sábado, 29 de noviembre de 2008

Amanecer en Alanís


Noche eterna
de pájaros negros
y flores secas.
Torrentes que afluyen
en ríos invisibles
por tus valles floridos.
Un yunque que sueña
silencio de hormiga.
Un fuego que arrasa
pasión en la herida.
Y al alba en sigilo
se escapa la luna,
dando paso al esperpento
de máquinas tronadoras,
¡rompiendo el silencio
de la nueva aurora!

© Federico Serradilla Spínola, Junio 2oo1

domingo, 9 de noviembre de 2008

¿A do va la Humanidad?

El ser "racional" vivo, movido al impulso de extrañas, variantes y multiplicadoras células que anidan en su organismo, olvidó o tal vez no llegó a percibir que, sólo, tan sólo, un hilo fragilísimo e invisible nos mantiene vivos de forma providencial. Este hilo, tan frágil, es capaz de aguantar físicamente los mayores avatares. Pero, a veces, se rompe con la misma facilidad con que desaparece el vaho de un niño sobre el cristal de su ventana.. Y, cuando esto ocurre, ya sea con gran serenidad o con descarnada violencia, ese depósito repleto ora de células muertas, explota, se deshace absolutamente y desaparece sin rastro alguno, para integrarse en la espuma cósmica universal. ¿Podríamos pensar un poco más y algunos por primera vez, en la fragilidad de ese hilo umbilical entre la VIDA y la NADA? ¡Es tan poco lo que necesitamos y tanto lo que queremos materialmente!
Este modesto duendecillo que continuamente hurga entre el montón de hojarascas en que ha quedado reducida la sensatez, aunque con dificultad, sigue encontrando la suficiente dosis como para poder "ir tirando" de este carro de lo absurdo al que se han subido tantos insensatos.

Una puesta de sol, la primera brisa del alba, el hermoso pino que corona la cuesta del cerro, una roja y bellísima amapola, el primer canto de la alondra en la nueva mañana. El nacimiento de una nueva vida o la majestuosidad de un anciano, nos debiera dar la suficiente serenidad como para poder reflexionar sobre la fragilidad de nuestra existencia. Recordemos a tantos seres queridos que se nos fueron para siempre y que, a veces, parece que ni siquiera existieron, aunque siempre se lleven en el corazón.

En la consulta de Radioterapia del Hospital Virgen Macarena. Agosto 2005

© Federico Serradilla Spínola, Agosto 2005

sábado, 1 de noviembre de 2008

El concepto Tiempo (Según la filosofía)

