miércoles, 25 de noviembre de 2009

El viejo olivo



 Un viejo olivo de un rincón sombrío
acunaba óleo prado macilento,
de madurado fruto polvoriento
maldecíalo un corazón impío...

Triste penar, penar desierto el mío,
rumiaba el campesino al pardo viento,
sólo hallo aquí tristeza y descontento
y los huesos cansados por el frío.

El olivo le contestó afligido...,
mis hojas a tu frente le han besado,
y más muerto que vivo yo he seguido 

derramando mi fruto ensangrentado;
mis ramas a porrazos has herido,
mas de ti, yo jamás he renegado.


© Koki, noviembre de 2009


lunes, 23 de noviembre de 2009

CÁRCEL

 
En aquel lugar sin mundo,
vacío de luz y eclipse de sueños,
Preñado de venenos e insomnios, 
desierto de bocas, de labios,  
de salivas y lluvias. 
Ausente de color alguno,  
inimaginable Sol, oscura nieve;  
sin nubes, ni heridas, ni sangre, 
enfermo de miles de infartos y  
de crueles enfermedades. 
Despojado de todo sabor, de todo fuego, 
de los recuerdos que nos robaron, 
de todo valor y todo lo que fue sincero. 
Sin puertas, ni ventanas, ni recodos,  
ni caminos, sin arena y sin piedras, 
ni olas, ni sal, ni destinos. 
En aquel lugar asesino, sin llantos, 
sin tormentas, sin palabras, ni sonrisas, 
sin estrellas,  sin espinas. 
En aquel lugar de secuestros,  
de encierros y condenas, 
de cementos y aceros podridos, 
se han quedado mis mejores años,  
mi alma y mi orgullo, mis siete vidas,  
mis principios, mis valores, mis motivos.

© José Manuel Muñoz, noviembre de 2009

viernes, 20 de noviembre de 2009

LA MUÑECA DE PORCELANA


Era el día de Reyes, y su Rey Mago favorito le había regalado una muñeca, de tez pálida y ojos redondos y negros como perlas de azabache; su pelo era castaño y rizado y tenía un traje de los de época, de color carmín y con puntillas por el cuello y por el bajo. ¡Estaba tan contenta con su muñeca! Salió corriendo a su cuarto y la apoyó sobre los almohadones de su cama.
No solía jugar con ella pero, de vez en cuando, sobre todo en los momentos más necesitados, la cogía, la abrazaba y así se llevaba un rato, hasta que sus pensamientos se volvían alegres y ya todo quedaba olvidado.
A los cuatro meses justos tuvo que mudarse de casa, de ciudad y hasta de comunidad. El día de la despedida envolvió su muñeca en un retal de raso blanco y luego la metió en una caja de zapatos con algodones por todos los lados, para que en ningún momento sufriera daño. Al llegar a su nueva casa la colocó en su cuarto, pero no en la cama sino encima de la peinadora, al lado de un retrato.
En su nuevo hogar era muy feliz, era la “reina de la casa” pero muy a menudo recordaba su antiguo cuarto y corría en busca de su muñeca para abrazarla y para que la ayudara a pasar ese mal rato como tantas otras veces hacía.
Se acercaba la Navidad y ocurrió algo tal vez inesperado: murió su madre. En el cementerio no fue capaz de llorar, no le salían las lágrimas, pero cuando llegó a su casa subió rápidamente las escaleras y sacó de su maleta la muñeca de porcelana, que estaba envuelta en el retal de raso blanco que usó aquel día de la mudanza, se aferró a ella y, de pronto, tuvo una visita: era su Rey Mago preferido; entró en la habitación y sin decir palabras, la abrazó fuertemente, con mucho cariño, y entonces le rompió el llanto. Entre las tinieblas de sus lágrimas vio reflejado su rostro en el espejo de su armario y la figura de un hombre mayor, con los hombros anchos pero caídos y el pelo muy blanco; entonces notó que la muñeca se le resbalaba de las manos y, al caer al suelo, se rompió su carita en mil pedazos, eso aumentó el caudal de su llanto, mas el hombre le levantó el rostro con una mano, la besó en la frente y le dijo: “No llores más mi niña, así es la vida, tienes que aceptarlo, aunque sólo tengas treinta y dos años”.

                                              
             © Yolanda Sánchez Pérez, noviembre 2009

sábado, 14 de noviembre de 2009

PIEDRA DE SANTIAGO



Tal que te contemplo, esbelta y somnolienta
Gastada, más señorial y admirable
Errante autóctona de mirada incansable
¿Quién en ti, dulce paz no experimenta?


Testigo de momentos, muda de palabras y sedienta
Sabedora de vidas, de guerras  insaciable
 A tu entorno, a tus pies todo fluye viable
Impávida, donde el amor se acrecienta


Sobre tu lomo gris ¿Quién no ha viajado?
A un mundo de quimera, donde la paz se engendra
¿a cuántos, dime amiga, has convidado?


