Jacinto, por distraerse, ha salido de su casa. Dice que es la única manera de que no se le acumulen las preocupaciones. Hace seis meses que está parado y, quieras que no, le influye, para no sentirse cómodo. Dormir, duerme, pero sólo lo justo por aquello de reponer fuerzas. A veces le entra una insatisfacción de tomo y lomo y opta por dar largos paseos y así cansar, al menos, su cuerpo.
Ha entrado en unos
grandes almacenes, al menos se está fresquito pues el calor aprieta. Con cierta
inercia se dirige a la planta del “Gourmet”, apenas hay nadie, se percata de la
presencia de dos señoras mayores que le están haciendo unas preguntas a la
única dependienta, ya se sabe, no es sitio de mucho “tráfico” por aquello de
los precios subidos de “tono” debido a la gran calidad.
Se queda mirando un
jamón 5J:
-¡Vaya, qué buena pinta
tienes!
El jamón que lo oye le
dice:
-Llévame a tu casa,
estoy aquí desde el año pasado. Nadie se quiere hacerse cargo de mí y eso que
estoy buenísimo.
Jacinto no sale de su
asombro.
-Jamón, ¿me hablas a mi?
-A quién si no- responde
rápidamente el 5J.
-No puedo llevarte
conmigo, replica Jacinto algo nervioso, vales mucho y soy un “parao”.
-Bueno, eres el décimo que
hoy me lo dice, pensé que tú me llevarías, tienes pinta de ejecutivo.
-Sí, si pinta tengo pero,
de Euros estoy escaso.
El jamón se le queda
mirando:
-¿A qué has venido
entonces?
-Muy sencillo, señor
jamón, a deleitar mi vista. Por los ojos también se come, y usted jamón está
impresionante. No dude que si me toca la lotería vendré a por usted, además de
bueno me resulta simpático.
-Pues nada joven, espero
que tenga mucha suerte. Estoy deseando de salir de aquí. Las noches son muy
tristes, apagan las luces y todo se queda en silencio.
-Pues nada, tenga
paciencia señor jamón, a ver si alguien se lo lleva, aunque no sea yo. Que pase
buena tarde.
Jacinto sigue mirando
las estanterías, se para delante de una que luce un Vega Sicilia de 1950.
-¡Jopé! Qué bueno debe
de estar este vino acompañado de un buen chuletón.
El vino lo mira y dice:
–Joven, ¿podría llevarme
a su casa? No soporto más esta cárcel. Siempre aquí años y años. Sáqueme de
este sitio triste y lléveme a la alegría de su hogar.
Jacinto, a media voz le
responde:
-cuanto lo siento, no
puedo permitirme el lujo de llevarte. ¿No has visto lo que piden por ti? Eres
un trofeo muy caro más para mí que soy un “parao”.
-Lástima, dice el vino.
Llegué a pensar que tu mirada hacía mí era sinónimo de adquisición.
-Pues no, señor vino, no
puedo hacerlo me lo prohíbe mi bolsillo.
-No se preocupe joven,
cuando le toque la lotería, vendrá a por mi.
-Espero que pueda ser
algún día, aunque lo dudo. Que pase buena tarde señor vino.
Jacinto va recorriendo
las estanterías y se para delante de una que contiene un hermoso queso.
-¡Vaya, qué rico debe de
estar este queso! ¡Ummm…!
-Hola joven, le dice el
queso.
-Hola, responde Jacinto.
-¿Quieres llevarme a tu
casa?
-No puedo, señor queso,
soy un “parao”.
-Entonces, ¿a qué vienes
si no compras nada?
-Pues a deleitar mi
vista, y también a saber donde os encontráis. Ahora sólo me falta el dinero.
El queso se lo queda mirando:
–Vaya racha, a este paso
me hago anciano sin que nadie me cate.
-Lo sé, señor queso, si
no fuese por el dinero serías mío ahora mismo.
-Lo sé, lo sé, tienes
cara de saber distinguir. Pero no te preocupes, algún día podrás catarme, si no a mí, a alguno de mis familiares.
-Señor, queso, esa es mi
gran esperanza, pero, ¿usted cree que llegará ese día con la qué está cayendo?
-Bueno, si tuvieras
vista podrías ser político, eso sí, tener mano…, ya sabes, nunca decir la
verdad y contar las mentiras a medias, enteras hacen más daño. Mira, se acerca
el jamón y el vino, entre los tres te vamos a dar unos buenos consejos.
-¡Jamón, vino, venid,
Jacinto, necesita nuestra ayuda! Posiblemente no tendrás otra ocasión mejor de
aprender. A ver, ¿quiénes mandan ahora? Pues creo que mandan los listos. Pues
hazte listo, aunque no comulgues con sus ideas. A veces hay que hacer de tripas
corazón. Critica todo lo del contrario y, como tienes algo más que bachillerato,
con un poco de suerte, pues eres bien
parecido, ¡ala!, a formar parte del gabinete. Empieza por las juventudes y de
ahí irás escalando puestos. Una ves que tengas en el “bote” a alguien de rango,
pídele en su momento más extremo que te conceda el puesto. El atractivo, hace
mucho. Sé que me dirás, que eso no va contigo pero, en la vida hay que ser
ladino para no verse abocado a situaciones de
esas, ¿comprendes? Te llamas Jacinto, ¿verdad?
-Sí, y me habéis hecho
pensar… no está mal, no, ya lo creo.
-Pues eso no es nada, dice
el vino, seguro que ni tienes que venir a por nosotros.
-¿Qué?- dice Jacinto.
-Lo que he dicho,
nos llevarán a tu casa, ya verás…
Jacinto se queda
pensativo por unos instantes, y levanta la vista hacía sus “amigos”, precioso
todo lo que me habéis dicho. Pero de momento sigo siendo un “parao”.
© Ramona Yanes,
noviembre 2011




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