Mi nombre es Manuel y ese día
del que les hablo iba a recoger unas pocas castañas para mis hijos. Era un
bonito día de otoño. Los árboles me acompañaban con sus susurros ya que los
mecía el viento como con un canto monocorde. Grandes hojas en el suelo corrían
unas en pos de las otras. Mis botas de caminar eran perfectas para este tiempo,
sin duda había hecho bien en colocármelas para el paseo, ya que sin ellas no
habría podido bajar por las pendientes.
Iba solo, completamente solo,
pero no me sentía en soledad. Me acompañaban las risas y las alharacas de mis
hijos, sobre todo del pequeño: “papá, tastañas, papá, tastañas…”. Me hacían
reír con sus ocurrencias y quería ofrecerles ese pequeño regalo.
Era un día soleado, sólo con ese viento que
te deja helada la nariz..
Bajé por el sendero en busca de
mi objetivo, que no era otro que recoger castañas para asarlas en esa tarde de
domingo. Yo las considero un regalo de la Naturaleza. Avancé un poco por el
camino, era sobre todo cuesta abajo. Seguí mi rumbo y, a pesar de encontrar un
gran charco producto de las últimas lluvias, no me amilané.
Con frecuencia, ante los retos,
me crezco. Por fin llegaría a casa, contento, con mi pequeño botín entre las
manos. Esa imagen, me alentaba.
De repente, escuché pasos. Sin
mirar hacia atrás, me quedé un poco paralizado. No estaba dentro de lo
previsible, era un rincón del bosque que no era conocido. Nunca en mis excursiones
anteriores había encontrado a nadie. Me sacudí el miedo y seguí adelante. Tras
unos cuantos minutos, volví a escuchar un rumor a mis espaldas. Metí la mano en
mi mochila, busqué mi teléfono móvil para hacer una llamada de urgencia,
si así
era necesario. Sin pensarlo conscientemente, miré hacia atrás en un acto
reflejo y, a mi sorpresa se unió la sensación plena de que la naturaleza me
acompañaba. Se trataba de una pobre cierva, embarazada y malherida. En ese
momento, sentí toda la compasión y toda la tristeza al contemplar a un animal tan hermoso herido de muerte. Me miró un instante y huyó a duras penas. Desde aquel día relato al que quiera escucharme, todo lo que me contaron aquellos
ojos.
© M. Wanceulen Rivas, noviembre
2011




0 han pasado por aquí y opinaron:
Publicar un comentario en la entrada
Ya que has llegado hasta aquí, no te vayas sin dejarnos tu opinión sobre lo que has leido, pero eso sí, hazlo con respeto hacia los que pueden leerte, y no te escondas..., escribe libremente. ¡Ah!, olvidamos darte las gracias por tu visita.