestro paro y luego…-
- Luego ya estaríamos jubilados -.
- Pues eso. Ahora el paro y luego la jubilación. Es lo que yo digo…-
- Bueno, ya de nada sirve darle vueltas a la misma cuestión. Nos han puesto en la calle sin paro, ni jubilación, ni nada de nada.¡ Y pensar en la cantidad de años que estuvimos en la empresa ! -
- Desde el principio. No sé si recuerdas que fuimos los primeros empleados -. Y su suspiro fue sincero y prolongado…
- ¿ Y qué haremos ahora ? -. Replicó ella con amargura.
- No lo sé. Tal vez tengamos derecho a algún tipo de subsidio -.
- ¿ Subsidio ? ¿ Y eso que es ?-
- No estoy seguro. Me dijeron que podíamos pedirlo allí -. Contestó buey, mientras se dirigían tranquilamente hacia  un cartel donde se leía:
 “Matadero Municipal”...


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