domingo, 28 de febrero de 2010

MI SENTIMIENTO ANDALUZ


Llevo varios días dándole vueltas a Andalucía. Le he dado vueltas de izquierda a derecha, de arriba a abajo, la he buscado en foros, en libros, en redes, en música, en poemas, en expresiones, en casas, puertas, en corrales y en cal.  Hoy, a un día de la celebración política, que no popular (esta fue un 4 de Diciembre) de nuestro día grande, me reconozco en mí y la busco adentro.
Mi Andalucía es raíz enconada, es tierra nacida hace miles de años, es tierra sufrida, peleada, ninguneada, tierra que grita y calla, tierra que llora y canta, que se levanta, pelea y se rebela contra aquél que la ofende.
Y uno la busca cuando está afuera. Cuando estaba lejos la buscaba en los olores, en el blanco de sus casas, en los azules de sus cielos, buscaba horizontes perdidos y golondrinas en los balcones, buscaba macetas y lunares, la buscaba en el jaleo de su gente, en el griterío, en el jolgorio, en la fiesta, pero también la buscaba en el trabajo, en el esfuerzo, en la lucha, en la innovación. Había épocas que incluso la buscaba en las matrículas de los coches, en un anuncio de televisión, en un cante de la Jurado, en las letras de una comparsa, la buscaba en Machado, Lorca, Juan Ramón, en Carlos Cano, Antonio Gala, en Blas Infante… y en Caparrós. Pero también la buscaba en mi madre, en mi padre, en mis abuel@s, en mis vecin@s, en l@s jornaler@s y l@s señorit@s, la buscaba en sus plazas, buscaba torres que se parecieran a la Giralda, mezquitas de cartón y murallas de alcazabas, buscaba aguas saladas y montañas nevadas, buscaba olivos, y de vez en cuando me metía las manos en los bolsillos para ver si aparecía un puñadito de arena de mar y, en las noches, soñaba verde, mucho verde.
De  tanto y tanto buscarla me di cuenta que la quería más de lo que yo pensaba, que me reconocía en ella fuera de ella, que sí, que “yo soy andaluz antes que español, y dejo a un lado la política al decirlo. Y ese ser andaluz, en mí, es un sentimiento, un sentirse diferente entre tanta y tanta era de la globalización, es una emoción que hace que la carnecita se te ponga de gallina y un escalofrío te recorra todo el cuerpo cuando estás lejos de ella, e inevitablemente la buscas. Y ahora pienso que cada uno de nosotros/as tiene que empezar a buscarla, pero dentro, no fuera. Los andaluces y andaluzas sabemos mucho de búsqueda, también de libertad y de represión, de conformismo y rebeldía, de igualdad y diferencias, y  en esas diferencias en donde está nuestra verdadera riqueza. Todos somos andaluces/as, y tendríamos que enorgullecernos de serlo, levantar la bandera de nuestro pueblo y subir nuestra cabeza bien alta para gritar: ¡Viva mi Andalucía!

© Arturo Fernández Diéguez, 28 de febrero de 2010

viernes, 26 de febrero de 2010

ANDALUCES


En estos días los andaluces celebramos el 28F, el Día de Andalucía. Lo normal hubiera sido escribir sobre lo que significa este día, del orgullo de ser Andaluz. Recordar qué somos, y quienes somos, nuestra Historia, con épocas de inigualable esplendor, ejemplos de sociedades tolerantes, con las razas y religiones más dispares del mundo conocido conviviendo en armonía; nuestra Cultura, con el Flamenco como gran estandarte, arte sublime hoy admirado en el mundo entero, nuestra artesanía, o nuestros artistas, algunos de los más venerados poetas y pintores de la historia de la Humanidad. Todos andaluces, los habitantes de Tartessos, de la Bética, de Al-Ándalus, los Murillo, Velázquez, Machado, Lorca, o Camarón, todos andaluces. 
De eso me hubiera gustao escribir hoy, del orgullo de ser andaluz y  hablar siempre Andaluz, esa forma tan desprendida y libre de hablar que sólo poseen los andaluces, tan maltratado por algunos, empeñados en pronunciar vocalizando correctamente, porque creen que es un  “castellano mal-hablao”, cuando en Andalucía se habló el Latín antes que en cualquier zona de “Castilla”. De eso quería escribir, de que aun teniendo razones de sobra para ser considerada una nación, no nos interesa el nacionalismo, tan ansiado por algunos, porque entendemos el hecho de nuestra territorialidad de una forma desprendida, no como un hecho diferencial, el ser andaluces nos universaliza, y eso puede que sea nuestro verdadero signo de identidad, aquello de "por sí, por España y la Humanidad”. 
El problema, es que es difícil escribir de festividades y orgullos cuando ves que seguimos siendo una tierra castigada. Castigada por esta crisis, que se ceba especialmente con esta tierra, que deja a casi la cuarta parte de la población activa en el paro. Castigada por un temporal que deja a miles de familias sin hogar, que ven cómo en cuestión de horas la crecida de un río se lleva aquello por lo que llevas luchando una vida. Crecida de un río que tanto nos ha dado, el Guadalquivir y sus afluentes, que sube de nivel por el desembalse de los pantanos, en una tierra, Andalucía, siempre tan necesitada del preciado elemento, ¡vaya triste paradoja!. 
Para todas esas familias, de Jaén, Córdoba, Sevilla, Cádiz, Málaga,...  para ellos, deseando que recuperen pronto la normalidad, que las ayudas lleguen rápido, para ellos van estas líneas, porque también el 28F es su día, porque también son Andaluces.

