miércoles, 24 de octubre de 2012

ITV



-Hola, buenos días señor. ( a la persona que estaba en la caja)
-Buenos días, me contesta.
-Una pregunta por favor...voy de viaje y al pasar por la fachada de este servicio, se me ha ocurrido que tal vez podría pasar la inspección sin previa cita. ¿Sería posible?
-Casualmente tengo un hueco, en diez minutos le atenderemos.
No entendí muy bien lo del “hueco”, pues en aquél momento no había nadie en el recinto...efectivamente, en ese plazo señalado me atienden y en corto tiempo se anunció mi matrícula y pasé a la línea 2. Me atiende un operario joven, escueto en palabras, más bien autoritario y, eso si, haciendo su cometido con auténtica rutina. A lo largo de mi experiencia en pasar por estos servicios, he podido comprobar que tales operarios parecen que están clonados. No en el físico sino en la forma tan desagradable de comportarse durante el transcurso de esta gestión. Sin dejar de estar de acuerdo con esta necesaria obligación para el conductor.

lunes, 15 de octubre de 2012

El corazón marchito



Hoy, al amanecer, cuando aún el Sol no había teñido de cobre las cornisas de la calle, has abierto los ojos y ya se había marchado. Has pasado la mano, buscándole, por su parte vacía y fría del lecho, y te has quedado ahí pensativa, un minuto más. Te has sentado al borde de la cama y te has puesto las zapatillas. Te desenredaste el pelo con las manos antes de levantarte. Te vestiste despacio, calcetines, vaqueros, camiseta… Después de mirar por la ventana has cogido la sudadera, hace fresco esta mañana de otoño.
 
En el baño, te miraste en el espejo antes de humedecer la esponja y refrescarte la cara. Te has alisado el pelo, empolvado levemente, pintado suave los ojos y los labios… Has agitado la cabeza y te has mirado girándola un poco: todavía queda algo de aquella niña. “Sigues estando preciosa”, piensas…  Luego, un escalofrío desprendió una lágrima desde tu párpado por esa arruguilla que te ha salido, mientras con un vaso, como cada mañana, regabas el poto de la ventana. Hoy tampoco te ha besado.

© Leopoldo Espínola, 2012