viernes, 14 de mayo de 2010

Ayer no, hoy sí.


Este incómodo recorte del 5% de media sobre el salario de los funcionarios, impuesto por el gobierno e incluido en el paquete de medidas, para evitar problemas mayores, que los ministros de Economía y Finanzas de la UE han instado a realizar al ejecutivo español, parece que ha sido el punto de inflexión para los sindicatos. O al menos eso es lo que quieren hacernos ver. Ya andan organizando una huelga, pero de funcionarios. El resto de los sufridores de esta crisis no merecen una huelga. O dicho de otra forma: ayer no había crisis y hoy si. Ayer importaban las fotos y hoy, de repente, importa la economía. Ayer no era necesario una huelga para protestar por los más de 4.000.000 de parados que se acumulan ya en España, o para protestar por la bajada de sueldos que llevan soportando, desde hace un año o más, muchos de los que aún conservan su puesto de trabajo en el sector privado español, y hoy sí. O no era necesario una protesta mayoritaria en favor de los autónomos que están cerrando sus pequeñas empresas e ingresando en la, cada vez más próspera, economía sumergida, por falta de mercado, por el aumento de los impagos; y hoy, de repente, si. ¿Alguien me quiere decir que ha cambiado entre ayer y hoy, a parte de que la crisis le haya tocado los c...uartos a otro sector laboral español? ¿De qué van estos raspacuartos? 
Tal vez lo único que les interese, a estos de las banderitas y las pegatinas, sea que, probablemente, pierdan las ayudas de la UE para la organización de cursos (inútiles en su mayor parte y totalmente prescindibles) de las que viven muchos de ellos. Tal vez lo que les preocupa sea que las empresas empiecen a mirar hacia los 300.000 Delegados Sindicales (uno por cada 39 trabajadores, la mayoría de UGT y CCOO), de los que 4.127 son liberados sindicales (que cuestan más de 250.000.000 de euros a las empresas españolas), o que el gobierno, enfile a los 42.944 Representantes Sindicales que hay en las administraciones públicas, entre funcionarios y contratados, la mayoría colocados a dedo en estos puestos (y vete a saber por qué dedo). Tal vez con esta huelga, que llega con un año largo de retraso, lo que quieran proteger sean sus culos calentitos y no los de los que pagan religiosamente las cuotas de afiliados a sus soberanos engaños durante años y años (120 €, más o menos, anuales por nada).
No es extraño que la afiliación a los sindicatos en España sea de las más bajas de Europa, solo un 20% de los trabajadores (incluidos los que están en situación de desempleo), muy alejada del 60% que se da en los países nórdicos -Suecia, Noruega, Finlandia y Dinamarca- o del 30 ó 40% de países como Bélgica, Holanda o Alemania. Con actuaciones como las que nos brindan en nuestro pais y cuando más falta hacen ¿quién va querer que esta clase acomodada e incompetente les represente?
España necesita una reforma sindical profunda, que pasa, primero por la mentalización del empresario y del trabajador, con una información precisa sobre derecho laboral a ambos y con anterioridad a que estos se introduzcan en el mercado de trabajo; y segundo, unos representantes sindicales que sean, política y económicamente, independientes de las empresas privadas y de los gobiernos y sus subvenciones. 
Y ya, puestos a pedir, que desaparezcan el PP y el PSOE, y dejen paso a formaciones políticas que gocen de más credibilidad y, sobre todo, libres de la manipulación de los grandes capitales, verdaderos responsables de los momentos de crisis que vivimos y de los que, por desgracia, nos quedan por vivir. 

Leopoldo F. Espínola Guzmán, mayo 2010

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