viernes, 23 de septiembre de 2016

PRONTO LA ESTELA II, EN ALANÍS

 
   Falta escasamente un mes para que se cumpla el primer año desde que el proyecto Estelas se materializara en Cazalla de la Sierra. La Estela nº 1, que aquel día lucía metálica y nueva, ahora es un chapón oxidado con forma de escudo, integrado perfectamente en su entorno del parque de los Morales, como si toda la vida hubiese estado allí plantado.

     A pesar del óxido, premeditado por el creador del diseño, Abraham Parrón, sigue perfectamente legible el poema de Práxedes Ortiz, "Soliloquio del bosque", que introduce en el paisaje a cualquiera que frente a la Estela se pare a leer sus versos.

     Este es el objetivo de este proyecto. Conseguir que con la lectura del poema, el visitante se sienta por un momento parte del paisaje para el que fue escrito. Después, y mediante una aplicación para móviles, todos los municipios que coloquen sus Estelas, y que se vayan adhiriendo a este proyecto, estarán conectados por las coordenadas GPS de cada monolito, tejiéndose una ilimitada red de poesía por toda la geografía.

     El próximo día 9 de octubre, a las 13:00 horas, en la explanada delantera de la ermita de San Juan de Alanís, este proyecto inaugurará su Estela nº 2. Todo gracias a la determinación del Ayuntamiento de Alanís, que fue el primero en aprobar en pleno su respaldo a esta iniciativa, y gracias, sobre todo, a la actuación decidida de la actual corporación, con la Alcaldesa Eva Ruiz al frente.


   En los próximos días se ampliarán los datos acerca de este evento.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Agosto, todavía...

Agosto yace aún amarillo en el campo,
aún, los lechos ya del alto septiembre:
pardos lomos lanares, polvorientas las vegas…

Aún yace, y el asfalto del pasado en tus pies,
pedernal que prende tu ansiado verso,
como quema el pasto las copas verdes
de cartón sin niebla aún de la dehesa.

¿Para cuándo el cierzo, su lluvia clara?

¿Para cuándo el rumor, la voz que brinda
su don de palabras contra el desierto?

Leopoldo Espínola

lunes, 18 de julio de 2016

Adiós, Chimisay

El Sol, la fiesta y la caridad de la gente, motivada por el -ya tradicional también- embarque de la Virgen Chiquita, han llenado de gente el último cartucho con el que el insigne y viejo muelle pesquero del Puerto de la Cruz despide sus Fiestas de Julio en honor al Gran Poder de Dios y a la Virgen del Carmen.

Buscando un sitio en el que, junto a una cerveza fresquita, esperar la hora en que navegue la Madre de todos los pescadores por las oscuras aguas del Atlántico en estas tropicales latitudes, perseguí a la brisa trepando desde la negra y poblada playa hasta unos veladores a la sombra de antiguas casas canarias en la calle San Juan.

Acomodado y servido, contemplo tristemente ante mí la taquilla clausurada del viejo cine Chimisay, como un nicho sin flores, sin lápida que explique cuántos recuerdos quedaron tapiados en sus salas… Por no hablar de los empleos.

Me acompaña Manolito. Pocos conocen como él los proyectores ahora apagados y polvorientos del viejo cine. Él fue uno de los que perdió su puesto de trabajo al poco de que en el Valle de la Orotava apareciese el gigantesco Trompo que, girando como un terrible tornado de ocio y comodidades, de cines multisalas a precios desorbitados, atrajo hacia su núcleo aquella clientela que hasta entonces había permitido la vida de los cines Chimisay y Timanfaya; y con ellos, la de los negocios aledaños y céntricos del Puerto que recogían sus frutos en la espera de los espectadores.

Pero con este cierre no solo se detuvo el tiempo en sus butacas hoy permanentemente plegadas. También se detuvo una forma de vivir el ocio en el Puerto de la Cruz. El séptimo arte daba a la Ciudad Turística una diversidad cultural que no ha logrado mantener con sus multicines el Centro Comercial La Villa. Una cultura que no está precisamente en auge en nuestra sociedad, y que con el final de aquella película dejaba a la ciudad culturalmente mutilada para los restos. Existe un turismo y una parte de la población cinéfilo en el Puerto que no tiene coche, o que le resulta difícil desplazarse en guagua hasta Las Arenas para ver una película a granel, en una sala industrial negra, con paredes enmoquetadas de noche y ácaros, que una vez dentro de ella no sabes si estás en el Nervión Plaza de Sevilla, o en La Villa de la Orotava.  

Y digo yo que si, además de un embarque de la Virgen del Carmen el segundo martes de julio que recibe en esta ciudad la visita de miles de personas, existe días después un segundo embarque, el de la Virgen Chiquita, que también reúne una cantidad importante de público en el Muelle, y ambos embarques conviven y se mantienen en el tiempo; ¿por qué no puede existir una sala pequeña que sea rentable –no digo tres, ni cuatro, digo una-, como puede ser la principal del Chimisay que, sin ser competidora de los cines Yelmo, rellene el espacio cultural que quedó vacante con aquel cierre en el Puerto?

Todas las esperanzas se me van con la brisa hacia las lejanas copas de las palmeras, cuando me comenta mi amigo que el edificio cerrado espera un período legal preciso para un cambio en el tipo de licencia de apertura. Lo que significa que muy probablemente quedará borrada toda posibilidad de volver a ver, no ya un estreno, síno cualquier filme, hasta aquellos buenos, bonitos y baratos de los que pudieron verse en pantalla grande en los inolvidables Ciclos de Cine de los martes en la pequeña Sala 3 del Cine Chimisay.

Leopoldo Espínola