miércoles, 21 de marzo de 2012

Pájaros violeta


Sevilla irrumpe en los colores
con pinceladas rojizas del atardecer,
dejando paso a un viento azul
que convertido en suave brisa
se posa sobre el milenario Guadalquivir.

La noche estrellada va fabulando
haciendo que sus duendes revoloteen
sobre nuestras soñadoras cabezas.
Y al amanecer, rayos de sol refulgentes
se cuelan entre las hermosas copas
de los gigantones árboles del Parque de María Luisa.

Unos jóvenes, bogando, van río abajo
acompañados de una preciosa música
del malogrado Maestro Turina.

El pintor, inundado por tanta belleza,
lanza frenéticas pinceladas sobre un lienzo
tejido por las musas sevillanas.

Por fin pudo romper el estatismo
que le produjo Sevilla, al irrumpir
en esta tarde llena de pájaros violeta.

Federico Serradilla,
Calle Betis, Sevilla Abril de 2010

domingo, 18 de marzo de 2012

Un pregón para pensar


Hoy ha dicho el Pregón de Semana Santa de Alanís un dentista. Llegué a la Iglesia nervioso por conocer el contenido de aquellos treinta folios que la tarde antes y en su acogedora casa, transformados en un precioso librillo de sesenta y tantas páginas, con portada a color, espectacular, papel ahuesado y CD grabado en estudio, me ofreció Luis para que leyera. “No, ya lo leeré, primero quiero escuchártelo decir en la Iglesia”, fue mi respuesta.
Ante la gran cantidad de bancadas reservadas que había en el templo para autoridades y juntas de gobierno, encontré sitio hacia la mitad de la nave central recostado sobre una de las gruesas columnas que sujetan la bóveda. Desde allí podía escuchar y ver perfectamente.
El Altar Mayor, como la portada del librillo, espectacular. Todos los estandartes, brillantes como Los Chorros del Oro, colocados a izquierda y derecha de un solitario micrófono, junto al atril vacío que esperaba en el centro. Al lado el Sagrario, también brillante y solitario, esperando pero, al igual que el librillo, no vacío.
Tras la pausada y poética presentación de José Luis Ortiz, llegó el momento. Una larga interpretación de Amargura por la Banda de Alanís y comenzó el viaje. De un breve párrafo protocolar de cortesía para con los presentes en las primera bancas -exigencias del guión y educación- pasó a trazar una línea justo antes de la vanidad que no traspasaría nunca.

lunes, 5 de marzo de 2012

¡Cuánta tontería, cuánta estulticia, cuánta ignorancia...!

En los últimos días una nueva polémica ha implicado a la Real Academia de la Lengua (RAE), con una parte de la progresía de este país que está empeñada en pervertir el lenguaje en sus aspectos más formales. Al parecer, los lingüistas de la RAE han puesto algunos puntos sobre las íes de ciertas guías para el lenguaje no sexista difundidas por sindicatos, ciertas universidades e institutos diversos. Quede claro que el tema a tratar no tiene nada que ver con la ideología que cada cual tenga a bien atesorar. A mi entender esto no es una cuestión de izquierdas ni derechas, sino más bien de algo que en los últimos años ha proliferado de manera alarmante en nuestro país: La incultura, la necedad más supina, la superficialidad más absoluta. Puestos a igualar a la población hemos elegido la forma más cómoda y la más adecuada a los intereses espurios de algunos de nuestros políticos, la igualdad en el desconocimiento, en la zafiedad, en la falta de respeto y educación. Hemos creado un sistema educativo donde los niños no tienen ni la más remota idea de las más elementales reglas gramaticales y del lenguaje correcto. Y claro, así nos salen ministros y adláteres hablando de "miembras" y otras lindezas semejantes. Lo que más indigna de todo esto es que se gasten el dinero del contribuyente en usar un tema como el lenguaje, que tiene sus reglas establecidas por especialistas en el tema que dedican su vida a ello, para intentar inventar entre la población una manera de hablar y de expresarse que no tiene nada que ver con el correcto uso gramatical de nuestro bello idioma. Qué dirían, por citar solo algunos que no son ideológicamente sospechosos, hombres como Unamuno, Lorca, Machado, Valle, o Azorín, si pudieran leer esas infumables guías de lenguaje, subvencionadas con fondos públicos, que insultan y mancillan de tal manera el idioma de Cervantes, Lope, Calderón o Quevedo. Claro que para que estos tipos que hacen estas cosas sintieran vergüenza ajena, tendrían que saber quienes son los aludidos previamente, cosa que dudo. No hay cosa más hermosa que el uso correcto de las palabras y de un idioma como el nuestro, que nos ha dado tanto a lo largo de la historia. Volveremos a ser un país serio y a tener en cuenta, cuando todos estos necios que pululan por nuestra vida pública cojan su petate y se marchen a su casa; aunque solo sea para leer y aprender algo tan elemental como no dar coces con el lenguaje. Los vocablos son lo que son y significan lo que significan, por mucho que se empeñen en tergiversarlo y retorcerlo. Lo único que hacen con su desatino es demostrar su incultura, su desconocimiento y su zafiedad y de camino, insultar nuestra inteligencia haciéndonos creer que con esas chorradas defienden a la mujer y la ponen en su sitio. La mujer ya tiene su sitio sin necesidad de que éstos las defiendan. Mas valdría que se gastaran ese dinero de las guías en fomentar la cultura y la correcta educación en las escuelas y el correcto uso de las palabras.
Pd.:  A pesar de los miembros y las miembras, de los todos y todas, de los ciudadanos y ciudadanas, etc, etc, siguen muriendo mujeres maltratadas y algunas de ellas bastante jóvenes. Esto nos indica que no llevamos el camino correcto.

Luis Narbona, marzo 2012
www.alanisrural.com

sábado, 3 de marzo de 2012

Montañas y Sierras...


“¡Cuán  insultadas sois por la insensatez de los hombres!”
“Estáis revestidas de frondosos y milenarios árboles o de rústicas piedras marmóreas de las que sois despojadas. Vuestras cumbres blancas son profanadas por las botas sucias y los bastones arrogantes. Escondéis tesoros y os abren el vientre para saquear vuestras preciadas vísceras.  Sois calladas y solitarias, mas habéis de tolerar la presencia del hombre tecnológico destructor. Os eleváis serenas hacia el cielo y os quieren dominar con máquinas voladoras y sus zumbidos atronantes. Estáis ahí, protegiendo la paz de floridos y preciosos valles, y, sin embargo, sois horadadas cruelmente de parte a parte.