domingo, 1 de marzo de 2009

Para una reflexión

A mis setenta años, en un trabajo-exámen, sobre varios filósofos de la Época Moderna, en el curso primero de Filosofía, terminé con el siguiente epílogo:

Primero por falta de uso de la razón -niño-. Después por la ignorancia de la adolescencia. Más tarde, mezclado ya con una sociedad egoísta, falta de escrúpulos y con poca atención a los valores humanos y, por ende, a los de la Naturaleza (Divina Providencia) sólo pensaba en "los míos" -mí familia- y en mi. Quería triunfar en lo económico, para así "tenerlo todo". ¡Cuán ignorante me comporté durante tantos años!
Por fin, se despertó aquel adolescente, soñador, romántico y justiciero (triunfo del bien sobre el mal) y, por encima de todo, el muchacho ávido de saber, a través de las enseñanzas sobre Arte y Humanidades. "Lo tiré todo por la borda y salté de ese barco maldito que navegaba por las aguas turbias de un mundo confundido"
Ahora me encuentro en ese remanso de paz y felicidad hasta donde los humanos y las circunstancias me permiten. Por tanto, creo que lo que hice, fue ENCONTRARME CONMIGO
MISMO. Y, hasta ese momento no empecé a conocerme. Batalla en la que aún ando inmerso, pero, cada día, consigo conocerme más y padecer menos. Aunque, como dice mi profesor, R.Donís: "Nunca se aprende a decir NO de forma concreta".
Por último, y, como aconseja Spinoza: "Cada vez tengo más aptitud, para muchas cosas, al objeto de conseguir que esa mayor parte de mi alma sea eterna". Sin olvidar lo que afirma Pomponazzi: "El milagro es que alguien crea que existe el milagro". O lo que asevera Descartes: "Todo lo que existe no es real, sino producto de la imaginación".
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Y salió este poema:

VIVIR

Explosiona el ímpetu arrollador.
Quieres quemarlo todo
porque todo te quema.
Te paras, meditas pacientemente
Y, radicalmente, cambian tus sensaciones.
Vuelves tus pasos a la Naturaleza virgen.
Quieres, sobre todo, VIVIR.
Sin arrollar, pasar por encima de todo.
O por debajo. Es igual.
Lo más importante es VIVIR
y seguir haciéndolo con la misma dignidad.
La vida, si observas sus cosas puras,
aunque queden pocas,
¡bien merece la pena!
No obstante, cuando llegue "el último tren",
hay que esperarlo al pie del andén
pacíficamente, sin miedos y,
"sin ninguna clase de equipaje"

Sevilla, 17 de Junio de 2oo1
F. Serradilla Spínola.