La Mina del Cerro Hierro, en la Sierra Norte de Sevilla, término de San Nicolás del Puerto, que explotaba una Compañía Inglesa, dejó de funcionar allá por los años treinta del siglo pasado. Y recuerdo un decir, muy habitual de los jefes de dicha explotación, que, cuando yo era un niño escuchaba mucho por el pueblo. "No hablar más y vamos al tajo que el tiempo es oro". Muchos hombres "de campo" (como les decían los artesanos) aunque la mayoría nunca asistieron a la Escuela, no les faltaba inteligencia natural. Por tanto a la expresión el tiempo es oro, estos contestaban: "sí, para mi amo el dueño de la finca". Respuesta muy lógica.
Claro que este tema no lo comprendí bien hasta que fui adulto. Estaba claro que, para los jornaleros que araban la tierra o segaban la mies "de sol a sol" o sea, todo el tiempo que duraba la luz natural, nunca hubo oro.
A lo largo de mi dilatada vida vine escuchando o leyendo, "hoy hace un tiempo caluroso" "el tiempo está que no sabe si llover o hacer sol" "el invierno pasado hizo un tiempo benigno" y así innumerables conceptos sobre la palabra TIEMPO referidos a la Naturaleza. Tema que nunca me paré a reflexionar, ni nadie me habló de ello hasta que llegué a la Facultad de Filosofía, en el 2000, con mis setenta años a cuesta y leí a E. Morin y a M. Heidegger, además de las enseñanzas de mis profesores. Yo relacionaba la palabra tiempo, como naturaleza (atmósfera), con la Historia, o con las medidas del reloj mecánico, etcétera.
Veamos si he conseguido aclararme –aunque sea un poco- respecto de los argumentos empleados por los filósofos antes mencionados. Heidegger dice o parece pensar que "el tiempo no encuentra su sentido en la eternidad. Que podría ser un buen punto de partida si conociésemos adecuadamente la eternidad..." pero ello conlleva acto de fe y ante esta perspectiva empiezan las discusiones sobre la cuestión del tiempo.
Yo me pregunto: ¿si nos "agarramos" al reloj –por tanto a lo físico- el tiempo tiene oportunidad de manifestarse?. En principio creo que sí. Ello me hace meditar que la ciencia del brazo de la filosofía, quizás puedan alcanzar conceptos más claros o sabios sobre el fenómeno tiempo.
Aristóteles afirmaba: "Tampoco el tiempo es nada en sí. Sólo existe como consecuencia de los acontecimientos que tienen lugar en el mismo. El cambio de posición, el movimiento. Si el tiempo no es un movimiento, tendrá que ser algo relacionado con él" Aquí viene bien lo que decía Einstein: "No hay un tiempo absoluto, ni una simultaneidad absoluta"
Ya sabemos que, en lo físico sólo se manifiesta por el reloj, pues este de lo que parece entender es de "cuanto tiempo", "desde cuando, hasta cuando". En el reloj se repite constantemente la misma secuencia temporal, sin sujeción a cambio por ningún influjo externo. Con o sin reloj, yo expreso: ahora, al amanecer, al anochecer, esta noche, hoy... Este es el reloj natural del cambio, del día y de la noche. Subrayando a Platón, "el tiempo no es más que "una idea", ya que con la palabra tiempo lo mismo se está defendiendo una circunstancia que una medida que marca el reloj mecánico"
La Naturaleza, ese cosmos maravilloso en el que se manifiesta el tiempo, me hizo vibrar espiritualmente y compuse un poema del que sólo transfiero la primera estrofa:

¡Ay! Aquel tiempo perdido...
Tiempo te busco en la eternidad.
Desde niño te sigo errante.
¿Dónde te puedo encontrar?
Te perdí, y ahora... ¡necesito hallarte!
.........
Con este tema, espero entretener un poco a los estudiosos de la Naturaleza o al menos hacerlos reflexionar sobre el concepto TIEMPO.

© F. Serradilla –2008-

domingo, 19 de octubre de 2008

El depósito

Tradición: proviene del latín traditio, y éste a su vez de tradere, "entregar". Es tradición todo aquello que una generación hereda de las anteriores y, por estimarlo valioso, llega a las siguientes.

Tradición también significa entonces entregar, y algo que entregamos es algo que se puede usar, algo que nos hace sentirnos especiales y diferentes, algo que nos enseña valores y formas de relacionarnos y convivir.
Entonces ahora lo entiendo casi todo, eran tradiciones del pueblo las candelitas, las cruces de mayo, y ya no lo son. Nos han dejado de entregar cosas a los jóvenes y a cambio de estos se nos ha entregado….se nos ha entregado…¿NADA?.
Antes se iba al parral a jugar a las bochas, al campo a hacer chozas, a coger gorriatillos, ahora todo eso lo cambian por pasarse horas y horas mirando la tele, o jugando a una videoconsola, así, casi sin relacionarnos, o relacionándonos demasiado con gentes con las que no compartimos nada y de la que no conocemos ni su mote, solo un nick.
Y eso se traslada a la cotidianidad y resulta que nos encontramos con jóvenes que derivan sin rumbo, que no encuentran un palo al que agarrarse, y padres a los que les preocupa más el que dirán los vecinos que lo que a sus hijos les pueda pasar, y vecinos a los que sólo les interesa sacar la mierda del de la casa de al lado, sin mirar la suya propia.
Y ahora imaginemos un escenario para una película, por ejemplo….Alanís. Los actores, claro está, son los vecinos y nos falta una trama…….espera déjame pensar…!ya la tengo! Un día antes de comenzar la feria uno de los edificios más emblemáticos del pueblo agoniza y quiere caerse en pedazos.
Lo importante para todos no era el edificio en sí, lo importante era la feria, allí en el mismo lugar en el que tantas y tantas noches de juerga hemos pasado, allí donde más de uno dio el primer beso de amor a su chica o chico, donde empezamos a entender que existía la madrugada y las primeras luces del alba, allí donde comenzamos a bailar al ritmo de una melodía, y allí donde nos hicimos mayores y les dijimos a nuestros padres que por favor nos dejaran un poquito más tarde.
Pero claro cómo nos iba a interesar un edificio si existen tantos ejemplos de cosas que han dejado de importarnos, tradiciones que se nos fueron y ninguno, incluido yo, hemos hecho casi nada por recuperarlas. Tenemos ejemplos sangrantes de cosas que han sucedido en Alanís y hemos mirado para otro lado; el día que la patrona se quedo sin salir, el día ese que había que manifestarse para que no hicieran la variante y primaban más, como siempre, los motivos políticos que Alanís. En lugar de luchar por nuestro pueblo solo sabemos criticarnos los unos a los otros, los altos a los bajos, los de derecha a los de izquierda y viceversa, y así luego nos luce el pelo.
¿Que qué tiene que ver todo esto con el depósito? Pues…..¿NADA?.


