La luna besó al olivo,
la escarcha los contemplaba,
en la sierra los suspiros,
bailaban por sevillanas.
Y la sangre del olivo,
de verde y oro se tornaba.
Por aquello del suspiro,
la luna se enamoraba.
Olivo y luna se aman.
A veces dejan de verse,
por la niebla que los tapa.
¡Cuánto llega
a quererse!
Pero su amor infinito,
el olivo lo resguarda,
así aumenta su querer,
cuándo la luna lo llama.
Se quieren tanto los dos,
que van a hacerse una casa,
en donde todos sus sueños,
se cubran con esperanza.
Porque el olivo es anciano,
porque la luna es anciana,
y se conforman con poco,
sólo sus sueños les bastan.
Ramona Yanes, 2012




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