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viernes, 11 de noviembre de 2011

LA TARDE DE UN “PARAO”


      Jacinto, por distraerse, ha salido de su casa. Dice que es la única  manera de que no se le acumulen las preocupaciones. Hace seis meses que está parado y, quieras que no, le influye, para no sentirse cómodo. Dormir, duerme, pero sólo lo justo por aquello de reponer fuerzas. A veces le entra una insatisfacción de tomo y lomo y opta por dar largos paseos y así cansar, al menos, su cuerpo.
Ha entrado en unos grandes almacenes, al menos se está fresquito pues el calor aprieta. Con cierta inercia se dirige a la planta del “Gourmet”, apenas hay nadie, se percata de la presencia de dos señoras mayores que le están haciendo unas preguntas a la única dependienta, ya se sabe, no es sitio de mucho “tráfico” por aquello de los precios subidos de “tono” debido a la gran calidad.

Se queda mirando un jamón 5J:
-¡Vaya, qué buena pinta tienes!
El jamón que lo oye le dice:
-Llévame a tu casa, estoy aquí desde el año pasado. Nadie se quiere hacerse cargo de mí y eso que estoy buenísimo.
Jacinto no sale de su asombro.
-Jamón, ¿me hablas a mi?
-A quién si no- responde rápidamente el 5J.
-No puedo llevarte conmigo, replica Jacinto algo nervioso, vales mucho y soy un “parao”.
-Bueno, eres el décimo que hoy me lo dice, pensé que tú me llevarías, tienes pinta de ejecutivo.
-Sí, si pinta tengo pero, de Euros estoy escaso.
El jamón se le queda mirando:
-¿A qué has venido entonces?
-Muy sencillo, señor jamón, a deleitar mi vista. Por los ojos también se come, y usted jamón está impresionante. No dude que si me toca la lotería vendré a por usted, además de bueno me resulta simpático.
-Pues nada joven, espero que tenga mucha suerte. Estoy deseando de salir de aquí. Las noches son muy tristes, apagan las luces y todo se queda en silencio.
-Pues nada, tenga paciencia señor jamón, a ver si alguien se lo lleva, aunque no sea yo. Que pase buena tarde.
Jacinto sigue mirando las estanterías, se para delante de una que luce un Vega Sicilia de 1950.
-¡Jopé! Qué bueno debe de estar este vino acompañado de un buen chuletón.
El vino lo mira y dice:
–Joven, ¿podría llevarme a su casa? No soporto más esta cárcel. Siempre aquí años y años. Sáqueme de este sitio triste y lléveme a la alegría de su hogar.
Jacinto, a media voz le responde:
-cuanto lo siento, no puedo permitirme el lujo de llevarte. ¿No has visto lo que piden por ti? Eres un trofeo muy caro más para mí que soy un “parao”.
-Lástima, dice el vino. Llegué a pensar que tu mirada hacía mí era sinónimo de adquisición.
-Pues no, señor vino, no puedo hacerlo me lo prohíbe mi bolsillo.
-No se preocupe joven, cuando le toque la lotería, vendrá a por mi.
-Espero que pueda ser algún día, aunque lo dudo. Que pase buena tarde señor vino.
Jacinto va recorriendo las estanterías y se para delante de una que contiene un hermoso queso.
-¡Vaya, qué rico debe de estar este queso! ¡Ummm…!
-Hola joven, le dice el queso.
-Hola, responde Jacinto.
-¿Quieres llevarme a tu casa?
-No puedo, señor queso, soy un “parao”.
-Entonces, ¿a qué vienes si no compras nada?
-Pues a deleitar mi vista, y también a saber donde os encontráis. Ahora sólo me falta el dinero.
El queso se lo queda mirando:
–Vaya racha, a este paso me hago anciano sin que nadie me cate.
-Lo sé, señor queso, si no fuese por el dinero serías mío ahora mismo.
-Lo sé, lo sé, tienes cara de saber distinguir. Pero no te preocupes, algún día podrás catarme,  si no a mí, a alguno de mis familiares.
-Señor, queso, esa es mi gran esperanza, pero, ¿usted cree que llegará ese día con la qué está cayendo?
-Bueno, si tuvieras vista podrías ser político, eso sí, tener mano…, ya sabes, nunca decir la verdad y contar las mentiras a medias, enteras hacen más daño. Mira, se acerca el jamón y el vino, entre los tres te vamos a dar unos buenos consejos.
-¡Jamón, vino, venid, Jacinto, necesita nuestra ayuda! Posiblemente no tendrás otra ocasión mejor de aprender. A ver, ¿quiénes mandan ahora? Pues creo que mandan los listos. Pues hazte listo, aunque no comulgues con sus ideas. A veces hay que hacer de tripas corazón. Critica todo lo del contrario y, como tienes algo más que bachillerato, con un poco de suerte,  pues eres bien parecido, ¡ala!, a formar parte del gabinete. Empieza por las juventudes y de ahí irás escalando puestos. Una ves que tengas en el “bote” a alguien de rango, pídele en su momento más extremo que te conceda el puesto. El atractivo, hace mucho. Sé que me dirás, que eso no va contigo pero, en la vida hay que ser ladino para no verse abocado a situaciones de  esas, ¿comprendes? Te llamas Jacinto, ¿verdad?
-Sí, y me habéis hecho pensar… no está mal, no, ya lo creo.
-Pues eso no es nada, dice el vino, seguro que ni tienes que venir a por nosotros.
-¿Qué?- dice Jacinto.
-Lo que he dicho, nos  llevarán a tu casa, ya verás…
Jacinto se queda pensativo por unos instantes, y levanta la vista hacía sus “amigos”, precioso todo lo que me habéis dicho. Pero de momento sigo siendo un “parao”.

© Ramona Yanes, noviembre 2011

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