© Arturo Fernández Diéguez. 19 de octubre de 2008

lunes, 13 de octubre de 2008

De paseo por la sierra.

Siempre me ha gustado madrugar.
Los fines de semana, cuando todos deciden competir por levantarse el último, yo madrugo. No hago más que abrir el ojo derecho y ya tengo un pie en el frío embaldosado. Automáticamante, sincronizado con mi pie izquierdo, el perro salta de su palafito de poliéster para celebrar mi despertar. Interesado, sólo piensa en su paseo de la mañana.
Las babuchas suelen estar en su sitio, eso si mi fiel amigo no anduvo de imaginaria durante la noche. Una rápida pasada por el baño, un espurreo de agua en la cara y en el escaso pelo que ya me brinda el calendario, pantalones, botas y abrigo. También llevaré paraguas. Hoy llueve.
La calle normalmente vacía a esas horas, solo un par de vejetes y jornaleros, que se apresuran a su copilla de la mañana, unos buenos días de tono grave y masculino, pero cordiales..., y rumbo a los caminos de la sierra.
El manojo de nervios con cuatro patas y pelo negro que velozmente me acompaña, ya ha puesto por medio quince o veinte metros de adoquinado. No hago carrera de él.


Estos días de agua son especialmente encantadores en su amanecer si no arrecia el temporal. Las neblinas o el chirimiri, ese que cuando te das cuenta estás calado, le dan a la Sierra Morena de octubre un tono verde oscuro y grisáceo, que hace de sus montes una copia de los de la lejana Escocia. Las nubes, cargadas de agua, rozan las copas de la arboleda en la dehesa y se extienden por las laderas como frescos visillos. Al fondo del valle, al otro lado de Benalíjar, el moribundo Hamapega alivia su herida con la llovizna. Y pienso: "pronto no existirá".
Al tomar la carretera de Guadalcanal veo a Antonio que comienza su habitual paseo camino de Los Barriales. Ya jubilado, nadie sabe más de olivos e injertos que él. Siempre me llama "niño", desde que una vez intentara, fracasadamente, enseñarme todos los secretos en la poda del olivar.
Creo que entendió que mi futuro no iba por esos derroteros. Aunque ahora lamento no haberle prestado más atención. A pesar de la lluvia no varía su acostumbrada ruta. Yo decido no alejarme demasiado del pueblo por si aprieta el agua.

- ¿Ah, pero ya te das la vuelta, niño?- me pregunta cuando ve que en El Abanico cambio el rumbo de mi marcha, hacia el cementerio. Él sigue adelante con su amplio paso y su paraguas.

En apenas dos horas trasteo todos los alrededores del pueblo, desde el Castillo hasta los Llanos. La lluvia nos ha perdonado y a mi, me ha permitido cargar las pilas al cien por cien, para superar otros quince días de asedio de la rutina a mi corazón, que en aunque vive en la ciudad, siempre anda paseando por estas sierras.

