miércoles, 15 de diciembre de 2010

Reflexiones sobre La Técnica (3ª Parte)


Rachel Carson


"Los pájaros ya no trinan en primavera, sus cantos empiezan a escasear como señal alarmante del envenenamiento de nuestras aguas y suelos. Productos químico-sintéticos empleados como insecticidas, lo han contaminado todo sin que nos apercibiéramos del desastre. Sólo el silencio de la primavera parece indicarlo". (Rachel Carson)



Es claro que la técnica produce grandes medios pero a su vez provoca grandes peligros. Sólo debiera ser un medio al servicio de la humanidad. Si todo es transformable, no todo debe ser transformado.
He procurado destacar las etapas más importantes según las distintas épocas, las repercusiones socio-laborales, tanto en sus momentos de degradación como cuando se producen cambios favorables para el hombre que ha de trabajar para su sustento y el de su familia.
Por mi avanzada edad, he tenido la ocasión de conocer como los molinos situados en las riberas, con la fuerza hidráulica y sus enormes piedras de granito, trituraban el trigo proporcionando una blanquísima y rica harina, con la que, tras un enorme esfuerzo físico, sobre mostrador de madera o piedra, se amasaban excelentes panes que tras guardar en grandes orzas, estas se tapaban con humedecidos paños blancos, así se conservaban en condiciones óptimas para consumirse hasta más de diez días después. Cómo el obrero agrícola, segador incansable "de sol a sol" realizaba su tan larga, durísima y agotadora jornada, a cambio de un pan y diez reales por día trabajado. Mujeres recolectoras de aceitunas, por casi una limosna, enfermas, embarazadas y jóvenes viudas de la recién terminada guerra civil... sobre la fría escarcha del duro invierno ¡Ay! aquellos años treinta y cuarenta...
Después, fueron llegando; las "amasadoras automáticas", los "hornos eléctricos", las "máquinas segadoras", " las modernas formas de recolección de la aceituna"... que redimieron de tantos trabajos incruentos, eso sí, a cambio de tener que abandonar el solar patrio y a sus mayores, llenos de tristeza, para buscar la subsistencia en otras zonas más desarrolladas. O en lejanos países extranjeros.
Y decía el filósofo Kortlandt:
"A principio de los 70, diferentes grupos de presión comenzaron a exigir que se prestase atención a la tecnología en los currícula escolares existentes. Algunos grupos justificaron este cambio aduciendo que haría que los estudiantes fuesen más conscientes de la importancia que la ciencia y la tecnología tienen para mantener una economía sólida, contrarrestando así la imagen negativa creciente de la industria -debida a sus impactos negativos sobre el medio ambiente. Otros grupos usaron estos impactos para justificar la necesidad de que se prestase atención a tecnologías alternativas y a una forma de vida ecológica precisa para sobrevivir a largo plazo.
La tensión entre las consideraciones económicas y las medioambientales motivó un debate público, que se centró primero en el futuro de la energía, pero que, muy pronto, se extendió a los impactos de los desarrollos científicos y tecnológicos sobre la sociedad, en campos como el armamento (nuclear), la tecnología de la información, la ingeniería genética, etc.".
Creo que, en la actualidad, los grandes dirigentes de este mundo, que nos ha tocado vivir, juegan un poco más a filósofos que a políticos perversos, en lo que se refiere a la reflexión. Quiero decir, que eso de lanzar aquí y allá una bomba atómica, (producto de la gran tecnología) se ha frenado; parece que por largo tiempo, preservando así sus propias vidas. Han pasado los tiempos de dirigir las grandes guerras fratricidas desde la "poltrona del palacio de turno". La tecnología llega hasta el último rincón. Esto ha hecho reflexionar mucho y bien a los dirigentes, antes de apretar el fatídico botón desde su lujoso despacho. Ahora, deberíamos desvelarnos por cuidar y preservar nuestra maravillosa Naturaleza e intentar vivir en paz. Eso sí, apoyados en la mejor TÉCNICA.

Federico Serradilla, diciembre 2010

Fuentes:
Silent Spring (1958) de Rachel Carson
Eijkelhof y Kortlandt (1988)

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