domingo, 20 de marzo de 2011

Sobre el alma y lo mecánico


Asistimos hoy a una confluencia de contraposiciones que vienen a indicarnos, si lo pensamos bien, una de las más inquietantes realidades de un futuro bastante cercano.
Los biólogos, desde Loeb, con su teoría de los tropismos (tendencia de un organismo, determinada por el estímulo de agentes exteriores),  a Pavlov, con sus reflejos condicionados, tratan de reducir cada vez más la actividad espiritual a una simple mecánica determinista y parece que quieren poner en lugar preferente al Hombre-máquina. Por otra parte, los fundadores de la cibernética están fabricando autómatas electrónicos, capaces de imitar sin directa intervención humana, algunas formas del pensamiento.  Quiero   decir, que el hombre vivo parece cada vez más un simple mecanismo sin alma, mientras que las máquinas metálicas se preparan a imitar lo que parecía un monopolio del pensamiento humano.
En el principio existían los medio-hombres, es decir, semi-bestias, que con el correr del tiempo se transformaron, al menos parcialmente, en grandes hombres, o sea, héroes. En los tiempos modernos han desaparecido poco a poco los hombres gentiles, los valientes, los galanes, y, finalmente, han desaparecido casi hasta los hombres. Ahora han quedado en escena los infrahombres que se dedican constantemente a fantasear.
El hombre es, pues, un misterio, el más oscuro y lleno de paradojas, de todos los misterios que a él mismo se le presentan en el curso de su historia intelectual. Si seguimos a este paso, sin escrúpulos y sin respeto para el Hombre y la Naturaleza, y, el maravilloso progreso de nuestra civilización, no disminuye o su marcha no se detiene por algún cataclismo, (como el que ahora está padeciendo Japón que lo ha sumido en  una auténtica y enorme tragedia) terminaremos viendo las más importantes ciudades de la Tierra, ocupadas por un pueblo mixto de hombres casi autómatas y de autómatas casi humanos.
Esperemos que la inteligencia unida a la cultura que, teóricamente, tanto se proclama a los cuatro vientos,  termine llevándonos por el camino de la sensatez.  Pensemos con los pies en la tierra y pongamos freno a tantos e incomprensibles desmanes.
Confiemos en que; el hombre-máquina, nunca pueda con el hombre poeta.

Federico Serradilla Spínola, marzo 2011

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