(c) Leopoldo F. Espínola Guzmán, 13 de octubre de 2008.

domingo, 5 de octubre de 2008

El ángel del Guadalquivir

Sevilla, 14 de noviembre de 2004

Consuelo Fernández lo iba a vender. Alguien se interesó por él. El Carbea II llevaba cuatro años inmóvil en dique seco en un patio de Tomares. El sábado por la tarde lo botaron en el río, en el embarcadero de Gelves y lo limpiaron para que el futuro dueño lo viera joven y bonito al día siguiente. Estuvo toda la noche solo. Atado a su dique, acompañado por el reflejo de la luna sobre el espejo del agua, entre la selva de zarzas y adelfas que vigilan el manso Guadalquivir desde sus orillas. Pero a la mañana siguiente, el comprador no se presentó. El Carbea II amaneció entre el frío y los vapores de la mañana. El olor a churros y café del domingo se esparcía por todo el cauce del río.
Los últimos crápulas abandonaban sus tugurios nocturnos y se prestaban al descanso. Cuatro años en dique seco y el día que va a navegar por fin, la persona que iba a darle una nueva vida se echó atrás en el último momento. Pero él permanecía allí, en el lecho del Guadalquivir, aquella precisa mañana, como el perro que espera a que su amo lo saque a pasear.
Consuelo, en compañía de su amigo Raimundo, ante la ausencia inesperada del comprador, en lugar de sacarlo del agua y devolverlo a su dique seco, deciden probar su motor, reparado recientemente, navegando a favor de la corriente hasta la cercana Coria. Sin embargo, se produce un nuevo cambio de planes. Raimundo propone a Consuelo navegar contra corriente, así, en caso de avería, sería el propio río el que los llevaría de regreso hasta el muelle. ¿Casualidades de la vida?Poco después, mientras el Carbea II navegaba a poca velocidad para no forzar el motor, un helicóptero con cinco personas dentro, que inexplicablemente volaba bajo y siguiendo el cauce del río, se precipitó contra el agua a doscientos metros de él. No había ningún barco más allí aquella mañana. Rápidamente el Carbea II y sus dos tripulantes pasaron a la acción. Recogieron del agua a Roberto, que tenía un golpe en la cabeza, después, a punto de desfallecer, a Manuel, y a Lucio, que tenía un brazo roto, e inmediatamente al piloto de la aeronave, José Enrique, que a pesar de tener las dos piernas fracturadas consiguió mantenerse a flote. Y ya no pudieron hacer más. En un instante de sus vidas habían salvado otras cuatro.Aquella mañana, Consuelo se había levantado con la intención de vender su barco: el Carbea II, por suerte, el destino quiso que la venta no llegara a consumarse. Cuatro años antes Consuelo lo había comprado, sin saberlo, para que fuese esa mañana su mañana, la mañana del Carbea II, o deberíamos llamarle mejor El Ángel del Guadalquivir.

© Leopoldo F. Espínola Guzmán. Alanís
Diario ABC (22-11-2004)

domingo, 28 de septiembre de 2008

El sentido de los domingos

La Casa Lis (Salamanca)
La madrugada del sábado duermo poco, he salido y me he acostado a unas horas que para uno serán intempestivas y para otros celestiales, en este país solo existe o lo blanco o lo negro, ¿para cuándo un buen gris?
Uno no ha conseguido dormir todo lo que le hubiese gustado, por lo que se despierta intranquilo, apesadumbrado, falto de fuerzas…, en definitiva me falta algo. Me aproximo al frigorífico para ver si quedan alguno de esos botecitos minúsculos que contienen unos valiosos elecasei inmunitas, para unos son la “leche”, para otros un engaño más, y como no consigo coger ninguna de las botellitas, caigo en la cuenta de que es domingo, para mí el mejor día de la semana. Rápidamente me visto y aún con la cara sin lavar me dirijo a ver a mi quiosquera y a tomar mi ración de elecasei inmunitas, a 2 euros, mas barato que los originales y al menos a mi me producen un subidón impagable.
Empiezo por desvirgarla y voy sumergiéndome en cada una de sus secciones y adentrándome en todos sus recovecos. Voy sintiendo como si mi cuerpo se nivelará después de todo el gasto de la madrugada anterior. Poco a poco voy leyendo las opiniones de los colaboradores, la entrevista a Angels Barceló, el reportaje sobre el velo…. por cierto echo de menos a Millás, y como por arte de magia el domingo cobra todo un significado para mí. A 500 kilómetros de mi Sevilla natal, aquí en Salamanca, a los pies de la Casa Lis todos los domingos despiertan en mí el placer por la lectura, y pienso por un momento en la teoría esa de que entre una persona y otra de cualquier parte del mundo solo hay siete tipos de relaciones, ¿ cuántas personas se pasarán su domingo al igual que yo leyendo el país semanal?, da igual que sea en un pueblo de Teruel, en Zaragoza, en París o en Alanís de la Sierra, da igual que uno sea antropólogo, redactor jefe, gay, albañil, bombero, moro o negro, el país nos une y no nos separa, aunque algunos ya lo quisieran. Empiezo otro domingo, que os aproveche.