Alberto Gómez Rojas, 28 de febrero de 2010

lunes, 15 de febrero de 2010

ECOS TRISTES (II)



IV

Me miras con tus grandes ojos, pequeña,
con tus grandes ojos
abiertos de par en par.
Tus fijas pupilas parecen hablar.
Tan sólo yo, sólo yo,
sé que están llenos de preguntas, pequeña,
llenos de preguntas.
Me miras y preguntas,
sonríes y preguntas,
gesticulas y preguntas;
y yo, pequeña, yo,
no te puedo responder,
no te sé responder
a la pregunta de tus ojos,
de tu sonrisa, de tu llanto, de tus gestos.
Todo tu mundo son preguntas,
incógnitas, futuro a desvelar.
¿Qué quieres que te diga?
Mis ojos, pequeña, mis ojos,
solo te pueden responder con amor.
Otras preguntas, pequeña, otras,
no tienen respuesta.

© Luis Narbona Niza, revista de Feria 1987

viernes, 12 de febrero de 2010

"De súbditos a ciudadanos, la gran transición" de Federico Mayor Zaragoza


Dice de los andaluces que ha aprendido mucho de su arte, y que admira su manera de ser,  de pensar, y de actuar. Este barcelonés, doctor en Farmacia y catedrático en Bioquímica, hijo adoptivo de Granada, por su vinculación con su Universidad, e Hijo Predilecto de Andalucía, llegó a ser Director General de la UNESCO durante 15 años, y actualmente es Presidente de la Fundación Cultura de Paz.


Es difícil hoy día, en que los medios (prensa, radio, televisión, Internet, etc.) están tan agresivos y politizados, en los que el insulto y el afán de poder es lo que prima, encontrar opiniones constructivas, que realmente aporten soluciones, y este hombre lo hace además con la claridad y la sencillez que sólo alguien con una gran inteligencia es capaz de dar, sobre los temas globales más actuales e importantes, tanto políticos, como sociales, económicos, etc.

Si tenéis unos siete minutos, y no os da pereza, leer el artículo que hoy escribe en El País sobre la educación como la única herramienta y solución ante los nuevos desafíos a afrontar, a nivel global, aunque yo creo que puede aplicarse a lo local, y el cambio que ha de llegar, la movilización a través de la previa reflexión, participando en ella sin obligaciones de pertenencia a unos líderes o ideologías, venciendo el miedo con la palabra, es interesante.
* Y si os interesa ver más opiniones y reflexiones suyas sobre temas globales políticos, sociales, etc. tiene un blog, que lo llama La fuerza de la palabra.

