sábado, 5 de marzo de 2011

Aquel verano del 42


Valle de Los Colaeros (enero 2011)
Mi envejecer remiso
paseando por tus campos,
se deja embargar por la nostalgia
mientras el sol se pierde entre las encinas.
Recuerdo aquél  Agosto de calina
que hasta el cielo se derretía.
Un segador de un moreno, casi cobrizo,
cubríase la cabeza con un gran pañuelo
de hierba. Apuraba el agua fresca
 de un precioso cántaro de barro.

Aquél verano del 42, aún corría el agua
cristalina por el regajo de “Los colaeros”
y un suave vientecillo hacía vibrar los juncos.
Parecía como sí, de una forma plañidera,
me dijeran adiós. Allí, en una de sus frondosas curvas,
había crecido una zarza espinosa, de ella,
aún colgaban gotas del rocío de aquél amanecer.
Parecían perlas ruborosas ante aquella diáfana luz.
El agua, en una fuente próxima, caía en claros chorros
produciendo un sonido celestial.

Mientras, un águila real giraba por el cielo
vigilando a un pequeño rebaño de corderillos,
donde esperaba saciar su voraz instinto.

Ahora, mi alma también gravita y cae cuando se aleja
de tan bella estampa, aunque algo cambiada por el
transcurrir de tantos años.

Federico Serradilla Spínola, febrero de 2011

1 comentario:

  1. De aquellos veranos y de tantos otros se alimenta el alma para seguir adelante en estos complicados días del cotidiano deambular.
    Bonita forma de contar las cosas.
    Un saludo

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