domingo, 13 de febrero de 2011

Reflexión sobre el amor humano

Me hubiese gustado escribir una amplia historia sobre el amor humano, a mi manera de entenderlo, mas como se me han echado los años encima ya no lo veo posible. Por ello, me conformo con esta breve reflexión.
Desde ha muchos siglos, vino triunfando en el mundo, salvo excepciones, como siempre, el amor pasional, el amor espiritual, el amor filial, el fraternal, el de los padres, la familia y  la humanidad. Durante el Renacimiento, se añadió a estos amores otra variedad de pasiones: el amor hacia la belleza creada por el hombre o la mujer y el amor por la Naturaleza. Entre los siglos XVII – XVIII, se afirmó y tomó vigor otro amor: el de la búsqueda de la verdad y de las leyes fundamentales del Universo.
Hemos tenido, por tanto, un amor que es voluptuosidad, un amor que es caridad, un amor por lo bello, para ser contemplado y como fuente de creación y por último   amor por la sabiduría.
Estos amores no se estorbaron unos a otros, no se negaron recíprocamente y han venido conviviendo durante muchos siglos a través de distintas hegemonías.
¿Qué nuevo amor ha surgido y florecido en nuestro tiempo? No logro verlo, entenderlo ni presentirlo. A mi modesto cavilar, creo que el amor dominante entre las últimas generaciones, por desgracia, es el de hacerse de riquezas y por ende, tener máquinas y aparatos modernos a su alcance, ya sea en el hogar, en tecnología de comunicaciones, el automóvil... pero ni siquiera de esto estoy seguro. Temo que los humanos,  no amen ninguna cosa en el sentido fuerte y perfecto de las pasadas edades. Primero  amaron los hombres a las mujeres, después a Dios, luego la belleza, más tarde la verdad, que es otro tanto digna de amar, en diversa medida del alma humana.
Pero si la verdad del hombre, hoy, es que se haya limitado en gran parte a amar solo aquello  que le produzca rentabilidad monetaria, o a los ruidosos mecanismos de acero, que solo sirven para aumentar la rapidez de movimientos y por tanto “correr hacia la muerte” (aunque según Dante es la vida) me parece que habría alguna razón más para estar poco orgulloso de vivir en este siglo presente.
Eso sí, esas excepciones, que las hay, afortunadamente, me hacen pensar, quizás muy optimista, que en próximas generaciones el mundo será mejor, si los insensatos de ahora no lo destruye antes.

© Federico Serradilla Spínola, febrero  2011

1 comentario:

  1. Sin palabras, creí que era una de las pocas personas que lo reconocía y no me adaptaba, pero afortunadamente veo que no.
    Se podría decir más, pero ¿para qué?...

    Un beso grande-grande.

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