domingo, 20 de marzo de 2011

Una Guerra con Papeles

Lleva el ser humano en guerra desde que un hermano mató a otro con la quijada de una bestia. Y aunque no fuera más que un crimen simbólico, refleja con exactitud el carácter de una especie depredadora y carroñera como es la nuestra. Lo siento, no es que me guste, pero es evidente que somos lo que somos. Las ha habido y las habrá de todos los tipos, tamaños, formas y colores. Locales, regionales, continentales, mundiales, raciales, segregacionistas, de conquista, de reconquista, de secesión, de tintes religiosos, de carácter económico; y así podríamos seguir ad infinitum. Es decir, en la historia de la humanidad, la guerra es algo consustancial al hombre y no recuerdo en mis más de 50 años de vida ningún periodo de tiempo en que el mundo estuviera libre de alguna de ellas. Y además, como tengo especial predilección por la historia, no creo que haya ninguna época libre de conflictos entre los seres humanos. Dicho lo cual, nada más lejano a mi ánimo que defender semejante aberración de nuestro instinto y nuestro carácter. Es más, no creo que el hombre haya evolucionado lo más mínimo en los últimos 3000 años de su historia, que es más o menos el periodo que mejor conocemos. Seguimos comportándonos como lo que somos, depredadores y carroñeros y matándonos unos a otros a la primera ocasión que se nos presenta. Por eso, me sorprende todavía la poca vergüenza de algunos de nuestros conciudadanos, bien sean políticos, periodistas y opinadores diversos, algunos tildados a si mismos como "intelectuales" ( ¡Ay si Unamuno levantara la cabeza!), cuando comentan y catalogan los últimos conflictos bélicos que sufrimos en los últimos años. ¿Cómo puede ser una guerra legal o ilegal?. ¿Cómo podemos catalogar una guerra de justa o injusta? Todas la guerras sin distinción son, por definición, injustas. Injustas para las madres que pierden a sus hijos. Para los inocentes que caen en las batallas. Para los que sufren desolación y miseria a cuento de las mismas. Y así podría seguir dando calificativos y adjetivos toda la noche. Pero no, tampoco es esa mi intención. Lo único que me gustaría reivindicar con estas escuetas letras es lo siguiente:
"Por favor, señores progres de salón; intelectuales de nuevo cuño; gentuza de mal vivir y peor pensar; formadores de opinión que hablan de algo como si supieran de verdad de lo que hablan, demagogos, vividores del cuento, estafadores morales, carroñeros supremos de nuestra sociedad; hipócritas deslenguados; politicuchos y lameculos; no me digan que esta guerra es justa, solo porque en esta ocasión cuenta con todos los papeles en regla. No me digan que esta guerra es justa porque cuenta con la aprobación de esa cueva de Ali Baba que es la ONU. No me digan que en esta guerra hay que estar y que en otras no. No intenten justificar sus conciencias con argumentos peregrinos y con los pies de barro, porque ya no cuelan más. Van a la guerra porque allí hay petróleo e intereses creados por unos y otros. Van a la guerra porque allí hay algo que ganar. En resumen, van a la guerra para repartirse el botín de los ganadores y la miseria de los vencidos. Os recuerdo a los que argumentáis que Gadafi masacra a su pueblo, que Hutus y Tutsis se masacraban a cientos de miles armados con machetes. Claro que allí no había nada para repartir, tan solo miseria. Esa miseria física de la que la civilización occidental huye como de la peste; pero también esa miseria moral que cae sobre las conciencias de todos nosotros cuando permitimos justificar semejantes actos a nuestros representantes." Espero que al dormir, no se os presenten los fantasmas de vuestra conciencia, si es que aun os queda algo de ella. Espero que los muertos “legales” que se van a producir os dejen descansar en paz cuando todo esto haya terminado. Y espero por último que no tengan más la caradura de decirme que ahora podemos ir a la guerra porque los papeles están en regla y antes no. Habéis descubierto una nueva modalidad, "la guerra con papeles", que os aproveche.

1 comentario:

  1. Amigo Luis: es lo que nos queda. Los altavoces de la propaganda ofrecen "su" opinión y esa es la que, como gota malaya, asume finalmente una sociedad narcotizada con las "belenesesteban" y compañía.

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