© Arturo Fernández Diéguez.

“El País Semanal”, domingo 2 de marzo de 2008.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Alanís entre la memoria histórica y el Cine Vasco

(Esta fotografía es meramente decorativa)


Alanís de la Sierra (Sevilla): El rescate de un drama de 1937
Las excavaciones en el cementerio de Alanís de la Sierra, por las que la sociedad científica Aranzadi intenta localizar los cuerpos de 57 presos vascos, muertos en un accidente de tren ocurrido allí en 1937, acaban de empezar. Fue un episodio silenciado de la Guerra Civil.
Los trabajos, que comenzaron el pasado día 17, arrojaron tres días después los primeros indicios del paradero de los cuerpos, que reclaman un grupo de familiares. Todo indica que se encuentran bajo el cementerio del pueblo, donde los mayores del lugar recuerdan haber presenciado de niños su inhumación.
El equipo de Aranzadi sabe tras cuatro años de trabajo documental previo que 32 de ellos fueron sepultados identificados y 25 irreconocibles tras el siniestro, ocurrido la medianoche del 19 de noviembre de 1937 al chocar el tren de los presos, todos ellos soldados leales a la República Española capturados por los franquistas tras el hundimiento del frente Norte y conducidos a Sevilla para realizar trabajos forzados.
Más de 70 años después el equipo que forman Jimi Jiménez, Sara Gálvez, Daniela Leiva, Encarna Valdivielso, Miguel Lorente y Carmen Pérez cree haber encontrado los primeros indicios del paradero de estos soldados. Las pistas bajo el suelo del camposanto señalan una probable fosa común debajo de enterramientos más modernos.
Este equipo trabaja contrarreloj. Si los indicios –una serie de marcas y de cambios de color de la tierra imposibles de entender por un no especialista– no se concretan esta semana, no les llegarán los fondos –la subvención del Ministerio de Presidencia con la que cuentan es de 50.000 euros– para terminar el trabajo y tendrán que abandonar. Por eso trabajan de sol a sol.
Hasta que el pasado martes al mediodía no hallaron las primeras pistas este grupo de especialistas forenses, arqueológicos y antropológicos excavaban cabizbajos. El alquiler de la maquinaria y, sobre todo, el coste de las pruebas de ADN (250 euros cada una) para poner nombre y apellido a huesos tanto tiempo anónimos encarecen la recuperación de la memoria histórica.
Quizá porque los muertos no son de la Sierra Norte, la reacción de la gente con estos expertos –todos ellos muy jóvenes e intentando doctorarse– es de curiosidad y simpatía. Los fallecidos que buscan, si finalmente están en el cementerio, los distinguirán del resto de huesos bajo el suelo por la complexión de los esqueletos: todos eran varones jóvenes, precisamente lo que no abunda en un camposanto.
La muerte les llegó cuando estaban a punto de acabar su viaje a la fuerza por la España sublevada. Todos los presos eran lo que le faltaba a los rebeldes: trabajadores cualificados. Y su destino, el Parque de Recuperación de Automóviles de la capital hispalense, donde les esperaba un trabajo forzado al que nunca llegaron a incorporarse.
Las causas del accidente de tren están poco claras. La prensa de la época minimizó el suceso pese a que perecieron unas 80 personas, entre presos, maquinistas, guardianes… Y aunque el impacto quedó grabado en los niños –hoy ancianos– de este pueblo de la Sierra Norte, no hay apenas rastros de la investigación que efectuó el ejército y que el Boletín Oficial de la Provincia (BOP) concluyó oficialmente en 1943.
En esas conclusiones se habla de un fallo humano –los maquinistas no podían defenderse porque murieron en el acto– pero expedientes militares anteriores también le echan la culpa a los frenos del convoy.
En todo caso, en el pueblo existe la leyenda urbana de que fue un sabotaje, lo que ven poco probable estos investigadores tras cuatro años de bucear en los archivos: “Pese a que el suceso no se destacó en la prensa franquista, no tiene mucho sentido un sabotaje republicano contra presos suyos”. Y tampoco la prensa del lado republicano destacó que la tragedia fuera una respuesta de guerrilla a Francisco Franco.
No es el único enterramiento relacionado con la Guerra Civil en Sevilla. En la comunidad autónoma la Junta de Andalucía ha inventariado unas 80 fosas comunes, pero los expertos están convencidos de que aparecerán casi una por cada pueblo sólo en Sevilla. También destacan que la cantidad de cuerpos en las fosas comunes de Andalucía es mayor que en otras comunidades autónomas, lo que hablaría de que la represión se efectuó con más saña. “Y todavía hay aquí miedo en el mundo rural, cuando en el norte de España hay fosas comunes excavadas desde los años 70 del siglo pasado”, cuentan.
El equipo ya estuvo trabajando hasta hace muy poco en La Puebla de Cazalla, hasta que la subvención de 40.000 euros se les agotó y tuvieron que aparcar sus tareas en el lugar, donde encontraron muchos más cuerpos de los que esperaban, a una profundidad inaudita –más de cuatro metros– y todos volcados unos sobre otros, directamente arrojados desde un camión. Les reconcome no poder devolverles el nombre.



