jueves, 24 de diciembre de 2009

Relato de Navidad en Alanís (hace mucho tiempo)

Hacía mucho frío y un vientecillo del Norte “que pelaba”. El párroco, con paso firme y muy ligero, currucado en su sotana y con la bufanda tapado hasta la boca, atravesaba la plaza. Se dirigía a la Iglesia para preparar y adornar el altar. En unas horas, se celebraría la Misa del Gallo. Al llegar a la puerta se encontró a una ancianita que, “arrebujada” en una raída manta apretaba a tres pequeñines, intentando guarecerlos de tan intenso frío. No eran del pueblo. El párroco jamás los había visto. ¡Hola señora! ¿Qué hace usted aquí y con estas pobres criaturas?... Verá usted Padre, íbamos por la carretera, nadie nos subía a su coche y como ya se hacía de noche, decidí que la pasaríamos aquí, hasta emprender de nuevo el camino. El cura les invitó a pasar dentro de la iglesia y les proporcionó calor y alimentos. Para la misa, a la anciana la vistió de pastora  y a los niños de pastorcillo, los colocó en el altar y les rogó que no se movieran. Lo hicieron tan bien que, los feligreses, llegaron a creer que eran figuras de cera construidas a tamaño natural. El Párroco en la puerta, despedía a todos los asistentes que, muy emocionados, le felicitaban por aquél logro.“Parece como un milagro” agregaban. Tras cerrar la puerta, el clérigo se dirigió al altar con el fin de aposentar a la anciana y sus pequeñines en la Sacristía. Allí no había nadie. Buscó por todos los rincones de la Iglesia y, ¡nada!
¡Habían desaparecido! Este buen cura no hacía más que meditar... Pues tendré que pensar como mis feligreses; ESTO HA SIDO UN MILAGRO.

© Federico Serradilla, Diciembre 2009

lunes, 21 de diciembre de 2009

El Gordo cae en Alanís


Sonaba nervioso el teléfono. Fui a la mesa y lo cogí. Dígame -contesté-
- ¡Que nos ha tocado la lotería, Antonio! Me dijo con voz medio quebrada mi cuñada Mari
- Pero….. ¿Cómo es eso? Cuéntame.
- Que ha tocado el gordo de la lotería en el pueblo, en la Hermandad de Nuestro Padre Jesús.
- ¿A quién más le ha tocado?
- Le ha tocado a medio pueblo. El premio está muy repartido.
- ¿Y cuanto nos ha tocado?
- Veinte millones para cada uno ¿Qué te parece?

Sentí como se me aceleraba el corazón y una especie de asfixia recorrió todo mi cuerpo. No pudiendo aguantar más ese estado de ansiedad, bruscamente me desperté. Entonces sentí una sensación de coraje, no sé, si porque todo había sido un sueño o tal vez porque yo no llevaba ninguna participación de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de Alanís.

© Antonio Pérez, diciembre de 2009

jueves, 17 de diciembre de 2009

El largo viaje de la Navidad

Llega la Navidad. Un año más nos anuncia el Adviento la venida de esta entrañable amiga que pasa por nuestros hogares dejando un sabor agridulce; y que, casi sin quererlo, nos ablanda el corazón para marcharse después sin dejar huella en su camino.

La Navidad, eterna viajera por el tiempo, aparece de nuevo ante nosotros, con su maleta repleta de contrastes. Turrones, luces de colores, villancicos contrastan con la melancolía y la nostalgia; y miles de deseos de amor y paz van quedando prendidos cada año en el aire navideño.

Esta visitante amiga no llega de la misma manera, aunque sí al mismo tiempo, a todo el mundo. Mientras en nuestra tierra la recibimos con la llegada de las primeras heladas invernales, en la otra parte del mundo son las calores estivales quienes le dan la bienvenida.

Santa Klaus y los Reyes Magos, luchan en dura competencia por llevar la ilusión a los más pequeños. Mientras el primero sigue colándose por las chimeneas en la mayor parte de los países europeos y americanos, los Magos de Oriente nos visitan en la noche mágica del cinco de enero a todos los españoles. Aunque poco a poco es el viejo del trineo quien va ganando terreno, adelantando esa magia a la noche de Nochebuena.

Mientras “suenan con alegría los cánticos de la tierra” en la Navidad del glamour, del derroche, de la diversión y la unión familiar; permanecen en silencio los corazones de aquella otra Navidad vestida con el crespón negro de la ausencia. Una Navidad sin colores ni sabores, donde solo queda espacio para la nostalgia y la soledad.

Un año más, nuestra eterna viajera del tiempo ha vuelto a hacer su maleta, recordando esos años donde en todos los hogares era bienvenida. Una lágrima recorre sus gélidas mejillas mientras avanza en el espacio y en el tiempo. Al llegar a la gran plaza de un pueblo se detiene ante el portal de Belén. Es sorprendente ver como sus figuras cobran vida. Mientras las aspas del molino giran sin parar, el agua del riachuelo corre entre montañas de corcho. No falta nada. El herrero, el pastor, el frutero; un espacio tan repleto de profesionales de la época, que casi no queda espacio para que el niño Jesús nazca entre pajas. Y la Navidad se detiene a contemplar como la gente entusiasmada se recrea ante tan magnífica obra de arte, sin que nadie se pare ante ella y se percate de su presencia. Se marcha desconsolada.

