lunes, 20 de febrero de 2012

Preámbulos 1º y 2º de "El gañán de la era"



Cansada la vista,
pausado el aliento,
el garrote al hombro
caminaba el viejo.

Andando despacio
mirando los cerros,
con los ojos tristes
caminaba el viejo.

Con los botos bastos
y los miembros muertos,
llevando sus años
caminaba el viejo.

Se sentó en la plaza
al sol del mediodía,
abrazó el garrote
y recordó su vida.

La hora temprana,
la tarde serena,
los ojos cansados,
 así echó su siesta.


En un pobre pueblo
malvivió sus años,
en las tristes sombras
de los tristes campos.

Él, que tuvo su vida
ansiosa y revuelta,
se le van los años
sin ganas de juergas.

Cansada la vista,
pausado el aliento,
el garrote al hombro,
caminaba el viejo.


II

La tarde se iba,
la paz era quieta,
se veían en la calle
las siluetas negras,
andando despacio
de las raídas viejas.

El pueblo era blanco,
las casa pequeñas,
los campos tranquilos
y frescas las huertas,
los amplios trigales
olían a miseria
y los ventanales
a curiosas viejas.

Las luces del pueblo
ardían en la iglesia,
cuatro cirios rotos
 de maloliente cera,
la calma era quieta,
la tarde serena,
la calle encendía
sus pálidas velas
de zapatos claros
que ardían en la acera.

Y en aquel castillo,
en la recia almena,
dos almas se miran,
dos bocas se besan,
dos manos se juntan,
dos voces se sueñan,
dos luces por ojos
cuatro por estrellas,
la tarde se iba,
la paz era quieta.
En la alta torre
dos cuerpos pasean,
demuestran que existe
amor en la sierra.

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