Correo de Andalucía /Francisco Veiga/ 26/05/2008

«Estamos acostumbrados a irrumpir en pueblos y despertar viejos fantasmas»

Sabin Egilior
Director del documental «El largo viaje»
Un hecho real ocurrido tras la Guerra Civil en el pueblo sevillano de Alanis de la Sierra, donde murieron en un tren alrededor de cincuenta prisioneros, muchos de ellos vascos, es el punto de partida de «El largo viaje», un nuevo largo documental del realizador vasco Sabin Egilior en el que vuelve a indagar sobre la memoria histórica.
Txema GARCIA BILBO
La Guerra Civil ha acabado y medio millón de prisioneros están repartidos por más de cien centros de reclusión por todo el territorio del Estado español. Se realizan miles de traslados en tren. En uno de ellos, más de cincuenta prisioneros, la mayoría de ellos vascos, mueren en Alanis de la Sierra (Sevilla). De este hecho surge «El largo viaje», un largo documental dirigido por el realizador Sabin Egilior.

¿Cómo se gesta este largometraje documental?

Empezamos a investigar en 2005, dentro del proyecto sobre desaparecidos durante la Guerra Civil que desarrollamos desde la Sociedad Aranzadi. Nos desplazamos al lugar de los hechos y recopilamos la poca documentación que había. La investigación fue apasionante, pero quedaron muchas incógnitas sin resolver. La primavera pasada, desde la productora Basque Films decidimos, partiendo del accidente concreto, tratar el tema general de los traslados de prisioneros, apenas trabajado por historiadores y expertos.

¿De qué documentos parte la película?

Documentación existe muy poca. Del accidente tan sólo hay un breve informe elaborado por la compañía. Hay información de accidentes que se produjeron en fechas cercanas y están perfectamente documentados, incluso con gráficos... pero del que nos ocupa, nada; es un asunto que se quiso ocultar. Por otro lado, en cuanto al tema general de los traslados de presos, teniendo en cuenta que hubo hasta 500.000 prisioneros repartidos por más de cien centros de reclusión por todo el territorio del Estado español y que cada preso pasó por una media de cuatro centros diferentes, eso significa que se llevaron a cabo miles y miles de traslados en trenes. Y de todo ello no hay ningún documento. Hasta el propio director de la fundación del ferrocarril se sorprendió de este vacío cuando fuimos a pedirle documentación.

¿Y en cuanto a testimonios?

