domingo, 28 de septiembre de 2008

El sentido de los domingos

La Casa Lis (Salamanca)
La madrugada del sábado duermo poco, he salido y me he acostado a unas horas que para uno serán intempestivas y para otros celestiales, en este país solo existe o lo blanco o lo negro, ¿para cuándo un buen gris?
Uno no ha conseguido dormir todo lo que le hubiese gustado, por lo que se despierta intranquilo, apesadumbrado, falto de fuerzas…, en definitiva me falta algo. Me aproximo al frigorífico para ver si quedan alguno de esos botecitos minúsculos que contienen unos valiosos elecasei inmunitas, para unos son la “leche”, para otros un engaño más, y como no consigo coger ninguna de las botellitas, caigo en la cuenta de que es domingo, para mí el mejor día de la semana. Rápidamente me visto y aún con la cara sin lavar me dirijo a ver a mi quiosquera y a tomar mi ración de elecasei inmunitas, a 2 euros, mas barato que los originales y al menos a mi me producen un subidón impagable.
Empiezo por desvirgarla y voy sumergiéndome en cada una de sus secciones y adentrándome en todos sus recovecos. Voy sintiendo como si mi cuerpo se nivelará después de todo el gasto de la madrugada anterior. Poco a poco voy leyendo las opiniones de los colaboradores, la entrevista a Angels Barceló, el reportaje sobre el velo…. por cierto echo de menos a Millás, y como por arte de magia el domingo cobra todo un significado para mí. A 500 kilómetros de mi Sevilla natal, aquí en Salamanca, a los pies de la Casa Lis todos los domingos despiertan en mí el placer por la lectura, y pienso por un momento en la teoría esa de que entre una persona y otra de cualquier parte del mundo solo hay siete tipos de relaciones, ¿ cuántas personas se pasarán su domingo al igual que yo leyendo el país semanal?, da igual que sea en un pueblo de Teruel, en Zaragoza, en París o en Alanís de la Sierra, da igual que uno sea antropólogo, redactor jefe, gay, albañil, bombero, moro o negro, el país nos une y no nos separa, aunque algunos ya lo quisieran. Empiezo otro domingo, que os aproveche.

© Arturo Fernández Diéguez.

“El País Semanal”, domingo 2 de marzo de 2008.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Alanís entre la memoria histórica y el Cine Vasco

(Esta fotografía es meramente decorativa)


