![]() |
| Leopoldo Guzmán Álvarez |
Querido abuelo:
Hoy he decidido, por fin, acercarme a ti un poco más a través de esta carta que lleva rondando mi cabeza desde hace ya bastante tiempo.
Apenas nos conocimos, te fuiste siendo yo tan pequeño... Al igual que a mis abuelas y que a mi otro abuelo, no tuve tiempo de conocerte. No me acompañó la suerte que a mis hermanos mayores, ni la de otros niños que pudieron, o que aún pueden, disfrutar de esa, vuestra exclusiva, y a veces breve, compañía. Tal vez me hubieses marcado senderos distintos de los que han trazado mi vida hasta hoy.
Aún así, sí me siento afortunado. Y todo gracias a que tú no eras como los demás abuelos y abuelas. Tu amor por la literatura, por la escritura, por la poesía...; tu inquebrantable fidelidad a Jesús de Nazaret, tu integridad humana y tu cultura, te hicieron un abuelo, un vecino, un marido, un padre, un hermano, un amigo... un HOMBRE diferente.
A pesar de tu pronta marcha, puedo atisbar tu personalidad por medio del legado en tinta que entregaste a tus hijas, y que ellas se esforzaron en mostrarnos a todos tus nietos y nietas. Libros escritos con aquella vieja máquina que te regalaron, o a lápiz en cualquier papelito en ese hermoso huerto que hoy ya casi ha desaparecido; y que luego guardabas para encuadernar con tus propias manos. Sí, a pesar de las mudanzas, de las obras y de tus biznietos, aún resiten el envite de los años.
Mil veces oí su lectura en voz alta al calor del brasero del invierno. Mamá aprovechó cada uno de mis desayunos y de mis meriendas -siempre que sus labores o mis ignorantes impertinencias la dejaban- para endulzarme o agriarme el sabor de la tostada y de la leche; a veces entre risas, recordando viejos chistes tuyos o tus peripecias entre costuras y santerías; a veces entre lágrimas de profunda emoción por tanto como sufriste en tu vida y que bien quedó reflejado entre tus liras, sonetos, romances, octavas...
Sé que fuiste un buen hombre, tal vez demasiado bueno para aquellos tiempos que te tocó vivir. Tiempos en que el miedo por los tuyos obligaba a callar verdades y a camuflar sentimientos y actitudes, a hacer cosas que muchos hombres y mujeres de aquellos difíciles años se vieron obligados a hacer. Aún así, nadie de a los que pregunté por ti ha tenido una sola palabra que emborronara ese "Guzmán" que tu llevaste con la cabeza bien alta. Tal vez por eso mi elevada admiración por lo que fuiste, sea el reflejo multiplicado de la de todas las personas que me hablan de tu paso por esta vida llena de ingratitudes.
"Ingratitud", esa es la palabra que más resuena y que inspira gestos de indignación entre las personas que te conocieron y te admiraron cuando pregunto por ti. Por eso, con la ayuda de los que el tiempo me ha dejado, en sus recuerdos ando buscando los fragmentos que te fueron construyendo en el pasado, o deshojando tus miles de versos para encontrar en ellos cada rasgo de tu personalidad aún viva, y evitar que el olvido cumpla contigo su objetivo; y derrotar así a la muerte que decidió arrancarte de los tuyos, siendo yo tan pequeño.
Leopoldo Espínola Guzmán, diciembre 2011




Buscar en nuestros mayores es buscar en nosotros mismos, descubrirnos...
ResponderSuprimirA veces faltan datos, las nociones son inexactas, ranqueantes... pero el ejercicio de recordar sin duda nos hace grandes.
Saludos almendrados ;)