lunes, 15 de octubre de 2012

El corazón marchito



Hoy, al amanecer, cuando aún el Sol no había teñido de cobre las cornisas de la calle, has abierto los ojos y ya se había marchado. Has pasado la mano, buscándole, por su parte vacía y fría del lecho, y te has quedado ahí pensativa, un minuto más. Te has sentado al borde de la cama y te has puesto las zapatillas. Te desenredaste el pelo con las manos antes de levantarte. Te vestiste despacio, calcetines, vaqueros, camiseta… Después de mirar por la ventana has cogido la sudadera, hace fresco esta mañana de otoño.
 
En el baño, te miraste en el espejo antes de humedecer la esponja y refrescarte la cara. Te has alisado el pelo, empolvado levemente, pintado suave los ojos y los labios… Has agitado la cabeza y te has mirado girándola un poco: todavía queda algo de aquella niña. “Sigues estando preciosa”, piensas…  Luego, un escalofrío desprendió una lágrima desde tu párpado por esa arruguilla que te ha salido, mientras con un vaso, como cada mañana, regabas el poto de la ventana. Hoy tampoco te ha besado.

© Leopoldo Espínola, 2012

4 comentarios:

  1. Poesía de bella factura que llena de cierta nostalgia...


    Mark de Zabaleta

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  2. Leo, es precioso lo que has escrito.

    Besos.

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  3. Gracias Mark, Lou,... algunas mañanas el aguan de ese vaso me refresca las ideas y me salen estas cosillas. Leo.

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  4. Es un escrito muy dulce y delicado, he visto reflejado en mi cada frase y me ha parecido ser yo la que se miraba a ese espejo. Enhorabuena por tu escrito.

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