Alanís de la Sierra (Sevilla): El rescate de un drama de 1937
Las excavaciones en el cementerio de Alanís de la Sierra, por las que la sociedad científica Aranzadi intenta localizar los cuerpos de 57 presos vascos, muertos en un accidente de tren ocurrido allí en 1937, acaban de empezar. Fue un episodio silenciado de la Guerra Civil.
Los trabajos, que comenzaron el pasado día 17, arrojaron tres días después los primeros indicios del paradero de los cuerpos, que reclaman un grupo de familiares. Todo indica que se encuentran bajo el cementerio del pueblo, donde los mayores del lugar recuerdan haber presenciado de niños su inhumación.
El equipo de Aranzadi sabe tras cuatro años de trabajo documental previo que 32 de ellos fueron sepultados identificados y 25 irreconocibles tras el siniestro, ocurrido la medianoche del 19 de noviembre de 1937 al chocar el tren de los presos, todos ellos soldados leales a la República Española capturados por los franquistas tras el hundimiento del frente Norte y conducidos a Sevilla para realizar trabajos forzados.
Más de 70 años después el equipo que forman Jimi Jiménez, Sara Gálvez, Daniela Leiva, Encarna Valdivielso, Miguel Lorente y Carmen Pérez cree haber encontrado los primeros indicios del paradero de estos soldados. Las pistas bajo el suelo del camposanto señalan una probable fosa común debajo de enterramientos más modernos.
Este equipo trabaja contrarreloj. Si los indicios –una serie de marcas y de cambios de color de la tierra imposibles de entender por un no especialista– no se concretan esta semana, no les llegarán los fondos –la subvención del Ministerio de Presidencia con la que cuentan es de 50.000 euros– para terminar el trabajo y tendrán que abandonar. Por eso trabajan de sol a sol.
Hasta que el pasado martes al mediodía no hallaron las primeras pistas este grupo de especialistas forenses, arqueológicos y antropológicos excavaban cabizbajos. El alquiler de la maquinaria y, sobre todo, el coste de las pruebas de ADN (250 euros cada una) para poner nombre y apellido a huesos tanto tiempo anónimos encarecen la recuperación de la memoria histórica.
Quizá porque los muertos no son de la Sierra Norte, la reacción de la gente con estos expertos –todos ellos muy jóvenes e intentando doctorarse– es de curiosidad y simpatía. Los fallecidos que buscan, si finalmente están en el cementerio, los distinguirán del resto de huesos bajo el suelo por la complexión de los esqueletos: todos eran varones jóvenes, precisamente lo que no abunda en un camposanto.
La muerte les llegó cuando estaban a punto de acabar su viaje a la fuerza por la España sublevada. Todos los presos eran lo que le faltaba a los rebeldes: trabajadores cualificados. Y su destino, el Parque de Recuperación de Automóviles de la capital hispalense, donde les esperaba un trabajo forzado al que nunca llegaron a incorporarse.
Las causas del accidente de tren están poco claras. La prensa de la época minimizó el suceso pese a que perecieron unas 80 personas, entre presos, maquinistas, guardianes… Y aunque el impacto quedó grabado en los niños –hoy ancianos– de este pueblo de la Sierra Norte, no hay apenas rastros de la investigación que efectuó el ejército y que el Boletín Oficial de la Provincia (BOP) concluyó oficialmente en 1943.
En esas conclusiones se habla de un fallo humano –los maquinistas no podían defenderse porque murieron en el acto– pero expedientes militares anteriores también le echan la culpa a los frenos del convoy.
En todo caso, en el pueblo existe la leyenda urbana de que fue un sabotaje, lo que ven poco probable estos investigadores tras cuatro años de bucear en los archivos: “Pese a que el suceso no se destacó en la prensa franquista, no tiene mucho sentido un sabotaje republicano contra presos suyos”. Y tampoco la prensa del lado republicano destacó que la tragedia fuera una respuesta de guerrilla a Francisco Franco.
No es el único enterramiento relacionado con la Guerra Civil en Sevilla. En la comunidad autónoma la Junta de Andalucía ha inventariado unas 80 fosas comunes, pero los expertos están convencidos de que aparecerán casi una por cada pueblo sólo en Sevilla. También destacan que la cantidad de cuerpos en las fosas comunes de Andalucía es mayor que en otras comunidades autónomas, lo que hablaría de que la represión se efectuó con más saña. “Y todavía hay aquí miedo en el mundo rural, cuando en el norte de España hay fosas comunes excavadas desde los años 70 del siglo pasado”, cuentan.
El equipo ya estuvo trabajando hasta hace muy poco en La Puebla de Cazalla, hasta que la subvención de 40.000 euros se les agotó y tuvieron que aparcar sus tareas en el lugar, donde encontraron muchos más cuerpos de los que esperaban, a una profundidad inaudita –más de cuatro metros– y todos volcados unos sobre otros, directamente arrojados desde un camión. Les reconcome no poder devolverles el nombre.



Correo de Andalucía /Francisco Veiga/ 26/05/2008

«Estamos acostumbrados a irrumpir en pueblos y despertar viejos fantasmas»

Sabin Egilior
Director del documental «El largo viaje»
Un hecho real ocurrido tras la Guerra Civil en el pueblo sevillano de Alanis de la Sierra, donde murieron en un tren alrededor de cincuenta prisioneros, muchos de ellos vascos, es el punto de partida de «El largo viaje», un nuevo largo documental del realizador vasco Sabin Egilior en el que vuelve a indagar sobre la memoria histórica.
Txema GARCIA BILBO
La Guerra Civil ha acabado y medio millón de prisioneros están repartidos por más de cien centros de reclusión por todo el territorio del Estado español. Se realizan miles de traslados en tren. En uno de ellos, más de cincuenta prisioneros, la mayoría de ellos vascos, mueren en Alanis de la Sierra (Sevilla). De este hecho surge «El largo viaje», un largo documental dirigido por el realizador Sabin Egilior.

