miércoles, 8 de junio de 2011

"Juan de Castellanos, poeta americano"

Días atrás, buscando información de Juan de Castellanos para mi intervención en el acto de entrega de premios, encontré un estudio de la escritora colombiana Cecilia Hernández de Mendoza sobre la obra del de Alanís, titulado "Juan de Castellanos, poeta americano". Es un documento de 21 páginas que se puede descargar en este enlace, que analiza de forma detallada y profunda, las Elegías de Varones Ilustres de Indias desde el punto de vista poético.
El estudio de esta colombiana fallecida en 2005 comienza con esta hermosa y perfecta introducción:
"En el silencio de la noche y a la luz de "cuatro candelabros de azófar", en el escritorio grande, los grandes ojos del cura beneficiado de la Iglesia de Tunja, se inclinaban a las hojas en blanco por espacio de cuarenta años, para llenarlas con la imagen de la América que hizo suya con sus hazañas de soldado y la genialidad de su pluma. Olvidábase del trajín del día; de la reconstrucción y arreglo de la Iglesia Mayor, de la dirección y organización de los coros, de la administración de sus propiedades y la dirección de sus esclavos, del adoctrinamiento de indígenas, de la lentitud de la vida tras los fragorosos años del vagar y combatir; olvidábase incluso de sus contertulios habituales de la atarazana en los lentos atardeceres; del diseño de la gran portada de la Iglesia, la más bella de Arte Colonial neogranadino, cerrando la mente al presente, se iba invadiendo su cerebro con los fantasmas de los hechos pasados. Era un tenaz esfuerzo de memoria. Iba sin prisa, situando y ordenando. Tras el recuerdo el sueño, tras el sueño la anécdota Tras ella, la imaginación reconstruyendo ambientes y cuadros, sucesos y seres humanos. Colosal mundo interno el de Juan de Castellanos al que no bastó la obra en prosa comenzada en 1569 a los 47 años, sino que hubo de reiniciarla en verso en 1577 a los 56 años, para durar en la tarea hasta más de 87 años. Ciento cincuenta mil versos no fueron suficientes para expresar ese mundo, pues al terminar sus andanzas por el Nuevo Reino de Granada y acostumbrado a la grata nocturna compañía, miró a Panamá y a México con el propósito de relatar la historia. Pensando acaso en ellos y en la grandeza del Virreynato de Cortés, le sorprendió la muerte".


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