De
nuevo voy trasladándome a Sevilla en este magnífico bus de Linesur.
Hoy quiero llamar la atención
sobre una gran gamberrada. Vengo
observando que cada vez hay más restos de chicles pegados o hendidos
en las ranuras que, por diseño tal vez, tiene las asas o agarraderas
situadas en el respaldo de cada asiento. Estas basuras...¿las
pegarán también en cualquier hueco de sus cuartos de baño o
cocina? ¿Es posible que tales gamberros, de ambos sexos, sean tan
guarros hasta con ellos mismos? En uno de los respaldos, cerca de tan
“ilustre cagada bucal”, escrito con rotulador, por cierto con
buena caligrafía, se lee: Pepi y Poli
y debajo el dibujo de un corazón. Tal vez ambos introdujeron en la
ranura correspondiente sus respectivos restos de chicles, muy
apretados y compactos en prueba de su gran amor ¿? y firmaron para
su debida constancia en este mundo imbécil que nos ha tocado vivir.
¡Que falta de civismo, educación y vergüenza deben tener estos
ejecutores! A lo mejor lo consideraron una obra de arte. En estos
tiempos raros hasta algunos titulados artistas también consideran
así cualquier vulgaridad. Les da igual a estos gamberros, el
perjuicio que causan a la empresa titular de esta línea que, su
tiempo y trabajo han de dedicar para limpiar estos respaldos. Este
hecho y mis observaciones me traen a la memoria cuando un día de
invierno de hace más de veinte años, circulaba yo a pie por la
acera de mi derecha de la clásica calle Amor de Dios sentido hacia
La Campana, cuando una chica de unos trece-catorce años, con
presencia ya de mujer, vestida con ropa informal, aunque de buena
marca, y unas excelentes botas altas, que cargaba una gran mochila a
sus espaldas y portaba abierto un enorme paraguas. Llovía
suavemente, de esa manera especial que a veces llueve en Sevilla, por
lo que se tiene ganada mundialmente la famosa oración; “La
lluvia en Sevilla es una maravilla”.
Bueno, continúo por donde iba. Esta joven circulaba hacia mi, o sea
por su izquierda, y al llegar a mi altura no solo NO me cedió el
paso, por dos razones con peso de antigüedad; que circulaba por su
izquierda y que se cruzaba con un señor mayor, sino que “me largó”
un golpe con la mochila y me metió una varilla del paraguas por la
cara. Ni siquiera se disculpó y “para más inri”cuando volví la
cara con mirada acusadora por su malísima educación, ella, que
también me miraba, despreciativamente, quizás por creer que
debiera haberme apartado yo, me espetó con toda su desvergüenza;
¡qué pasa viejo!. Fue
tal la indignación sentida que mi primer impulso fue el de darle un
par de bofetadas pero se impuso mi “sentido común”, que hoy
prácticamente se ha perdido.
Seguí mi camino, eso si, desolado y haciéndome preguntas: ¿Cómo
serán sus padres? Aunque no me era muy difícil adivinarlo. ¿Será
alguno de los depositantes de chicles en el autobús un hijo de la
joven de mi historia?. Esta, seguramente, era estudiante pues en la
mochila se adivinaban abundantes libros y la hora era, precisamente,
la de salida de los estudiantes de Segunda Enseñanza en el
Instituto de San Isidoro, sito en la misma calle. Gran institución
que forjó a tantos ilustres hombres de Letras y Ciencias y al que
pertenecí, por desgracia, muy brevemente.
Entonces eran otros tiempos de más
AMOR, más EDUCACIÓN, y por qué no decirlo; más VERGÜENZA.
Aunque, este “aprendiz de barbero”,
tiene la esperanza de que, aunque sea a largo plazo, los futuros
jóvenes volverán a la SENDA DEL BUEN HACER. Creo se trata de ciclos
histórico y ahora nos ha tocado el malo. Además que, de estas
circunstancias, tienen una gran responsabilidad los señores
“mandatarios con estrellas”, los políticos
dirigentes-legisladores y aquellos profesores “progres”
aparecidos en la transición que se encargaron de enseñar
a
los adolescentes un concepto tan erróneo sobre los padres, los
abuelos y la humanidad en general (ASI NOS LUCE EL PELO) y que nos
han venido tocando en suerte
desde que yo era un niño.
Inicié este breve relato al salir de Cazalla y ya estamos
llegando a Cantillana. Por fin, aunque a “tumbos” y frenazos, he
podido terminar lo que quería contaros.
Federico Serradilla Spínola
12`30 del 10 de febrero de
2012.



¡Qué razón tienes Federico! Pero por suerte o por desgracia, vivirán en sus carnes su falta de educación y su desprecio, no lo dudes.
ResponderSuprimirNos vemos.
Un abrazo