                                                                                  Alberto Gómez Rojas

martes, 9 de febrero de 2010

El último escenario

(A la familia Picazo con todo mi cariño)
El sábado pasado, toda su familia, los parientes y gran cantidad de amigos, dimos sepultura en la villa de Gines a UNA GRAN SEÑORA DE LA ESCENA. Doña Teodora Picazo Sánchez “DORITA PICAZO” en el mundo del Teatro. Nació, como todos sus hermanos, en el seno de “Los Cómicos de la Legua”. Sus padres, extraordinarios actores, mis siempre recordados tíos Eugenio y Paca, llevaban el Teatro en la sangre y lo impartían de pueblo en pueblo. Primero andando, después en carro tirado por bestias, para los pertrechos, decorados y ropaje (la compañía seguía a pie). Y así, hasta conseguir su propio local ambulante, maravilloso Teatro una vez montado. Lo trasladaban en un gran camión, también de su propiedad. Así como un microbús para La Compañía. Tras grandes sacrificios, por fin, ¡lo consiguieron! Cosecharon grandes triunfos por toda Extremadura, Ciudad Real y Andalucía. Y muchas veces por Alanís, cuna querida de nuestra Asociación Literaria, donde publico esta sentida semblanza. Hablar de esta gran familia de actores, sumaría muchas páginas. Hoy, me quiero remitir sólo al acto de ayer. En el que me atreví a manifestar en público, con todo el desgarramiento y tristeza que produce enterrar a un ser maravilloso y en presencia de sus hijos: “ESTE ES EL ENTIERRO MÁS BONITO QUE CONOCÍ EN MI VIDA.” Su hija Fabiola (Licenciada en Derecho, prestigiosa profesional) leyó del Evangelio y de su propia cosecha le dedicó una plática maravillosa, donde hablaba de sus siempre grandes sacrificios y especialmente, en los años duros de este país (los cuarenta, cincuenta...) Como profesional, como hija, esposa, madre, hermana y abuela. Un nieto le dedicó una sentida plegaria, cantando y a la guitarra, a modo aflamencado. La misma Fabiola, con un estilo depurado, también le cantó. Y me atrevería a asegurar que no sólo nos estremeció a todos los asistentes, sino que hasta la propia Iglesia se estremecía. Y así, paso a paso, hasta el cementerio de San José. Al hijo mayor, Arturo, le faltaban palabras, aún siendo un gran dominador de ellas, para consolar a su padre e intentar llevarlo a casa y evitarle el último e inevitable mal trance. Mas no fue posible.

Hasta el propio Párroco, ante tanto amor, y tanto perfume de arte que inundaba el templo, convertido en un improvisado actor, dirigiéndose al féretro se pronunciaba: “Teodora, tú no has muerto, estás viva, en EL ÚLTIMO ESCENARIO, el mejor que jamás pisaste. El más grandioso, el más bonito y el de más arte. Con el mejor público arropándote, que llena este Templo hasta la calle y que tal vez nunca soñaste. Tus ocho hijos que te adoran, como toda su familia, tu fiel y amante esposo más de cincuenta años ya. Tus hermanas, tus parientes y toda la gran familia que forman tantos y tantos amigos. Así que, nuestra querida Teodora, has de sentirte en estos

momentos, enormemente feliz, porque todos los grandes sacrificios, en tu larga vida, hoy, con todo el amor del mundo, te lo recompensan los tuyos y tanta gente que llenan a rebosar este, tu mejor teatro, con el más maravilloso escenario. Y sé que es así, porque tú me lo estás trasmitiendo”

No es totalmente literal lo narrado. Estoy haciendo un esfuerzo de memoria, ya muy gastada, también por los muchos años vividos gracias a Dios. Y quizás, como un designio del Cielo, ayer mismo, DORITA, recibía un homenaje especial. Por la noche se proyectó en televisión la gran película VIAJE A NINGUNA PARTE, del extraordinario Fernando Fernán Gómez, el más fiel reflejo del Teatro en aquellos duros años. Haciéndome revivir, cuando yo era un niño, la alegría de los encuentros con “los primos Picazo” como, con tanto amor, decía mi padre. Por último, pues habría mucho que hablar sobre este acto, os diré que, al despedirme de Paco Lastra, su esposo, extraordinario actor-director, no atinaba como hacer para consolarle. Sentado en su silla de ruedas, con una gran pena, con mucho amor y a su vez con enorme dignidad, clamaba: ¡Adiós mi querida compañera del alma! ¡Yo me quiero ir contigo! ¡Qué triste me dejas!...¡Adiós, adiós, adiós... Le cogí las manos, que estaban muy frías, se las apreté y en un fuerte abrazo le dije al oído... ¡PACO, TE QUIERO!

Federico Serradilla Spínola, 6 de febrero de 2010

lunes, 8 de febrero de 2010

Mundos de nadie (1)


DE VUELTA
En la noche larga
rompiendo amarras,
navegué por los abismos
insondables de tu alma.
Al no encontrar
en la antesala
de tu cuerpo gris
respuesta clara,
volví a mi lecho rojo,
¡única opción dada!

