sábado, 24 de julio de 2010

VII Velada Teatral en la Ermita de San Juan de Alanís


Nuevamente y sin faltar a su cita anual con el público incondicional de Alanís, el pasado sábado día 10 de Julio, los componentes de la compañía teatral local “AL-HANIZ” volvieron a superarse en su bien hacer interpretativo con una función doble, con dos obras totalmente distintas que entretuvieron e hicieron reír a todos los asistentes a dicha representación.

Si doble merito tuvo la compañía en su actuación, no menos fue el de la asistencia de un público que completó el aforo sobradamente y tuvo que soportar una tarde de calor riguroso, tanto en la subida a la Ermita de San Juan, como dentro de esta, ya que la temperatura, a pesar de ser las diez de la noche, no bajo en ningún momento de los 30 grados centígrados

Y triple merito para parte de este público, que fueron las personas de la tercera edad que no desearon perderse, bajo ningún concepto, la actuación de Soraya Falcón y Pepe Morales, junto a su compañía teatral, ya que en la primera de las obras: “Ganas de Reñir”, un sainete de los Hermanos Álvarez Quintero, la pareja demostró su maestría en el escenario haciendo que todo el público se divirtiese de lo lindo.

La segunda obra no lo fue menos: “El Parque de María Risa”, de José Cedena. En la que todo el elenco artístico de la compañía ejecutó con gran éxito y unas dotes escénicas excelsas, tanto el grupo de niñas como los mayores, que colmaron de arte las paredes centenarias de la Ermita de San Juan. Nuevamente, los antes mencionados Soraya y Pepe, nos demostraron su capacidad de cambiar de registro y de función en una misma noche y en dos actuaciones totalmente distintas.

Mi más sincera enhorabuena a todos ellos y darles las gracias por hacernos olvidar por unas horas los problemas que nos acucian, y por sumergirnos en el mundo de la fantasía y de los sueños del género teatral. También deseo animaros a que sigáis sin cejar en el empeño de divertirnos con cada actuación y de continuar entreteniendo a unos paisanos y foráneos seguidores incondicionales vuestros, y a la postre, totalmente gratis, que en los tiempos de crisis que corren los bolsillos lo agradecen. Eso es lo que verdaderamente se llama trabajar por amor al arte, a pesar de los gastos que les suponen, a cada uno de ellos en atrezo, desplazamientos y ensayos continuos sin ningún tipo de remuneración. Aún así siguen demostrándonos que forman una piña y que son una gran familia que no dejan de sorprendernos cada vez que se corre el telón y ejecutan cada uno su papel con gran soltura y gracejo. Felicidades.

Alberto Fernández Antúnez. Julio de 2010

lunes, 19 de julio de 2010

Yo creo

Creo poder hacer todo lo que me proponga.
Creo que puedo ser el mejor o el peor en todo.
Creo que, simplemente por el hecho de existir, ya puedo hacer cosas maravillosas.
Creo que tengo toda una vida por delante para vivirla.
Creo que tengo la obligación moral de no dejar que la vida me pase sin vivirla.
Creo que todos/as somos capaces.
Creo que hoy puede ser un día especial.
Creo que menos hablar y más hacer es una buena filosofía.
Creo que quiero querer.
Creo que puedo hacer lo que me dé la gana, ¿quién me dice lo contrario?
Creo que no tengo que pedir permiso a nadie para avanzar.
Creo que las personas tenemos un poder infinito.
Creo que la suerte se busca y la desgracia llega.
Creo que no hay levantada sin caída.
Todas estas frases ella no era capaz de pensarlas, cuando entré en el autobús mis ojos se clavaron en su mirada, ella pedía a gritos sin hablar un abrazo, cuanta gente lo pide a diario. Ella pedía perdón con su expresión, perdón por ser de pueblo y venir a la ciudad, perdón por llevar una vida miserable, perdón por ser demasiado humilde, perdón por estos momentos malos que estaba pensando. Era un día lluvioso y yo me puse a juguetear con los cristales empañados de vaho, la miré y rápidamente mi mente pensó muchas cosas, ¿de dónde sería?, ¿cuál era su nombre?, ¿qué hacía en esta ciudad?, ¿hacia dónde se dirigiría?... ¿Se puede enamorar alguien en un segundo? La miré y escribí “CREO EN TI”, me bajé en la parada y caminé hacia mi casa, justo antes de doblar la esquina escuché un susurro, cuando me volví allí estaba ella, nos abrazamos y nos besamos sin decirnos nada, hicimos muchas cosas sin decirnos nada, aún hoy después de casi veinte años juntos hay días en los que no tenemos ni que decirnos nada.

© Arturo Fernández Diéguez, julio 2010

martes, 13 de julio de 2010

Aquellas tardes de mayo

Con la mirada turbada por el sopor de las tardes de mediados de mayo, en el aula de octavo de aquel Alfonso Orti de 1982, poco antes de cantarle con flores a la Virgen en el patio de columnas del exconvento y a unas semanas del Mundial de Naranjito; Don Antonio Buiza impartía Literatura a toda aquella jauría de adolescentes que, a esas horas y en aquellas fechas, solo pensábamos en salir por la puerta de la clase para ir a bañarnos al Molino del Jorobado. Intentaba abrirnos los ojos, en todos los sentidos, sobre la magia que derrocharon, a veces con sangre, los poetas del 27. Radiocasete en ristre, las trémulas cuerdas vocales de Serrat adornaban el aire cálido y somnoliento de la clase con letras de Antonio Machado y de Miguel Hernández. Seguían mis ojos los poemas sobre el libro, intentando acompasar con mi voz los acordes de la del trovador de Barcelona. Aquellas letras de aquellas tardes me acompañarían siempre en la memoria y, sin saberlo, en cierto modo marcarían mi vida. No sé si fue aquella Elegía a Ramón Sijé de tierra de difuntos y almendro nacarado, o aquel mundo del Españolito al que llegábamos con los corazones abiertos de par en par, inocentes, Para la libertad; o aquella Saeta, que resultó no serlo… Fueron todos aquellos versos labrados en Campos de Castilla, entre Las nanas de la cebolla y El niño yuntero, entre dificultades, penurias y balaceras (que diría Victor Jara) que me fascinaron hasta el punto que hoy siguen rondando mi papel y manchándose en mi tinta entre los versos que yo escribo. ¡Quién lo iba a decir, Don Antonio!

Hoy me llega una carta en la que un editor me pide permiso para publicar un soneto que el corazón de Miguel Hernández escribió con mis manos hace tres meses, cuando todos lo recordábamos por el aniversario de su muerte, en el año del centenario de su nacimiento. Este soneto resumió a catorce versos las innumerables desdichas que lo acompañaron durante toda su corta vida. Lo dejo en este blog de amigos, antes de que lo puedan leer todos.

A Miguel Hernández

La vida te alumbró en su chozo austero
ausente a la labor de la cultura,
pastor de soledad, tu dentadura
rechinó a tu destino de yuntero.
Del surco seco, a golpe jornalero,
tu mano apalabró en la agricultura
la voz de libertad, con la armadura
que cruje el yugo al cuello temporero.
Mordió tu verso el llanto de la muerte,
saló tu huerto el mar de la amargura,
como el rayo, al que amó por sus canteros.
Siguió tu estrofa ciega de tu suerte,
huérfano de piel, fuerte de ataduras
te halló, inocente, tu sepulturero.

© Leopoldo F. Espínola Guzmán, marzo de 2010