¿Cómo se gesta este largometraje documental?

Empezamos a investigar en 2005, dentro del proyecto sobre desaparecidos durante la Guerra Civil que desarrollamos desde la Sociedad Aranzadi. Nos desplazamos al lugar de los hechos y recopilamos la poca documentación que había. La investigación fue apasionante, pero quedaron muchas incógnitas sin resolver. La primavera pasada, desde la productora Basque Films decidimos, partiendo del accidente concreto, tratar el tema general de los traslados de prisioneros, apenas trabajado por historiadores y expertos.

¿De qué documentos parte la película?

Documentación existe muy poca. Del accidente tan sólo hay un breve informe elaborado por la compañía. Hay información de accidentes que se produjeron en fechas cercanas y están perfectamente documentados, incluso con gráficos... pero del que nos ocupa, nada; es un asunto que se quiso ocultar. Por otro lado, en cuanto al tema general de los traslados de presos, teniendo en cuenta que hubo hasta 500.000 prisioneros repartidos por más de cien centros de reclusión por todo el territorio del Estado español y que cada preso pasó por una media de cuatro centros diferentes, eso significa que se llevaron a cabo miles y miles de traslados en trenes. Y de todo ello no hay ningún documento. Hasta el propio director de la fundación del ferrocarril se sorprendió de este vacío cuando fuimos a pedirle documentación.

¿Y en cuanto a testimonios?

En este ámbito hemos tenido algunas sorpresas: hemos encontrado un señor que sobrevivió al accidente. Esto es algo increíble, ya que, teniendo en cuenta que han pasado setenta años y que apenas sobrevivieron veinte personas, el hecho de que quede alguien vivo y que lo hayamos encontrado es una gran sorpresa; tiene 96 años. Y contamos, también, con testimonios de personas que sufrieron esos traslados. Otra de las sorpresas es que, cuando nos desplazamos al sur, el equipo de producción dio con el hijo del maquinista del tren que estaba estacionado (contra el que chocó) y nos contó lo que su padre le relató. Estos testimonios complementan los pocos datos objetivos que hay.

¿Cómo se hacían esos traslados de prisioneros?

En trenes de mercancías y en condiciones infrahumanas. Pasaban hasta una semana en el interior del vagón sin poder tumbarse, sin comer ni beber, orinando por un hueco...

¿En qué medida esa escasez de información limitaba las posibilidad de recuperar esta historia?

La escasez de información y documentación lo que hace es condicionar el tratamiento. En mi anterior documental, «Tras un largo silencio», renuncié a utilizar imágenes de archivo, entre otras cosas porque no existen documentos ni mucho menos fotos de aquellos hechos terribles (paseos, sacas, ejecuciones...) y no quería utilizar imágenes genéricas que ilustraran lo que se contaba, matando así la imaginación del espectador. Por ello usamos de manera complementaria al testigo, sus recuerdos y los espacios o lugares. Con esos tres elementos construimos el relato. En «El largo viaje» nos encontramos con que del accidente no hay ninguna foto, tan sólo un informe muy flojo y de los traslados de presos en general no hay ni informes, ni documentos... Además, de la vida dentro de los campos de concentración, todas las fotos que he visto (a excepción de una) son propagandísticas: prisioneros bien formados, aseados, comiendo con la mesa llena de alimentos, haciendo gimnasia... todas realizadas lógicamente con la perspectiva de los represores. Ahora bien, si te fijas bien, encuentras miradas, gestos, expresiones... que manifiestan las terribles condiciones en las que se encontraban. No nos queda más remedio que atinar con ello porque, en esta ocasión, sí quiero sacar imágenes de archivo, ya que una de ellas (la de la excepción) es la que me impulsó a abordar las miserias de los campos.