SOÑANDO
Para vestir mi muerte
pedí permiso a la tierra.
Todo estaba inerte.
No hubo respuesta.
Decidí viajar desnudo,
tras el metal que imanta,
portando, solo un nudo,
silencio de garganta.
                          LUNA Y SOL          
Luna azul de madrugada,
brillante acero filo de daga.
Déjame caer en el olvido,
en una fiebre, tenue aletargada.
Que cuando el sol despierte,
tape mi frío, agostando
mi silencio. Mi muerte.


Federico Serradilla Spínola, agosto de 1997

domingo, 7 de febrero de 2010

A vueltas con el clima


Sigo con mi particular batalla contra el cambio climático y retomo el hilo del articulo que escribí a finales del pasado octubre, donde hacía ciertas reflexiones acerca del comportamiento de la madre naturaleza últimamente.
Si lo recuerdan, era ya pleno Otoño y estábamos en camiseta y pantalón corto. Pero no quedó ahí la cosa; sufrimos unas temperaturas altísimas hasta la primera semana de Diciembre, tanto de noche como de día. Y como ya insinuaba en mi anterior articulo, de forma drástica y sin avisar, llegó el invierno, y lo hizo a mala idea. Con toda su crudeza y embistiendo cual Miura contra el capote de Morante de la Puebla en el ruedo de la Real Maestranza. Casi dos meses de intensas y continuadas lluvias, temperaturas, en algunos casos, llegando a rozar los fríos siberianos; vientos, tormentas…, y una nevada histórica el diez de enero, que ni los más antiguos del lugar recordaban una similar. Dejó estampas de indudable belleza para deleite de todos, pero nos incomunicó durante varias horas por carretera. Como era domingo, quedaron atrapados más de un centenar de visitantes que se tuvieron que alojar en casas de vecinos (prestos a socorrerlos), en el gimnasio y en otras dependencias municipales. No les quedó más remedio que pernoctar de la mejor manera posible hasta la mañana del lunes, en que se recuperó la normalidad.
Pues bien, es hora de extraer algunas conclusiones. Lanzamos la moneda al aire y sale cara (o lo que es lo mismo, beneficios): un manto verde de hierba fresca que llena de esperanza a los ganaderos de la zona. Por fin van a poder alimentar el ganado de forma natural y reducir los costes en piensos, recuperando así, en cierto modo, sus maltrechas economías tras haber tenido que mantener sus piaras durante muchos meses a costa del bolsillo. A su vez, regajos y charcas llenas, veneros manando agua generosamente, ahorrando el transporte con cisternas, cántaras o pipas.
Fuentes como la de Santa María, San Pedro, Las Pilitas, El Pilarejo y tantas otras, alegrando con su cadencioso soniquete el oído y con sus cristalinos chorros la vista de todo buen amante de la naturaleza. Esta es la buena cara del temporal, a Dios gracias.
Ahora demos la vuelta a la moneda y nos toca ver la cruz: destrozos en estos mismos campos. Sobre todo alambradas, cercas, muchas de ellas de piedras (centenarias algunas). Muchos carriles, caminos y sendas han quedado impracticables. Accesos a olivares, cortijos y explotaciones ganaderas o agrícolas en plena recogida de la aceituna, con el perjuicio que eso supone. Los jornales de los habitantes de un pueblo que sobrevive del campo y de la cosecha de la oliva, principalmente, perdidos en plena crisis. Por no hablar de los daños sufridos por el viejo colegio, que ha tenido a los niños una buena temporadita sin clases, y a la población en vilo con las arriesgadas y valientes demandas a las administraciones de un centro que lo sustituya.
Por todo esto, debemos poner los remedios suficientes para frenar la contaminación, la devastación, la destrucción de la naturaleza y así evitar que el clima sea tan extremo en sus comportamientos. Debemos dejar un planeta sano a nuestros hijos e hijas, como el que heredamos de nuestros abuelos. No apuntemos en nuestro expediente el demérito de dejar un basurero en lugar de un planeta, un mundo herido, podrido, enfermo... Pongamos los medios que estén a nuestro alcance para que esto no suceda, antes que la historia cuelgue en nuestro cuello la soga del remordimiento por nuestros actos y nos siente en el patíbulo como culpables de tanto desastre.


© Alberto Fernández Antúnez, febrero de 2010 

miércoles, 3 de febrero de 2010

QUE ANDALUCIA SE ENTERE

Que en un pequeño pueblo de la Sierra Morena sevillana, sus gentes, niños y mayores se encuentran en lucha.

Que al parecer, según nuestros gestores las reivindicaciones de ALANIS DE LA SIERRA no tienen sentido. Que desde hace más de una década está proyectado el nuevo centro educativo para la localidad, pero que todo quedo en aguas de borrajas cuando se acabo el presupuesto destinado a su construcción.

