lunes, 28 de marzo de 2011

A Sevilla


Desde el suelo abrasado
de Extremadura,
he venido a la tierra
de la hermosura,
y al contemplarla,
mi corazón fue chico
para adorarla.

Y por eso el Eterno
cuando a porfía,
en el bético suelo
gracias vertía,
entre sus dones,
ensanchó de sus hijos
los corazones.

Dios le dio sus encantos,
el Sol sus luces;
y su gracia festiva
los andaluces.
Rica peana,
donde brilla cual reina
la sevillana.

Leopoldo Guzmán Álvarez 
(1885 - 1971)

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