miércoles, 4 de noviembre de 2009

LA SEÑORA




Pasaste por mi calle,
con tu guadaña,
nadie te vio,
no te esperaban.
Tus negros ropajes
aleteaban
al socaire del viento
que despertabas.
Andabas sin prisas
pero sin pausa,
seguros tus pasos,
nada dudabas.
Pasaste por mi calle,
no te esperaban.
Tu mirada ausente
nada expresaba,
ni un sentimiento,
ni una palabra.
Todo era frío
como la escarcha…
Llegaste a la puerta,
no hubo llamada,
entraste en silencio,
no te esperaban.
Sentada en la silla
alguien dudaba,
“¿Vienes por mi?
¡No te esperaba…¡”
Tus cuencas sin ojos
nada miraban,
un gélido aliento
te delataba.
No contestaste,
nada expresabas,
solo llegaste
con tu guadaña
cargada al hombro,
prieta en la espalda…
Y en un instante,
como si nada,
cortaste el hilo
que anuda el alma;
y un cuerpo frío
como la escarcha
quedó sentado,
robada el alma…
Después, el llanto,
desesperanza,
gritos que claman,
dudas que matan,
vida que muere,
alguien que acaba…
Pasaste por mi calle,
no te esperaban….

© Luis Narbona Niza, noviembre 2009

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