viernes, 28 de mayo de 2010

Viejos apuntes

El tren se aproximaba
panzudo, lento, chirriante,
bocanadas de humo soltaba
por su vieja chimenea ardiente.

Y, tras recorrer la vieja Extremadura,
desde Mérida hacia abajo,
parecía cansina su andadura
portando extraperlistas a destajo.

Oculto, con habilidad inaudita,
unos llevaban tabaco,
otros, aceite, pan o harina,
y, hasta curación bendita,
cajas de ampollas –penicilina-
descubrimiento heroico
de Fleming y su disciplina.

¡Ay! Aquel tren
de pobres vagones de tercera...

Década de los cuarenta
posguerra civil de locuras.

Silencios de muerte...
Fortunas y riquezas tan oscuras...

Yo, pobre “quinto”, perplejo,
con maloliente uniforme,
siempre la mente a lo lejos
buscando un mundo conforme...

Desperté al estridente silbido
y al canto del aguador...

“Agua rica de Guadalcanal”
“Tengo un tabaco divino”...
(oculto entre sus grandes manos)

“¡Oiga! ¿Es la Estación de Alanís?”
Sí, contesta un grácil y viejo republicano:
“La de un pueblo noble y gentil”.
Sonreí, saqué el rico bocadillo
de pan, chorizo y tortilla...

Enfrente, mientras mi hambre aplacaba,
una inocente y linda chiquilla,
su muñeca de trapo acariciaba.

Federico Serradilla Spínola, en el llamado tren de Mérida, 1949



2 comentarios:

  1. Precioso Federico, eres un encanto.

    ¿ Sabes ?, yo cogía el tren en Lora del Río, pero mis apuntes eran otros.

    Besitos mil, cuídate.

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