lunes, 22 de marzo de 2010

¿Por qué te odian?



¿Por qué así, Jesús mío,
te odian y persiguen los mortales?
¿Qué loco desvarío
impulsado por furias infernales
el blanco te hace ser de su odio impío?
¡Tú, por nuestra ventura maltratado,
tras de habernos con sangre redimido,
aún te ves de los templos arrojado…
en efigie arrastrado
y en Santo Sacramento escarnecido!

Tu doctrina bendita,
faro de la moral más elevada
de la escuela española fue proscrita,
siendo su luz divina suplantada
por vaciedades de impiedad maldita…
Y hasta tu imagen pura,
freno de ideas, frases y deseos,
provocó la grotesca rasgadura
de la pseudo-docente vestidura
con que visten su error los fariseos.

Y de escuelas y centros oficiales,
fuiste, Jesús, quitado
juzgando ya anticuado
orientar hacia rumbos eternales,
a los pobres y míseros mortales.
Después, como tristísima secuela
de diabólicas artes,
tras de haberte arrojado de la escuela,
te arrojaron, Jesús, de todas partes.
¡Y hasta el templo de altar bendito
fuiste quitado con furor maldito!

¿Por qué, Jesús amado,
eres tan perseguido y tan odiado?
¿No eres Tú la bondad aquilatada?
¿La verdad omnisciente?
¿Nuestra existencia airada
no prende de tu mano omnipotente?
Si el perseguirte a ti con saña impía
es caer en el caos y la anarquía,
¿por qué odiarte, Señor? ¿No es gran vileza
que, vanidosamente
sueñe un pobre impotente
imperios infalibles de grandeza?

¡Perdón, Jesús divino!
¡Perdona si tu España
oficialmente equivocó el camino,
y sin rumbo ni tino
te ha perseguido con infame saña!

Vuelve, sí, Jesús mío,
a mostrarnos tu faz que el amor vela
caldeando el ambiente laico y frío
que en odio a ti llevaron a la escuela.
Vuelve a abrirnos tus brazos redentores
en la cruz venerada,
y que beban nuestros educadores
de la Ciencia inigualada
que difundes con altos resplandores,
el brillo celestial de tu mirada.
¿A qué imponernos tanta ciencia extraña
con infernales artes?
Si Tú, venciendo de Luzbel la saña,
reinarás en España
con más veneración que en otras partes. 

Leopoldo Guzmán Álvarez, octubre de 1936
(1885-1971, q.e.p.d)

jueves, 18 de marzo de 2010

Soliloquio


¿Dónde vas, alma mía
en pos de las dulzuras?
¿No sabes cuán falaz es la ambrosía
con que el mundo
seduce a las criaturas?

¿Por qué te apartas, alma, del camino
que tu Creador dispuso,
y con numen obtuso
y desamor supino,
del bien rehúyes tu leal destino?

Si tu origen es Dios, como buen hijo,
Él debe ser tu fin, alma cristiana.
Que no hay guión más fijo,
que el del amor que emana
de su Ciencia divina y soberana.

Creada y redimida,
fuiste, alma, por Dios, y suya eres.
Y al marchar en la vida,
no lo debes cambiar por los placeres
con que el mundo convida.

¿Qué valen las riquezas,
dulzuras, bienestar y honor terreno
para la salvación? ¡Qué gran torpeza
es, alma, no seguir el plan sereno
del humilde y glorioso Nazareno!

Déjale al vanidoso
su engañado vivir en la opulencia.
Él se cree ser dichoso
con la falsa creencia
de que gozar no es lastre en la conciencia.

Tú, alma, no rehúyas
las punzadas sentir del sufrimiento
sobre la frente tuya;
que es bella perla fina
cada gota de sangre en cada espina.

Turba de tal manera
el mandar y el ser rico a los mortales,
que les hace vivir en la ceguera
de que esa es la escalera
para alcanzar los reinos celestiales.

Sea, alma, tu anhelo,
poner corazón y tu tesoro,
en la paz con tu Dios, y allá en el cielo,
hallarás cuanto vale más que el oro
en tu cuenta postrera,


devolviendo a tu Dios, cuanto Él te diera.


Leopoldo Guzmán Álvarez (1885-1971, q.e.p.d.)

domingo, 7 de marzo de 2010

A mi tierra



Eres  la tierra divina  
Eres la amante del sol
Eres la flor clavellina
En la tarde de arrebol.

Cantando vas tu hidalguía
Cantando vas al amor
Cantando en bella  armonía 
Que dulcifica el dolor.

Te lloro cuando me ausento
Te admiro por tu grandeza
Te adoro por tu belleza.
Te entrego mi  sentimiento.

Por tus noches luminosas
Las estrellas y la Luna,
Han de sentirse envidiosas
Porque como tú ninguna.

Ocho tus provincias bellas,
Málaga y sus peteneras,
Granada entre las estrellas
Jaén de olivos primera,
Almería, la doncella,
Huelva la marinera,
Córdoba, sultana ella,
Cádiz  la piconera
Y Sevilla,  toda ella,
¡Reina de la primavera!

Trozo divino de España,
Por todo tu señorío,
Hoy, desde Alanís, tu espadaña,
Te canto con alegría:
¡Viva! ¡Viva! ¡Andalucía!

(c) Federico Serradilla Spínola, 28 febrero 2010