Sigue su marcha avanzando por una calle iluminada con luces de colores. Grandes escaparates donde las gentes se agolpan, en su ir y venir cargadas de regalos en una búsqueda incesante de algo nuevo que quizá solo exista en mentes saciadas. Ante ella, unos niños tocan la pandereta cantándole, y no se dan cuenta de que es la Navidad quien camina con ellos. Otra lágrima vuelve a dar calor a sus mejillas. Ahora se para ante una ventana adornada con luces que se encienden y se apagan. Un gran árbol de Navidad se divisa a través de los cristales. Allí conviven la alegría y el bienestar en una mesa repleta de lujos y manjares. Se da cuenta de que tampoco hay sitio para ella. Apenas le quedan lágrimas, las ha ido derramando todas en su camino. Será hora de volver sin que nadie se haya percatado de su llegada. ¿Habrá muerto la verdadera Navidad?

Inicia su camino de vuelta, ya no le quedan fuerzas, ni deseos, ni sueños en su maleta. En su triste retorno, avanza por largas calles vacías y oscuras. A lo lejos escucha el estallido de cañones de ese mundo sumido en el horror de la guerra. Allí no hay luces de colores, ni grandes escaparates. Nadie disfruta de manjares, ni se felicita por las calles. Solo el horror y la miseria se reflejan en los restos de los hogares destruidos y en las lágrimas de los supervivientes. Hombres que mueren injustamente, mujeres solas y maltratadas por el horror, niños que lloran de hambre. Ahora la Navidad sí ha encontrado su verdadero camino y vuelve a derramar sus últimas lágrimas. Abre su maleta cargada de sueños y los reparte. Quizá no sean suficientes, pero al mezclar sus lágrimas con toda esta gente ha conseguido tornar sus labios en sonrisa.

Antes de marcharse ha pedido su último deseo: iguales Navidades para todos el próximo año, aunque sabe a ciencia cierta que va a quedar prendido, como siempre en el aire del Adviento, ahora si tiene un motivo para volver. Aquí en este mundo perdido que grita sin que nadie lo escuche, ella ha encontrado su lugar y es aquí donde hoy ha florecido la verdadera Navidad.

© C. Sánchez, diciembre de 2009

domingo, 13 de diciembre de 2009

Microrrelatos navideños

Los microrrelatos son una forma de contar historias con pocas palabras, ideales por su extensión para los tiempos que corren, tanto para el que los escribe, como para el que los lee. A continuación os dejo un par de microhistorias que se me han ocurrido con la cercanía de la Navidad:

Visita Navideña

Me pareció que llamaban a la puerta:
-¿Quién es?
No contestó nadie.
-¡Marchaos!-grité, pero ya habían entrado.
Pasaron otra Navidad conmigo, en silencio.


Obesidad Navideña

Por las ventanas caían décimos de lotería rotos.
Había hogueras en las calles alimentadas con rifas
hartangas y participaciones para el sorteo del día veintidós.
Se corrió la noticia de que al Gordo de Navidad,
con esto de la crisis, le acababan de dar el alta
del hospital en el que lo operaron.
Le habían reducido el estómago.

Si se te ha ocurrido alguna, ¿a qué esperas para publicarla en ALAS?
Envíamela a alasdealanis@gmail.com, o déjala más abajo en "comentarios".

Felices Fiestas

Leopoldo Espínola, diciembre de 2009


viernes, 4 de diciembre de 2009

El árbol triste



Sombrío el árbol, pálido, desnudo
por fría escarcha, por delgado viento,
por fina lluvia que lo cala mudo,
por nieve nácar que lo hiela lento.


El árbol mustio por invierno crudo
se siente solo, de amistad sediento,
llora por sus hojas, febril, menudo,
tan sólo él tiene el aire y su aliento.


Medroso asoma pardo pajarillo
y el árbol respira, un techo de cielo,
paredes de savia, alfombra de cieno.


¡Qué gran morada a seco estribillo!
Contento al árbol se le acabó el duelo,
chisporretea su corazón pleno.

© Koki, diciembre de 2009

miércoles, 2 de diciembre de 2009

A una mujer niña (Recordando a Benedetti)

Me alegra cuando vibras
y cuando sabes lo que haces.
Me alegra verte soñar
en tu propia realidad.
Me alegra cuando arriesgas por tus sueños,
con ese justo proceder.

Y cuando regalándome sonrisas,
me ofreces tus manos generosas
con ese tacto tan tuyo.

Me alegra y me contagia tu energía,
y que aún juegues a ser niña.

Tu lucha ante la adversidad
y tus internas reflexiones.

Me gusta tu oportuna presencia
y que juegues en paralelo
con la cabeza y el corazón.

Me gusta tu humildad y tu fe,
tu esperanza y tu agradecimiento.

Me gusta tu amor para con los demás,
tu alegre y sencilla humildad,
que ganes, sabiendo perder
y que andes, sabiendo caer.

© Federico Serradilla Spínola, octubre, 2009.