En este ámbito hemos tenido algunas sorpresas: hemos encontrado un señor que sobrevivió al accidente. Esto es algo increíble, ya que, teniendo en cuenta que han pasado setenta años y que apenas sobrevivieron veinte personas, el hecho de que quede alguien vivo y que lo hayamos encontrado es una gran sorpresa; tiene 96 años. Y contamos, también, con testimonios de personas que sufrieron esos traslados. Otra de las sorpresas es que, cuando nos desplazamos al sur, el equipo de producción dio con el hijo del maquinista del tren que estaba estacionado (contra el que chocó) y nos contó lo que su padre le relató. Estos testimonios complementan los pocos datos objetivos que hay.

¿Cómo se hacían esos traslados de prisioneros?

En trenes de mercancías y en condiciones infrahumanas. Pasaban hasta una semana en el interior del vagón sin poder tumbarse, sin comer ni beber, orinando por un hueco...

¿En qué medida esa escasez de información limitaba las posibilidad de recuperar esta historia?

La escasez de información y documentación lo que hace es condicionar el tratamiento. En mi anterior documental, «Tras un largo silencio», renuncié a utilizar imágenes de archivo, entre otras cosas porque no existen documentos ni mucho menos fotos de aquellos hechos terribles (paseos, sacas, ejecuciones...) y no quería utilizar imágenes genéricas que ilustraran lo que se contaba, matando así la imaginación del espectador. Por ello usamos de manera complementaria al testigo, sus recuerdos y los espacios o lugares. Con esos tres elementos construimos el relato. En «El largo viaje» nos encontramos con que del accidente no hay ninguna foto, tan sólo un informe muy flojo y de los traslados de presos en general no hay ni informes, ni documentos... Además, de la vida dentro de los campos de concentración, todas las fotos que he visto (a excepción de una) son propagandísticas: prisioneros bien formados, aseados, comiendo con la mesa llena de alimentos, haciendo gimnasia... todas realizadas lógicamente con la perspectiva de los represores. Ahora bien, si te fijas bien, encuentras miradas, gestos, expresiones... que manifiestan las terribles condiciones en las que se encontraban. No nos queda más remedio que atinar con ello porque, en esta ocasión, sí quiero sacar imágenes de archivo, ya que una de ellas (la de la excepción) es la que me impulsó a abordar las miserias de los campos.

¿Qué muestra esa foto?

No tiene ninguna diferencia con las que conocemos de los campos de exterminio de los nazis; es igual de escalofriante. En cualquier caso, en el tema de la documentación, la pueden quemar, hacer desaparecer, esconder... pero con lo que no pudieron ni podrán acabar es con el recuerdo, eso no se ha borrado, y ahora grabado, quedará para siempre registrado.

Accidente o atentado. ¿Nunca se sabrá lo que ocurrió?

Los familiares siempre han pensado que se trataba de un sabotaje. En el documental ponemos toda la información en manos del espectador y será él quien saque sus propias conclusiones. No es una estrategia narrativa, sino querer ajustarnos a lo que la realidad ha dado de sí.

¿Cómo han reaccionado las familias de los prisioneros vascos que iban en aquel tren?

Están muy emocionados y decididos a terminar aquel largo viaje que no pudieron acabar los suyos. Su recorrido terminará con los cuerpos en casa, identificados y enterrados dignamente.
"No tenía ni idea del sufrimiento que se escondía en muchos hogares"
Parece ser que en abril se va a realizar por parte de la Sociedad de Ciencias Aranzadi la exhumación de los cuerpos...
Efectivamente, el siguiente paso que se va a llevar a cabo será la exhumación de los restos y este trabajo que empezó Aranzadi en 2005, lo culminará después de Semana Santa. Hasta allí se desplazará un equipo de técnicos para desarrollar el trabajo y también irán los familiares de los prisioneros.

¿En qué punto se encuentra el rodaje?

Nos falta rodar el 10% en Bizkaia y Gipuzkoa.

¿Cómo lo ha acogido la población del lugar donde ocurrieron los hechos?

Con sorpresa, sobre todo por el hecho de que un grupo de familiares se desplacen mil kilómetros para intentar recuperar los restos de aquel accidente. Por parte del equipo de rodaje nos enfrentamos a algo a lo que ya estamos acostumbrados; es decir, a irrumpir en pueblos y despertar viejos fantasmas. Algunos nos miran con caras raras y de incredulidad pero, por lo general, en Alanis nos han acogido muy bien, tanto por parte de la gente del pueblo como del propio Ayuntamiento.

¿Para cuándo está prevista la exhibición de este largo?

