Hoy te recuerdo yo, padre,
con aquellas alpargatas
que recorrían caminos
con hambre y sin esperanzas.
Atadas a tus tobillos
con las suelas desgastadas
te vi partir aquel día
con la maleta en la espalda.
Buscabas darnos el pan
que la tierra nos negaba
y a otras tierras te fuiste
tierras lejanas y extrañas.
Te llamaron emigrante,
aun, sin salir de España,
encaminaste tus pasos
del sur al norte sin pausa.
Paso a paso, metro a metro,
rompiendo tus alpargatas,
con tu sangre y tu sudor
otras tierras se empaparan.
Y al cambio, tú solo fuiste
un emigrante en tu patria.
Alpargatas andaluzas,
negras suelas, blancas calzas.
Que fueron buscando sueños
con esperanzas aladas.
Que desafiaron caminos
para buscar un mañana.
Quién se pudo sorprender,
cuando tus ojos cerraba,
que yo pusiera en tus pies
alpargatas de mortaja.
Carmen Pacheco, noviembre 2011




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