domingo, 18 de marzo de 2012

Un pregón para pensar


Hoy ha dicho el Pregón de Semana Santa de Alanís un dentista. Llegué a la Iglesia nervioso por conocer el contenido de aquellos treinta folios que la tarde antes y en su acogedora casa, transformados en un precioso librillo de sesenta y tantas páginas, con portada a color, espectacular, papel ahuesado y CD grabado en estudio, me ofreció Luis para que leyera. “No, ya lo leeré, primero quiero escuchártelo decir en la Iglesia”, fue mi respuesta.
Ante la gran cantidad de bancadas reservadas que había en el templo para autoridades y juntas de gobierno, encontré sitio hacia la mitad de la nave central recostado sobre una de las gruesas columnas que sujetan la bóveda. Desde allí podía escuchar y ver perfectamente.
El Altar Mayor, como la portada del librillo, espectacular. Todos los estandartes, brillantes como Los Chorros del Oro, colocados a izquierda y derecha de un solitario micrófono, junto al atril vacío que esperaba en el centro. Al lado el Sagrario, también brillante y solitario, esperando pero, al igual que el librillo, no vacío.
Tras la pausada y poética presentación de José Luis Ortiz, llegó el momento. Una larga interpretación de Amargura por la Banda de Alanís y comenzó el viaje. De un breve párrafo protocolar de cortesía para con los presentes en las primera bancas -exigencias del guión y educación- pasó a trazar una línea justo antes de la vanidad que no traspasaría nunca.

Vivencias y visiones de la vida de un Luis Narbona niño de Alanís en las Semanas Santas de los años 50 y 60, absorto en la magia con la que los misterios de Dios lo envuelven a uno con tan pocos años, si es que se vive de cerca. Un niño maravillado por las tradiciones insignificantes perpetuadas dos mil años bajo la deslumbrante luz de Jesús de Nazaret.
Luego la experiencia de un “exilio” a los 10 años hasta entrar en ese río que arrastra toda la magia del que lo analiza mientras transcurre: la vida. Y Dios siempre presente, unas veces dentro, otras al lado, otras escondido, otras detrás… La juventud, la ley, el pecado y la duda del que se para a observar e intenta comprender. 
Por pereza nunca fui capaz de memorizar treinta folios, pero lo que Luis nos ha contado hoy en su pregón, probablemente lo aprenderé de releerlo una y otra vez. No solo ha vigilado el oído con sus ritmos y métricas trabajadas y adornadas, sin abusar de la  retórica, usando las figuras literarias con buen gusto y en su justa medida, además nos ha ilustrado con la precisión en el uso del lenguaje y nos ha iluminado con el contenido de su intervención. 
Al final, el arrepentimiento ante la razón y la culpa encallecida y ardiente, aprendiendo de la vida se va venciendo a la muerte, como Jesús resucitado, con la certeza y la seguridad que da el deber cumplido. Como el mismo Luis escribió en el nº0 de ALAS:

“Valió la pena ser río
enamorado y poeta;
valió la pena ser río
y dejar mi vida entera
derramada entre las tierras…”
desde Alanís hasta Utrera.

Hoy ha dicho un dentista el pregón de mi pueblo y con la piedra pómez de la palabra ha escarbado en las caries que pudren los corazones humanos. Las mías, el aire fresco que soplaba por la plaza al salir de la Iglesia, ha comenzado a empastármelas de nuevo, como si eso fuera a quitármelas para siempre. Enhorabuena Luis, pero no tenemos remedio.  

Leopoldo Espínola, marzo 2012

2 comentarios:

  1. Muchas gracias Leo por tu crónica pregonera. Aunque a ti no te lo parezca, tú tienes mucha "culpa" de que personas como yo, saquemos a veces eso que llevamos dentro. Y esa culpa entre comillas, es por haber sabido dinamizar y catalizar esa vida cultural que en nuestro pueblo estuvo tantos años dormida. Esperemos que esto no sea solo un espejismo y que la gente que viene empujándonos detrás tome pronto el testigo y podamos seguir disfrutando de esa sensibilidad especial que nos otorga nuestro pueblo y nuestra sierra.
    Un abrazo

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  2. Ha sido y es un placer escribir sobre noches como la que nos brindaste ayer. Otro abrazo para ti.
    PD. El martes voy a buscar ese pregón para leérmelo, ahora sí, con calma y disfrutar al máximo de la esencia con que lo has forjado.

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