miércoles, 15 de febrero de 2012

La chica de la mochila


De nuevo voy trasladándome a Sevilla en este magnífico bus de Linesur. Hoy quiero llamar la atención sobre una gran gamberrada. Vengo observando que cada vez hay más restos de chicles pegados o hendidos en las ranuras que, por diseño tal vez, tiene las asas o agarraderas situadas en el respaldo de cada asiento. Estas basuras...¿las pegarán también en cualquier hueco de sus cuartos de baño o cocina? ¿Es posible que tales gamberros, de ambos sexos, sean tan guarros hasta con ellos mismos? En uno de los respaldos, cerca de tan “ilustre cagada bucal”, escrito con rotulador, por cierto con buena caligrafía, se lee: Pepi y Poli y debajo el dibujo de un corazón. Tal vez ambos introdujeron en la ranura correspondiente sus respectivos restos de chicles, muy apretados y compactos en prueba de su gran amor ¿? y firmaron para su debida constancia en este mundo imbécil que nos ha tocado vivir.
¡Que falta de civismo, educación y vergüenza deben tener estos ejecutores! A lo mejor lo consideraron una obra de arte. En estos tiempos raros hasta algunos titulados artistas también consideran así cualquier vulgaridad. Les da igual a estos gamberros, el perjuicio que causan a la empresa titular de esta línea que, su tiempo y trabajo han de dedicar para limpiar estos respaldos. Este hecho y mis observaciones me traen a la memoria cuando un día de invierno de hace más de veinte años, circulaba yo a pie por la acera de mi derecha de la clásica calle Amor de Dios sentido hacia La Campana, cuando una chica de unos trece-catorce años, con presencia ya de mujer, vestida con ropa informal, aunque de buena marca, y unas excelentes botas altas, que cargaba una gran mochila a sus espaldas y portaba abierto un enorme paraguas. Llovía suavemente, de esa manera especial que a veces llueve en Sevilla, por lo que se tiene ganada mundialmente la famosa oración; “La lluvia en Sevilla es una maravilla”. Bueno, continúo por donde iba. Esta joven circulaba hacia mi, o sea por su izquierda, y al llegar a mi altura no solo NO me cedió el paso, por dos razones con peso de antigüedad; que circulaba por su izquierda y que se cruzaba con un señor mayor, sino que “me largó” un golpe con la mochila y me metió una varilla del paraguas por la cara. Ni siquiera se disculpó y “para más inri”cuando volví la cara con mirada acusadora por su malísima educación, ella, que también me miraba, despreciativamente, quizás por creer que debiera haberme apartado yo, me espetó con toda su desvergüenza; ¡qué pasa viejo!. Fue tal la indignación sentida que mi primer impulso fue el de darle un par de bofetadas pero se impuso mi “sentido común”, que hoy prácticamente se ha perdido.
Seguí mi camino, eso si, desolado y haciéndome preguntas: ¿Cómo serán sus padres? Aunque no me era muy difícil adivinarlo. ¿Será alguno de los depositantes de chicles en el autobús un hijo de la joven de mi historia?. Esta, seguramente, era estudiante pues en la mochila se adivinaban abundantes libros y la hora era, precisamente, la de salida de los estudiantes de Segunda Enseñanza en el Instituto de San Isidoro, sito en la misma calle. Gran institución que forjó a tantos ilustres hombres de Letras y Ciencias y al que pertenecí, por desgracia, muy brevemente.
Entonces eran otros tiempos de más AMOR, más EDUCACIÓN, y por qué no decirlo; más VERGÜENZA. Aunque, este “aprendiz de barbero”, tiene la esperanza de que, aunque sea a largo plazo, los futuros jóvenes volverán a la SENDA DEL BUEN HACER. Creo se trata de ciclos histórico y ahora nos ha tocado el malo. Además que, de estas circunstancias, tienen una gran responsabilidad los señores “mandatarios con estrellas”, los políticos dirigentes-legisladores y aquellos profesores “progres” aparecidos en la transición que se encargaron de enseñar a los adolescentes un concepto tan erróneo sobre los padres, los abuelos y la humanidad en general (ASI NOS LUCE EL PELO) y que nos han venido tocando en suerte desde que yo era un niño.

Inicié este breve relato al salir de Cazalla y ya estamos llegando a Cantillana. Por fin, aunque a “tumbos” y frenazos, he podido terminar lo que quería contaros.

Federico Serradilla Spínola

12`30 del 10 de febrero de 2012.

1 comentario:

  1. ¡Qué razón tienes Federico! Pero por suerte o por desgracia, vivirán en sus carnes su falta de educación y su desprecio, no lo dudes.
    Nos vemos.
    Un abrazo

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