Que Alanís a pesar de no llegar en la actualidad a los dos mil habitantes tiene doscientos cincuenta niños escolarizados, los cuales saltan y juegan en un recinto al que mal llamamos recreo, ¡que mas quisieran ellos!, si solo se trata de una antigua calle donde entran y salen vehículos de sus cocheras y garajes y donde sueñan con tener una pista polideportiva algún día, y una biblioteca o una sala de informática o un salón de actos para sus teatros y representaciones.

Esos son los sueños de nuestros hijos, y la incertidumbre de los padres y maestros del actual colegio al observar que en el mismo las medidas de seguridad brillan por su ausencia.

En estos días en los que mi pueblo se desgañita pidiendo soluciones se me vienen a la mente las letras de nuestro querido Carlos Cano cuando entonaba en notas de blanco y verde la Murga de los Currelantes y así cantaba “el mecanismo tira pa`lante de la manera más bonita y popular, se acabe el paro y haya trabajo, ESCUELA GRATIS, medicina y hospital, pan y alegría nunca nos falte, que vuelvan pronto los emigrantes, haya CULTURA y prosperidad”. Pues treinta años después un pueblo andaluz vuelve a enarbolar la bandera para pedir una educación digna para sus hijos, tal y como pregonaba Carlos con sus coplas por Andalucía, ¡Parece mentira!

QUE ANDALUCIA SE ENTERE, que después de tantos años en ALANIS DE LA SIERRA no hay una escuela digna y segura para nuestros niños y niñas.

Sergio Gallego Delgado, febrero de 2010

lunes, 1 de febrero de 2010

¿Sólo somos profesores?

Para ser profesor hay que tener vocación, como en la mayoría de las profesiones, ¿podría ser cirujano aquel que le aterra la sangre? ¿o piloto de avión el que tiene miedo a las alturas? Nosotros no podríamos ser profesores si no nos gustase enseñar, comunicar y relacionarnos con los chicos y chicas. Es más, yo me atrevería a decir que el profesor nace aunque, poco a poco, también se hace.


Pero la pregunta que yo lanzo es ¿sólo somos eso, profesores? Esta pregunta, que trae como consecuencia el desarrollo de este artículo viene como una inspiración tras la afirmación que nos hizo un profesor, Joserra Villalba, en el Foro Cafetería de un curso llamado “La comunicación en el aula”: “No sólo sois profesores”.
Si lo analizamos bien, en el instituto en el que trabajamos siempre tenemos otro cargo que, por supuesto, al ser los últimos “monos” de la compañía, no será ni el de jefe de departamento ni coordinador de un proyecto, ni mucho menos, un cargo directivo, seremos tutor/a. (Aunque siempre habrá excepciones)


El ser tutor es como ser camaleón, pues según el momento y la situación te transformas en una persona u otra, ¡hacemos de todo!, lo único que nos falta es hacer de mascota, aunque todo se andará.


Comenzamos siendo anfitrión el “día de la presentación”, los recibimos, les damos la bienvenida y ahí tomamos el primer contacto, les exigimos nuestras normas, haciéndonos los duros, pero a la vez les abrimos nuestro lado maternal, haciéndoles ver que somos su segunda madre en el instituto a la que pueden recurrir para todo (¡Dios mío, si hubiera que darle de comer a todos!). Después tomamos información de ellos a través del propio alumno, de otro profesor, de su expediente, de sus familiares, y nos convertimos en auténticos detectives. Cuando te conocen más, a veces, te llegan con un problema familiar o propio de la edad (el novio que la ha dejado, que se ha ido de casa por una discusión,…) y te conviertes en confidente y psicólogo, dándoles consejos que, tú mismo, a veces no sabes ni como han salido de ti. Pero ahora llegamos a los resultados de las evaluaciones y vuelves a ser, más que madre, “padre regañón”, haciéndoles ver que tienen que espabilar, pero a la vez somos orientador: “debes cambiar tu método de estudio”, “debes organizarte mejor las tardes con las actividades extraescolares”, etc. Y cuando llega final de curso, te conviertes en su amigo, te hacen un regalo por tu labor y miles de fotos para colgarlas en el Tuenti, salvo aquellos a los que les has suspendido la materia, que serán tu enemigo para siempre, o por lo menos hasta que la aprueben. Pero es aquí cuando te das cuenta de que merece la pena ser tutor y sobre todo, profesor.


© Yolanda Sánchez, febrero 2010