¿Qué muestra esa foto?

No tiene ninguna diferencia con las que conocemos de los campos de exterminio de los nazis; es igual de escalofriante. En cualquier caso, en el tema de la documentación, la pueden quemar, hacer desaparecer, esconder... pero con lo que no pudieron ni podrán acabar es con el recuerdo, eso no se ha borrado, y ahora grabado, quedará para siempre registrado.

Accidente o atentado. ¿Nunca se sabrá lo que ocurrió?

Los familiares siempre han pensado que se trataba de un sabotaje. En el documental ponemos toda la información en manos del espectador y será él quien saque sus propias conclusiones. No es una estrategia narrativa, sino querer ajustarnos a lo que la realidad ha dado de sí.

¿Cómo han reaccionado las familias de los prisioneros vascos que iban en aquel tren?

Están muy emocionados y decididos a terminar aquel largo viaje que no pudieron acabar los suyos. Su recorrido terminará con los cuerpos en casa, identificados y enterrados dignamente.
"No tenía ni idea del sufrimiento que se escondía en muchos hogares"
Parece ser que en abril se va a realizar por parte de la Sociedad de Ciencias Aranzadi la exhumación de los cuerpos...
Efectivamente, el siguiente paso que se va a llevar a cabo será la exhumación de los restos y este trabajo que empezó Aranzadi en 2005, lo culminará después de Semana Santa. Hasta allí se desplazará un equipo de técnicos para desarrollar el trabajo y también irán los familiares de los prisioneros.

¿En qué punto se encuentra el rodaje?

Nos falta rodar el 10% en Bizkaia y Gipuzkoa.

¿Cómo lo ha acogido la población del lugar donde ocurrieron los hechos?

Con sorpresa, sobre todo por el hecho de que un grupo de familiares se desplacen mil kilómetros para intentar recuperar los restos de aquel accidente. Por parte del equipo de rodaje nos enfrentamos a algo a lo que ya estamos acostumbrados; es decir, a irrumpir en pueblos y despertar viejos fantasmas. Algunos nos miran con caras raras y de incredulidad pero, por lo general, en Alanis nos han acogido muy bien, tanto por parte de la gente del pueblo como del propio Ayuntamiento.

¿Para cuándo está prevista la exhibición de este largo?

A partir de mayo ya estará listo. En principio, se hará por televisión y en algún acto y proyección especial. Teniendo en cuenta que la historia se desarrolla en Euskadi y Andalucía, lo más probable es que sean ETB y Canal Sur quienes lo emitan.

¿Afrontar esta cuestión, qué le ha supuesto como director?

Cuando comencé con esto hace seis años no tenía ni idea que cerca de mi casa o al lado de un camino por el que transitaba habitualmente podía haber una fosa común. No tenía ni idea del sufrimiento que se escondía en muchos hogares. Esta ignorancia hizo que me pusiera a recabar a contrarreloj toda la información posible, a tirarme de los pelos por no haberme puesto antes a ello y, por ejemplo, haber grabado el testimonio de mis propios abuelos... Como profesionales del medio audiovisual, tenemos la responsabilidad de socializar este tema a través de documentales.

¿Seguirá con la memoria histórica?

La memoria histórica no atañe sólo a la Guerra Civil. En este sentido, me interesa mucho el tema de la construcción de la memoria, y a ello estoy dedicando también mi tesis doctoral. En cuanto a cine, sí que seguiré con la memoria histórica pero referida a otros periodos. Creo que el hecho de abordar desde el presente relatos de nuestro pasado es una tarea apasionante.

DIARIO GARA 22/02/2008

Más sobre la Guerra Civil en Alanís y la Sierra Norte de Svilla en:
http://es.geocities.com/eustaquio5/sierramorena1.html