A partir de mayo ya estará listo. En principio, se hará por televisión y en algún acto y proyección especial. Teniendo en cuenta que la historia se desarrolla en Euskadi y Andalucía, lo más probable es que sean ETB y Canal Sur quienes lo emitan.

¿Afrontar esta cuestión, qué le ha supuesto como director?

Cuando comencé con esto hace seis años no tenía ni idea que cerca de mi casa o al lado de un camino por el que transitaba habitualmente podía haber una fosa común. No tenía ni idea del sufrimiento que se escondía en muchos hogares. Esta ignorancia hizo que me pusiera a recabar a contrarreloj toda la información posible, a tirarme de los pelos por no haberme puesto antes a ello y, por ejemplo, haber grabado el testimonio de mis propios abuelos... Como profesionales del medio audiovisual, tenemos la responsabilidad de socializar este tema a través de documentales.

¿Seguirá con la memoria histórica?

La memoria histórica no atañe sólo a la Guerra Civil. En este sentido, me interesa mucho el tema de la construcción de la memoria, y a ello estoy dedicando también mi tesis doctoral. En cuanto a cine, sí que seguiré con la memoria histórica pero referida a otros periodos. Creo que el hecho de abordar desde el presente relatos de nuestro pasado es una tarea apasionante.

DIARIO GARA 22/02/2008

Más sobre la Guerra Civil en Alanís y la Sierra Norte de Svilla en:
http://es.geocities.com/eustaquio5/sierramorena1.html

martes, 26 de agosto de 2008

Necesitamos que nos lean


Todos los años por estas fechas, los que como yo, son aficionados a escribir, bien sea poesía, o bien historias con forma de relato, o también artículos de investigación sobre las muestras de arte histórico en Alanís, o bien, cualquier otro tema con la escritura como forma de expresión; con motivo de la publicación anual de la Revista de Feria y Fiestas, tienen la oportunidad de ser leídos, de mostrar a todos los alanisenses su pasión y el trabajo que realizan con el único fin de gustar, informar, entretener...

Pero..., una revista es muy poco espacio para tanta imaginación como vierten nuestros silencios de un año entero, nuestra nostalgia, nuestros recuerdos..., nuestros deseos.

Nuestras palabras buscan la luz y los ojos, que deslizándose sobre ellas, sepan extraer y aprovechar lo mejor, como si de una fruta fresca se tratara. Necesitamos que la sociedad nos lea, y la sociedad necesita leer para no caer en la necedad y la incultura.

Por eso, ante la calidad de los textos que aparecen en esta revista anual, no sólo la de este año, sino que ya desde que se empezaran a imprimir "Allá por el verano de 1952..." (como escribe nuestro paisano Ernesto Delgado Contreras en la del año 2005, en su artículo "Alanís en la historia y el recuerdo") me viene a la cabeza la posibilidad de crear una publicación, en principio trimestral, en papel impreso en la que poder publicar, sin necesidad de tener que esperar un año, junto con todos los que estén dispuestos a colaborar con su trabajo literario o el de familiares que, por circunstancias de la vida o de la muerte, ya no se encuentren entre nosotros, pero que sí dejaron sus poemas, sus cartas de amor, sus cuentos..., cualquier cosa digna de ser leída y disfrutada por cualquiera.

Pero no queda ahí este proyecto. También puede nacer, con el tiempo, la posibilidad de editar un libro con una antología de autores locales e incluso la posibilidad de crear un Premio Literario de edición anual en Alanís. Sólo hace falta un poco de colaboración y no es económica. Sólo es necesario tener un correo electrónico y saber usarlo.

Para empezar, sirva este blog como lugar de encuentro, y como una primera recopilación de algunos trabajos que, yo personalmente, a falta aún de los que quieran colaborar, gestionaré.

Espero tus aportaciones, textos, fotos, poemas, cartas, dibujos, comentarios... envíalos a legalanis@gmail.com, junto con los datos que te pido en la columna de la derecha.

Vamos, anímate. Este es, sin duda, un buen lugar para darte a conocer y un buen proyecto para divulgar la cultura y el arte de escribir en nuestro querido Alanís.

Recibe un saludo de tu amigo y paisano:



Leopoldo F. Espínola Guzmán