Te trepan los recuerdos, no las plantas y yedra
Dime que se siente, dime lo que has pensado ,
Al ser historia viva, siendo tan solo piedra.

© Koki, noviembre 2008

jueves, 12 de noviembre de 2009

PALABRAS


Esta mañana me vinieron a decir “Arturo tienes que pegar un golpe en la mesa y escribir algo”. Y aquí me tenéis, sarna con gusto no pica, esperando a que las musas se apiaden de uno, tirado en el sofá e intentado provocar la inspiración, ¿será esto bueno? El autor se enfrenta  a su obra.
Para intentar inspirarme pongo un poco de música… Los puntos suspensivos significan que el autor está pensando, no lo interrumpan
¡Ya lo tengo! comenzaré por palabras llenas de poesía, ¿saben que creo que las palabras también tienen sentimientos y que hay veces que están ellas tristes o alegres, a veces les duele una tilde, que viene a ser nuestro dolor de cabeza, otras van acompañadas de invitados, ¿¿¿¿¡¡?????!!!!!!. En fin todo un mundo el del léxico, así que ahí sigo con lo de las palabras poéticas y escribo, ulularon las aves y revolotearon las hojas, ¿o era al revés? Bueno no tengo tiempo para pensarlo y sigo; acrisolado, apesadumbrado el almendro, quejoso de mi, eterno aliado del papel y la tinta. Esto no funciona, lo siento chicos, no me sale nada... El autor aquí llora por dentro y en silencio pero sin dejar de pensar. Ya saben, continuamente lo hacen tod@s… El autor se levanta y se sienta en el sillón con furia (Furia era un caballo).
Lunes 8 de Noviembre, 8 de la mañana. Me levanto de la cama, me visto, cojo la bicicleta y sin desayunar voy camino de Plaza de Armas para subirme a un autobús que me lleve hasta Castilleja del Campo; motivos de trabajo. Castilleja es un pueblo de unos 600 habitantes que está cerca de Sanlúcar la Mayor, donde tiene lugar esta historia. 
Me encuentro montado en el autobús cuando éste se detiene en un semáforo, por la ventanilla veo a un hombre de unos 30 años, alto, bien vestido, camisa de color verde claro y pantalones de pinza, pelo engominado y mirada (y esto fue lo que más me llamó la atención) perdida. Atentos a la palabra. Se dirige hacia la ventanilla del chófer y le pregunta con voz entrecortada por el autobús con destino a Benacazón. Yo lo miro y desde la lejanía veo que lleva un folio en la mano donde acierto a leer CURRICULUM. Esta es la palabra detonante de que mi mente empiece a divagar. Como os dije antes hay palabras que sienten por si solas y esta sentía, ya lo creo que sentía; crisis, desesperación, pérdida, desaliento, todo esto me evocaba CURRICULUM, asociada al gesto y a la forma de preguntar del hombre del semáforo.
Se encontraba perdido física y psicológicamente; al menos eso imaginé yo. En el momento en el que él preguntaba pensé que cuando estamos en lugares que no son los nuestros nos encontramos perdidos y se nos nota en la cara, en la forma de hablar con la gente, incluso en la forma de andar más encogidos, más guardados hacia adentro, como sin querer llamar mucho la atención. Como mi imaginación seguía desbocada me  lo figuré cogiendo por fin el autobús con destino a Benacazón. Llegaría a su casa, saludaría a su mujer, le daría un beso a su hijo y con un “otro más” se dirigiría a la habitación; ella lo seguiría hasta la puerta, se quedaría allí inmóvil, viendo como su marido se quitaba la camisa, el pantalón de pinzas y viendo cómo pensaba que la función había acabado por hoy. Es toda una función “disfrazarse” y prepararse un discurso para ir a buscar un trabajo de lo que sea, a cambio, casi, de lo que sea. En la tele, vemos a unos a los que detienen por corruptos, a otros a los que un barco ladrón a metido en un buen lío y a cada loco con su tema; y mientras todo eso pasa hay gente que todas las mañanas se disfraza, se prepara un discurso y se pierde buscando un mínimo de esperanza, ilusión, cambio, oportunidad … Y otras palabras que unir a CURRICULUM. Y mientras, yo aquí, esperando a que las mus@s y todos los astros del universo se conjuguen para que pueda escribir algo. ¿Una carilla está bien chicos…? El autor esboza una sonrisa…
                  
© Arturo Fernández Diéguez, noviembre de 2009

sábado, 7 de noviembre de 2009

¿Culpable por necesidad?


En septiembre, un hombre ha talado los tres hermosos olmos que rodeaban mi casa. Amenazaban ruina, al colarse, en su crecer y crecer, a través de los cimientos y he sentido en mi interior una sensación profunda de culpabilidad. ¡Eran tan hermosos y protectores de la canícula veraniega sobre mis tejados! Y ahora que ha llegado el otoño, echo de menos el pulular del viento a través de sus hojas y el balanceo de sus hermosas ramas que parecían saludarme en la mañana, tan pronto salía al jardín para hacer mis ejercicios para las cervicales, recetados médicamente.

 Hice que los troncos fueran cortados a rodajas y amontonadas uniformemente al pie del ventanal de la cocina. Desayuno con ellas todas las mañanas. Las observo y sigo sintiéndome culpable de haber roto sus vidas. Tan temido me siento que, cuando apriete el frío a punto de llegar, no sé si seré capaz de introducirlas en la chimenea donde desaparecerán sus preciosas vetas ondeantes, cubiertas de una corteza  grisácea de arabescos caprichosos. Desde ella y hasta el punto central,  corazón del tronco, hoy he contado sus años de existencia; justamente cuarenta y dos y se me ha roto el corazón en mil pedazos.  Con cuarenta y dos años murió, hace veinte, mi entrañable y querido hermano Paco, también talado por una terrible enfermedad. Esto me ha hecho pensar: ¿casualidad o  profecía? 

Cuando llegue el frío, no sé si encenderé la chimenea, tan agradable y de tan entrañables recuerdos de mi niñez en Alanís, o quizás opte por la calefacción eléctrica, que no te produce esa sensación tan agradable y evocadora de la chimenea. Lo que sí es cierto, que nunca ante un hecho aparentemente banal, me sentí tan culpable como con este, de arrancar la vida de cuajo a tres hermosos olmos, crecidos en la parcela de un amante de la Naturaleza.

© Federico Serradilla Spínola, octubre de 2009.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Silencio... y puro dolor.



Esos pájaros que ves
encima de tu cabeza
no están muertos, solo esperan.
Saben que quizas no escapes
de esa prisión sin rejas.

La primera bofetada
sonó tan cruel en el aire.
Pero tu en vez de gritar
y correr hacia la calle,
ocultaste tu dolor
con silencio y maquillaje.

Cometiste el gran error
de llegar a perdonarle
cuando llegó a ti sumiso
implorando tu perdón.
Proclamándose culpable
oculta la tirania
tras su máscara cobarde,
disfrazada la verdad
de frases dulces y amables.

Siguieron después mil noches
de dolor y de silencio.
Mientras te golpea, juras:
¡mañana haré la maleta!
Y el miedo es fuerte guardián
que del pelo te sujeta.

Se romperá tu silencio,
quizas una madrugada,
cuando ya tu cuerpo inerte
sea una foto de portada.
Y ya no podrás gritar,
Y ya no podrás correr,
por siempre estarás callada.

Jamás le podrás decir
al que pega a una mujer,
que cada vez que lo haga
piense en quién le dio el ser:
ella también fue culpable
de haber nacido mujer
y cometer el delito
de haberlo dejado nacer.

© Lola Franco, noviembre de 2009

miércoles, 4 de noviembre de 2009

LA SEÑORA




Pasaste por mi calle,
con tu guadaña,
nadie te vio,
no te esperaban.
Tus negros ropajes
aleteaban
al socaire del viento
que despertabas.
Andabas sin prisas
pero sin pausa,
seguros tus pasos,
nada dudabas.
Pasaste por mi calle,
no te esperaban.
Tu mirada ausente
nada expresaba,
ni un sentimiento,
ni una palabra.
Todo era frío
como la escarcha…
Llegaste a la puerta,
no hubo llamada,
entraste en silencio,
no te esperaban.
Sentada en la silla
alguien dudaba,
“¿Vienes por mi?
¡No te esperaba…¡”
Tus cuencas sin ojos
nada miraban,
un gélido aliento
te delataba.
No contestaste,
nada expresabas,
solo llegaste
con tu guadaña
cargada al hombro,
prieta en la espalda…
Y en un instante,
como si nada,
cortaste el hilo
que anuda el alma;
y un cuerpo frío
como la escarcha
quedó sentado,
robada el alma…
Después, el llanto,
desesperanza,
gritos que claman,
dudas que matan,
vida que muere,
alguien que acaba…
Pasaste por mi calle,
no te esperaban….

© Luis Narbona Niza, noviembre 2009

lunes, 2 de noviembre de 2009

CANTO DE INVIERNO




Foto: Leopoldo F. Espínola Guzmán

La tarde se escurre, fugaz entre los dedos.
Se escapa a borbotones por la ventana abierta.
En mi cuarto la soledad se disfraza de miedo.
En la tele dicen que vendrá la guerra

Y en la calle el tiempo impenitente
escribe desganado el borrador de la vida,
con la tinta sucia y gris del “como siempre”,
sobre el dorso de hojas muertas y furtivas.

Y yo sigo sin saber qué musa conjurar,
ni en qué rincón del alma he de buscar
para encontrar en esta tarde la poesía;

Y calmar este frío que emana desde dentro
de estas cuatro paredes donde intento
deslizar un verso en la prosa de los días.


        (c) José Antonio Millán, noviembre 2009